El poder de la pausa: por qué es clave poder frenar

En un mundo donde reina la presión por la inmediatez, la habilidad de parar y de frenar el ritmo vertiginoso se volvió una necesidad en nuestras vidas cotidianas. A continuación, algunos consejos para ponerla en práctica.


El poder creativo de la pausa.

El poder creativo de la pausa. - Créditos: Getty.



La obsesión por el hacer, por tener nuestras agendas a tope hasta incluso en época de vacaciones no tiene límite, haciendo que las personas no puedan soltar la rutina para conectarse con lo que están viviendo. Todo va cada vez más rápido: escuchamos los audios a máxima velocidad, salimos a correr escuchando podcast, chequeamos el celular cientos de veces por día, estamos reunidos con personas y nos perdemos en las redes sociales, en vez de disfrutar de la presencia del encuentro humano. Estamos constantemente pensando en algo diferente a lo que estamos haciendo, perdiéndonos de ser dueños de nuestra atención de nuestros pensamientos, elecciones y emociones.

Dice Robert Poynton, autor del libro “Pausa, no eres una lista de tareas pendientes”: “estar siempre disponible, se convierte en algo de lo que alardear o a lo que aspirar. Si queremos que nos pase otra cosa tenemos que hacer una pausa”. Muchas veces nos preguntamos: ¿cómo vamos a parar con todo lo que tenemos para hacer? Y además tenemos un sesgo de considerar como negativo que las personas decidan frenar.

Y, ¿qué pasa si no hacemos nada?, ¿qué pasa si nos aburrimos?, ¿qué pasa si le damos espacio al descanso, al silencio y a estar en contacto con nosotros mismos? Dejar de hacer para ser, dejar de producir y de lograr para regalarnos esos espacios de conexión y de quietud física, mental y emocional. La pausa viene de adentro y la mayoría de las veces es una elección personal aunque, a veces, también es impuesta.

¿En qué nos ayuda la pausa?

  • La pausa para frenar el piloto automático.

  • La pausa para poder registrarnos y registrar a nuestro entorno.

  • La pausa para comunicarnos con nosotros mismos y para entender cómo nos sentimos.

  • La pausa para pensar antes de actuar y para responder con conciencia, evitando así las respuestas impulsivas.

  • La pausa para descansar.

  • La pausa para ir más despacio y así poder tener más claridad mental.

  • La pausa para cuestionar nuestras prioridades y repensar objetivos.

  • La pausa para conocer nuestros factores estresores.

  • La pausa como puente para explorar lo que no es, pero que podría llegar a ser.

  • La pausa para re energizarnos.

  • La pausa para aprender a relacionarnos positivamente con nuestras distracciones.

  • La pausa que nos trae el silencio como un espacio fértil para que crezcan nuevas oportunidades.

  • La pausa como fuente de creatividad e inspiración.

  • La pausa para cuestionarnos el impacto de nuestras acciones.

  • La tan sagrada pausa, donde se encuentran tantas respuestas.

  • La pausa para responder con conciencia y foco.

Los invito a reflexionar, ¿qué queremos que nos pase?, ¿dónde, cómo y cuándo podríamos hacer más pausas?  Una vida sin altos no es saludable para nadie e influye profundamente en cómo nos sentimos y cómo nos relacionamos con los demás.  La manera en la que enfocamos nuestra atención puede ser fuente de equilibrio o de desequilibrio en nuestras vidas. Entonces, cuanto más dueño seamos de nuestra atención, tendremos un mayor grado de sensación de satisfacción vital. Y recordemos que, a donde vaya nuestra atención, ahí irán nuestras emociones y energía. Somos eso a lo que le prestamos atención.

La pausa y el silencio son amigos de las buenas reflexiones y decisiones. Aprendamos a frenar, no somos máquinas y si bien, a veces, vivimos como si lo fuéramos, dominados por la ansiedad del hacer, la pausa es lo que nos hace realmente humanos.

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