Con la llegada de la primavera, los días más largos invitan a organizar comidas con amigos, reuniones familiares y encuentros improvisados en casa. Y hay un clásico que nunca falla cuando se trata de compartir alrededor de la mesa: la pizza. Versátil, fácil de adaptar a distintos gustos y con infinitas combinaciones posibles, permite jugar con las masas, los ingredientes y las técnicas de cocción para conseguir resultados muy diferentes. Aunque muchas variedades comparten ingredientes básicos como harina, levadura, salsa de tomate y queso, cada estilo tiene sus particularidades. Algunas se distinguen por sus bordes altos y aireados; otras, por una base fina y crocante o por una masa más gruesa y esponjosa.
Por otro lado, la temperatura del horno, el tiempo de cocción, la fermentación y el recipiente elegido son factores fundamentales para conseguir la textura ideal de la masa de pizza. Por eso, a continuación, te contamos cuáles son los cinco estilos más pedidos, sus características y los secretos que conviene tener en cuenta para preparar cada uno.
1. Pizza napolitana: bordes aireados y cocción a alta temperatura
Originaria de Nápoles, Italia, la pizza napolitana es una de las variedades más reconocidas del mundo. Su principal característica es el contraste entre el centro fino y flexible y los bordes altos, livianos y aireados, conocidos como cornicione. Durante la cocción, estos últimos desarrollan pequeñas manchas tostadas que aportan sabor y una apariencia característica.

¿Cuál es el secreto para prepararla en casa? La clave está en combinar una masa bien fermentada con una cocción muy rápida a temperatura elevada. La fermentación ayuda a desarrollar el sabor y la estructura de la masa, mientras que el calor intenso permite que los bordes crezcan rápidamente y que el interior conserve su humedad. Por otro lado, para conseguir un buen resultado, conviene manipular la masa con cuidado y estirarla desde el centro hacia los bordes, sin aplastar el aire acumulado durante la fermentación. También es importante no excederse con la salsa ni con los ingredientes húmedos, para evitar que el centro quede demasiado mojado.
Mientras que los hornos domésticos convencionales suelen alcanzar temperaturas más bajas, los equipos diseñados para pizza permiten acercarse a las condiciones de cocción de este estilo. En este sentido, existen hornos especiales para este tipo de recetas que cuentan con un programa específico que permite preparar una pizza napolitana en aproximadamente tres minutos.
2. Pizza a la piedra: una base fina y crocante
Para quienes prefieren una pizza de masa fina, firme y con una base dorada, la cocción a la piedra es una de las alternativas más elegidas. La superficie refractaria retiene el calor y lo transfiere a la masa, lo que favorece una base más seca y crocante. A diferencia de otras variedades, en las que se busca una textura más tierna o esponjosa, en este estilo el objetivo es conseguir una base que tenga estructura y pueda sostener los ingredientes sin perder su firmeza. El resultado depende tanto de la masa como de la temperatura de la superficie sobre la que se cocina.

El secreto está en precalentar bien la piedra. Si se coloca la pizza sobre una superficie que todavía no alcanzó suficiente temperatura, la base puede tardar más en cocinarse y quedar blanda. También conviene distribuir la salsa y el queso de manera uniforme, sin sobrecargar la masa. Para trasladar la pizza al horno con mayor facilidad, se puede utilizar una pala ligeramente enharinada y trabajar con rapidez para que la masa no se pegue.
3. Pizza al molde: más alta, esponjosa y abundante
La pizza al molde es uno de los grandes clásicos de las pizzerías argentinas. Se caracteriza por su masa más gruesa, una miga tierna y aireada y una base que puede quedar dorada y ligeramente crocante. Su altura permite incorporar cantidades generosas de salsa, mozzarella y otros ingredientes, por lo que suele ser una opción ideal para compartir. A diferencia de las masas finas, esta variedad se prepara en una asadera o molde que contiene la masa y le permite crecer durante el levado. El aceite que se utiliza para engrasar el recipiente también contribuye a que la base se dore y adquiera una textura característica.

