El quincho puede funcionar como una extensión de la casa, un espacio para reunirse con amigos, mirar un partido, cocinar, comer o simplemente pasar un rato. La clave está en pensar qué uso se le quiere dar y diseñarlo a partir de ahí.
Tres proyectos publicados por Revista Living muestran distintas maneras de resolverlo. En uno, la prioridad fue abrir el ambiente hacia el verde; en otro, convertirlo en un espacio independiente y equipado; en el tercero, la solución apareció debajo de la casa para no resignar jardín.
1. Abrir el quincho hacia el jardín

En una casa ubicada en un barrio privado de Hudson, los propietarios querían sumar un quincho pero sin perder el vínculo con el entorno. El proyecto estuvo a cargo de los arquitectos Facundo Salsa y Eleonora Vasiliadis, de Estudio Mastres, que trabajaron sobre una vivienda que ya tenía buenas visuales hacia el campo de golf.
El quincho tiene 25 m² y fue pensado como un ambiente independiente pero conectado con la casa. Uno de los desafíos principales fue integrarlo con la galería semicubierta y el sector de la parrilla. Para conseguirlo, los arquitectos eligieron carpinterías tipo abanico en PVC que permiten abrir completamente el ambiente.

La idea resulta especialmente interesante para quienes quieren que el quincho pueda cambiar según el momento: cerrado cuando hace frío o hay mal tiempo, y completamente abierto cuando se busca aprovechar el jardín.
Las visuales fueron, de hecho, uno de los puntos de partida del proyecto. También se incorporaron toldos automatizados para proteger el ambiente del sol y un cerco de vidrio que permite mantener la conexión visual con el jardín.
El resultado se aleja además de la estética tradicional del quincho rústico. Los propietarios buscaban un espacio elegante y cálido, con un área de descanso con TV y sillones y un comedor. En este ambiente se incorporó mobiliario diseñado a medida y se utilizaron empapelados tipo lino para sumar textura y calidez.

La idea para copiar: si tenés jardín o galería, pensá el quincho como una transición entre interior y exterior. Las aberturas amplias pueden hacer que un ambiente relativamente chico se sienta mucho más conectado con el afuera.
2. Diseñarlo como una segunda casa para recibir

En Canning, Natalia y Ariel querían que cada ambiente de su casa tuviera una función clara. El quincho quedó reservado para Ariel y sus reuniones con amigos. El interiorismo estuvo a cargo de Malena Joffé, creadora de Malé, quien diseñó un espacio pensado para cocinar, preparar tragos, mirar partidos y recibir sin alterar la dinámica cotidiana del resto de la casa.
El ambiente funciona como un verdadero anexo de la vivienda. Tiene comedor, living, barra y baño, además de parrilla, horno a leña, heladera y sector de lavado. La intención fue que quienes estuvieran reunidos pudieran resolver allí buena parte de las necesidades sin tener que entrar y salir de la cocina principal.
Para Joffé, el diseño de un quincho tiene que responder a tres características: ser atemporal, armónico y funcional. También considera fundamental elegir materiales resistentes y duraderos, porque se trata de un ambiente destinado a reuniones y encuentros.

En este proyecto, esa premisa aparece en detalles como las mesadas de granito negro, un material resistente y de bajo mantenimiento, y en los géneros lavables. También se incorporó un sillón modular que puede reacomodarse según la cantidad de personas o el tipo de reunión.
La madera kiri, utilizada en paredes y techo, aporta calidez y ayuda a que el ambiente tenga una identidad propia.
La idea para copiar: antes de elegir colores o materiales, pensar cómo se va a usar el quincho. Si la intención es recibir gente, puede ser más importante contar con buen espacio de guardado, una barra, una bacha, una heladera o muebles fáciles de mover que sumar elementos puramente decorativos.
3. Un quincho debajo de la casa para no perder el jardín

La tercera propuesta parte de un problema diferente. Los dueños querían un quincho amplio para reuniones sociales, pero no estaban dispuestos a sacrificar el jardín. La solución fue llevarlo al subsuelo.
El proyecto estuvo a cargo del arquitecto Esteban Fallone y la diseñadora de interiores Jimena Marrano, responsables de Fallone Studio. El quincho, de casi 200 m², ocupa el espacio debajo de la casa e incluye cocina, parrilla, bar, vinoteca y sectores de reunión.

La idea surgió a partir de una charla entre los propietarios y Fallone. El estudio ya había realizado un quincho en el subsuelo de otra casa del mismo barrio y eso permitió demostrar que la alternativa era posible.
Uno de los recursos más interesantes del proyecto fue la incorporación de un patio inglés para llevar luz al nivel inferior. Desde el jardín, una escalera metálica conduce hacia ese espacio, y los grandes ventanales permiten que, cuando el clima acompaña, el living se integre con el exterior.

También se trabajó con la flexibilidad. La mesa de petiribí puede dividirse en dos o moverse para liberar espacio, mientras que el sillón está compuesto por módulos que permiten diferentes configuraciones. Para Fallone y Marrano, uno de los desafíos centrales era que el espacio pudiera adaptarse a las necesidades de toda la familia.

La idea para copiar: cuando el terreno no permite crecer hacia afuera, mirar hacia abajo. Un subsuelo, un desnivel o un sector poco aprovechado pueden convertirse en una oportunidad para sumar metros sin resignar superficie verde.

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