Isha Judd llega a Buenos Aires con una propuesta que invita a mirar hacia adentro: aprender a estar presentes, bajar el ruido de la mente y recuperar la conexión con aquello que sentimos. Cantante, entrenadora de caballos y referente espiritual, creó el sistema de Unificación, una práctica que propone integrar mente, cuerpo y corazón para vivir con mayor conciencia y bienestar.
En esta entrevista con OHLALÁ!, habla sobre amor propio, emociones, control y la dificultad de estar presentes en un mundo atravesado por pantallas, estímulos y exigencias. También cuenta qué aprendió de su vínculo con los caballos y cómo esa conexión con el cuerpo y la naturaleza forma parte de su camino. Su invitación es sencilla, aunque no necesariamente fácil: dejar de buscar afuera aquello que, según plantea, podemos empezar a experimentar dentro nuestro.
- ¿De qué se trata el sistema de Unificación? Si tuvieras que explicárselo a alguien que nunca hizo una práctica espiritual, ¿cómo le contarías qué es y cómo se practica?
- La Unificación es algo muy simple: es aprender a volver al momento presente, a ir de la cabeza que nos acosa con su ruido constante al corazón que nos calma naturalmente, experimentando así el amor que ya vibra en nosotros.
Vivimos esperando que las circunstancias externas cambien, que otras personas nos amen, que las cosas salgan como queremos, y creemos que cuando todo resulte así nos sentiremos bien, seremos felices.
Lo que la Unificación y este sistema les enseñan es exactamente al revés: es aprender a estar bien aquí y en cada momento, independientemente de lo que esté sucediendo afuera.

Como funciona con los pensamientos y no peleando contra ellos, va transformando energéticamente y, a nivel vibratorio, creencias o pensamientos habituales basados en el miedo. Estos van perdiendo el poder de controlarte y van permitiendo pensar, sentir y hacer anclada en este presente, y no en la repetición automática de un pasado que solo necesita transformar miedo en amor.
Esto naturalmente va anclando más en el corazón y no en la mente, y unificando internamente contigo misma. Tu pensar, tu sentir y tu hacer en tu vida, absolutamente alineados, unificados energéticamente.
- Hablás de la necesidad de unir la cabeza y el corazón. ¿Cómo podemos reconocer en nuestra vida cotidiana que estamos viviendo demasiado desde la mente y desconectadas de lo que sentimos?
- La mente siempre está intentando encontrar una respuesta, controlar, analizar y anticipar, pues vive en pasado o futuro. El corazón simplemente experimenta en momento presente, aquí y ahora, vibrando más alto en su sentir, en su crear.
Cuando estamos viviendo demasiado desde la mente, normalmente estamos pensando en lo que ocurrió o en lo que podría ocurrir, estamos buscando seguridad.
El cuerpo nos lo muestra. Podemos sentir tensión, ansiedad, cansancio, una sensación de estar desconectadas de nosotras mismas cuando no estamos enfocadas en el ahora. En realidad, es una maestría a lograr, la de cultivar cada momento en nuestra totalidad.
No tenemos que luchar contra la mente para llegar al corazón. En esa batalla no podríamos vibrar en paz. Sin embargo, utilizando la Unificación, regresamos una y otra vez a nosotros, al corazón, y el hábito, el sendero automático de vivir todo desde la mente, comienza a ser menos transitado, y el anclarnos en el presente, en el corazón, más cultivado.
Es en este momento en el que la vida realmente está sucediendo. El cuerpo se siente, la respiración se siente, el latido se siente en este momento.
Simplemente comenzamos a regresar.
Y así, a medida que nuestra conciencia se expande, comenzamos a descubrir que el corazón y la mente no tienen que pelearse. La mente puede ser una herramienta maravillosa, pero no tiene que ser quien conduzca nuestra experiencia humana.
- En una época en la que estamos permanentemente estimuladas, informadas y conectadas, ¿por qué resulta tan difícil estar presentes?
- Porque hemos aprendido a buscar nuestra experiencia afuera.
Tenemos una pantalla, después otra pantalla, después un mensaje, una noticia, una opinión, una comparación... y nuestra atención está permanentemente siendo llevada hacia algo diferente de este momento.
Pero el presente nunca compite por nuestra atención. Está simplemente aquí.
El problema no es la tecnología. El problema es nuestra relación con ella.
Podemos utilizar un teléfono sin estar separados de nosotros mismos. Podemos trabajar, viajar, conversar, hacer mil cosas y seguir presentes.