¿Cómo lograr una buena pizza al molde? Lo más importante es darle tiempo a la masa para levar y evitar estirarla de manera brusca. Una vez colocada en el recipiente, conviene dejarla descansar para que se relaje y pueda alcanzar el espesor deseado. También es fundamental controlar la cocción: como la masa es más gruesa, necesita tiempo suficiente para cocinarse por dentro sin que el queso o la superficie se doren en exceso.
Si se busca una pizza bien abundante, se puede distribuir la salsa sobre la masa y sumar la mozzarella y los ingredientes elegidos, teniendo en cuenta que una cantidad excesiva de humedad puede dificultar la cocción del centro.
4. Pizza tradicional: el equilibrio entre una masa tierna y una base dorada
La pizza tradicional es una de las opciones más versátiles para preparar en casa. Con un espesor intermedio, combina una base dorada con una miga suave y permite experimentar con ingredientes clásicos, como mozzarella, tomate y albahaca, o con combinaciones más originales. Su principal ventaja es que se adapta a distintos gustos y ocasiones. Puede prepararse con una cubierta sencilla para quienes prefieren los sabores clásicos o incorporar vegetales, quesos y otros ingredientes para crear diferentes versiones en una misma comida.

El secreto está en encontrar el punto justo de cocción. La masa debe cocinarse de manera uniforme, con una base que tenga suficiente firmeza y una superficie que conserve la humedad del queso y de los ingredientes. Para evitar que quede blanda, conviene escurrir los vegetales que desprenden mucha agua y no excederse con la salsa. También es importante distribuir los ingredientes de forma pareja para que todas las porciones se cocinen de manera similar.
5. Pizza estilo Nueva York: porciones grandes y una masa flexible
Popularizada por las pizzerías de Nueva York, esta variedad se reconoce por su gran tamaño, su masa relativamente fina y sus porciones triangulares, que suelen doblarse por la mitad para comerlas. A diferencia de la napolitana, que se distingue por sus bordes aireados y su cocción muy rápida, la pizza neoyorquina busca una base más firme, flexible y capaz de sostener una cubierta generosa. La masa suele tener una estructura que combina una base dorada con un interior tierno. La mozzarella y la salsa se distribuyen de manera uniforme, sin cubrir por completo el sabor de la masa, y las porciones se sirven en triángulos amplios.

¿Cuál es el secreto para conseguir esa textura? La fermentación, el estirado y el control de la humedad son fundamentales. Una masa bien desarrollada ayuda a obtener elasticidad, mientras que una cocción uniforme permite dorar la base sin resecarla. Además, conviene evitar una cantidad excesiva de salsa o ingredientes que desprendan agua, ya que pueden volver pesada la porción. Para reproducir este estilo en casa, también es importante dejar que la pizza repose unos instantes antes de cortarla, de modo que el queso se asiente y resulte más fácil servirla.
Un horno para explorar distintos estilos de pizza en casa
La variedad de masas, ingredientes y técnicas de cocción demuestra que no existe una única manera de preparar pizza. Para quienes disfrutan experimentar con diferentes recetas, contar con un equipo que permita ajustar la temperatura y el tiempo de cocción puede facilitar el proceso. En ese sentido, el horno FastPizza de Liliana Electrodomésticos reúne seis programas específicos: napolitana, a la piedra, al molde, tradicional, Nueva York y pizza congelada. Alcanza una temperatura máxima de 450 °C e incluye accesorios como una pala pizzera, un cortante para pizza, una rejilla, una piedra refractaria y una asadera.

Otra de sus funciones es el Modo Experto, pensado para las ocasiones en las que se preparan varias pizzas seguidas. Una vez seleccionado uno de los programas preestablecidos, permite mantener el horno funcionando de manera continua durante 30 minutos, sin necesidad de reiniciar el programa entre una preparación y otra. Durante ese período, el tiempo y la temperatura permanecen configurados automáticamente. Además de las funciones destinadas a la pizza, el equipo incorpora opciones de horno convencional, como grill, deshidratar, rostizar, asar, hornear y calentar. De esta manera, puede utilizarse para otras preparaciones cotidianas y no solo para las reuniones en las que la pizza es la protagonista.

Cambiar el tipo de masa, experimentar con una fermentación más prolongada o probar una técnica de cocción diferente puede transformar una receta conocida en una experiencia nueva. Con algunos cuidados y los ingredientes adecuados, preparar pizza en casa se convierte en una oportunidad para explorar sabores, compartir tareas en la cocina y disfrutar de una comida que siempre encuentra su lugar en la mesa.
Romina Salusso Digital Multimedia Content especialista en lifestyle, espectáculos y actualidad. Actualmente, es columnista de LN+ en MásNoticiasFindeSemana.


