Hay diagnósticos que detienen el tiempo en un segundo. Así fue para Belén, la mamá de Francisco cuando, en abril de 2024, los dolores de cabeza y los vómitos recurrentes de su hijo de once años encendieron todas las alarmas. El diagnóstico de los médicos determinó lo que nadie quería escuchar: un germinoma en la región pineal del cerebro.
Para acompañarlo de cerca en las intervenciones y tratamientos, la familia tuvo que tomar una decisión drástica: dejar su provincia natal, Corrientes, y mudarse a Buenos Aires. Ese traslado implicó no solo enfrentar la incertidumbre médica, sino también la distancia familiar, ya que la hermana de Fran tuvo que quedarse en Corrientes.
"Como familia tuvimos que aprender a atravesar la distancia, la ausencia y la incertidumbre, intentando sostenernos unos a otros aun cuando no podíamos estar todos juntos", recuerda su Belén. Y agrega: "Como mamá, tuve que aprender a ser fuerte incluso en los momentos en los que sentía que me derrumbaba por dentro".

La metáfora del "granito"
Durante meses de quimioterapia, los papás de Francisco tomaron una decisión de cuidado emocional: no pronunciar la palabra cáncer frente a él.
"Esa palabra era demasiado fuerte; no sabía cómo podía tomarla un nene de 11 años ni cómo explicársela sin asustarlo. Entonces elegimos decirle que tenía un granito adentro de la cabeza", detalla ella. Le explicaban cada etapa, los procedimientos y la medicina, pero protegiendo su mirada infantil.
La quimioterapia dio una respuesta completa. Y el último día de ese tratamiento coincidió con una fecha sagrada para la familia: el cumpleaños de su mamá. "Lo sentí como un regalo de Dios; en medio de una etapa tan difícil, recibir esa noticia en un día tan especial fue algo que viví con una emoción inmensa", evoca.
Al finalizar la quimio y antes de pasar a la fase de radioterapia, el oncólogo de Fran fue quien le dio la noticia de frente:
—Fran, tuviste cáncer.
La respuesta del chico de 13 años conmovió a todos los médicos presentes:
¡Uh, qué capo que soy, ya me curé!
Francisco Harvey
El viaje a Bariloche: patinaje y chocolate caliente en familia

Con el alta del tratamiento intensivo, una pediatra del instituto FLENI les habló de Make-A-Wish® Argentina. Dos meses después de entrevistarlo, la fundación confirmó la noticia: habían encontrado un padrino mágico (Pancho) para cumplir el mayor anhelo de Francisco: conocer la nieve.
El viaje a Bariloche no fue solo una excursión turística; fue un bálsamo de reconexión tras meses entre salas de espera e ingresos hospitalarios. Francisco conoció la nieve, disfrutó de una tarde especial de chocolatada y churros, y hasta debutó patinando sobre hielo.
"Fran disfrutó muchísimo, no solo por la nieve, sino por todo lo que vivimos juntos. Mientras recorríamos los paisajes me decía: 'Mamá, los paisajes son hermosos, me encanta todo'. Esas palabras, su cara de felicidad y verlo disfrutar sin que todo girara alrededor de una enfermedad son recuerdos que voy a guardar para siempre", expresa su mamá.
La "terapia del deseo" y el proceso de sanación familiar

Hoy, Francisco continúa con sus controles médicos cada cuatro meses con excelentes resultados y con la perspectiva cercana de que le retiren el port-a-cath (el catéter subcutáneo). Sin embargo, su historia pone sobre la mesa un tema del que se habla poco: el impacto emocional en los cuidadores y las madres tras el alta médica.
"Cuando te dicen que el tratamiento funcionó, pareciera que tenés que volver a la normalidad, pero por dentro no siempre es así. Hay días en los que me pregunto por qué le tocó a él. Miedos que no desaparecen de un día para el otro", confiesa.
Es en ese punto donde el trabajo de Make-A-Wish cobra un valor transformador. Cumplir un deseo no es un lujo superficial: es una herramienta que devuelve la ilusión, reduce la ansiedad del trauma médico y genera recuerdos positivos que fortalecen el bienestar de toda la familia para afrontar los controles futuros.
"Cuando te dicen que el tratamiento funcionó, pareciera que tenés que volver a la normalidad, pero por dentro no siempre es así. Hay días en los que me pregunto por qué le tocó a él. Miedos que no desaparecen de un día para el otro".
Belén, mamá de Francisco Harvey
Un mensaje de esperanza y una carta al valiente de la casa
Para cerrar su relato, la mamá de Fran eligió dejar una reflexión para la sociedad y unas palabras directas para su hijo:
"Un deseo puede parecer algo sencillo desde afuera, pero para una familia puede significar muchísimo. El viaje nos regaló tiempo juntos, risas y la posibilidad de disfrutar. Nuestra historia no es solo la historia de una enfermedad; es la historia de la fuerza de Fran, de nuestra fe y de todas las personas que nos ayudaron a seguir creyendo".
Y concluye con una dedicatoria para su hijo: "Fran, si hay algo que me enseñaste en todo este camino es que la valentía no siempre significa no tener miedo, sino seguir adelante a pesar de él. Muchas veces, en los controles médicos, sos vos quien me mira y me dice: 'Mamá, va a estar todo bien'. Gracias, hijo, por recordarme, incluso en mis días de miedo, que siempre hay motivos para confiar".