La práctica consiste justamente en eso: no necesitamos retirarnos del mundo para encontrar paz. Necesitamos aprender a ser la conciencia en acción en el mundo.
- Muchas mujeres viven con la sensación de que siempre hay algo más que deberían hacer, resolver o mejorar. ¿De dónde viene esa necesidad de demostrar que somos suficientes?

- Viene de creer que no somos suficientes tal como somos para ser amadas, apreciadas. Crecimos con juicios y condicionamientos que nos proponen modelos para ganar atención, para obtener amor y, fundamentalmente, nadie nos ha enseñado a amarnos a nosotras mismas. Por el contrario, aprendimos que eso es egoísmo.
Entonces comenzamos a construir una identidad: tengo que ser más bella, más exitosa, más inteligente, mejor madre, mejor pareja, más productiva... y siempre aparece algo más.
Pero ¿quién decidió que no somos suficientes?
La mente crea una imagen de lo que deberíamos ser y después intenta alcanzar esa imagen. Y cuando finalmente llegamos, aparece otra.
La verdadera libertad comienza cuando dejamos de tratar de convertirnos en alguien y comenzamos a experimentar quiénes somos ahora.
No significa que dejemos de crecer o de hacer cosas. Al contrario. Podemos vivir, crear, trabajar, amar y alcanzar nuestros sueños, pero ya no desde la necesidad de demostrar nuestro valor.
No tenemos que ganarnos nuestro derecho a existir.
Ya estamos aquí. Ya somos.
- Decís que podemos observar nuestros pensamientos sin identificarnos con ellos. ¿Cómo se empieza a hacer eso cuando la mente está acelerada o atrapada en pensamientos negativos?
- No se puede intentando detener la mente. Es imposible. Si intentamos detener un pensamiento, normalmente creamos otro pensamiento que dice: “No debería estar pensando esto”.
Entonces ya tenemos dos pensamientos.
La práctica de Unificación es mucho más simple: observo, no peleo, invito una energía que abraza la caótica, transformándola paulatinamente.
Puedo decir: “Ah, estoy teniendo este pensamiento”.
No necesito creerlo. No necesito discutir con él. No necesito descubrir por qué apareció.
Lo experimento y vuelvo al presente. Unifico pensando estas facetas* y, cuando lo hago con ojos cerrados y abiertos, de acuerdo a lo que enseñamos en nuestro curso, se va eliminando información de trauma, shocks emocionales, eventos del pasado o lo que sea que está grabado en el sistema nervioso. Al liberarse, se va liberando toda la base que sostiene nuestros hábitos de comportamiento, basados en sufrimientos y resistencias.
*Podés encontrar más explicación en la película Por qué caminar si puedes volar, en ishajudd.com, y en el libro del mismo nombre de Penguin Random House Argentina.
La mente puede decir: “Esto va a salir mal”. Y yo puedo escucharla sin convertir esa frase en mi realidad.
Es como mirar pasar una nube. No tengo que subir a la nube y viajar con ella.
Y esto requiere práctica. No se trata de hacerlo perfectamente. Cada vez que descubrimos que nos fuimos con un pensamiento y regresamos al presente, ¡ya estamos practicando!
- ¿Qué lugar tienen las emociones incómodas —el miedo, la tristeza, la bronca, los celos— en este proceso? ¿Se trata de transformarlas, aceptarlas o simplemente observarlas?
- Las emociones no son el problema. No somos lo que sentimos. Ellas son como el clima que se manifiesta, se descarga y pasa.
El verdadero problema es nuestra resistencia a experimentarlas, pues las juzgamos como malas. Nos enseñaron esos juicios, nos han rechazado de niños si sentíamos naturalmente.
Entonces, cuando aparece miedo, queremos que desaparezca. Cuando aparece tristeza, queremos sentirnos bien. Cuando aparece rabia que tal vez los celos detonaron, pensamos que no deberíamos sentirla.
Entonces agregamos una segunda capa de sufrimiento a la experiencia.
Yo no necesito cambiar una emoción para poder experimentarla. Puedo permitir que esté allí. Aprendo a sentirla, expresarla, a que libere su carga y vuelvo a mi espacio interno cultivado de bienestar, de paz, de dicha, en amor a mí y naturalmente a todo.
No se malinterprete: no es que haya que actuar desde las emociones, ¡no! Puedo sentir bronca sin lastimar a nadie y canalizarla, liberando su energía, y así seguro no la volcaré sobre nadie más, ni en pensamiento ni en acción. Puedo sentir miedo sin dejar que el miedo decida por mí, sin vivir la parálisis como si fuera cierta, llevando a la procrastinación, al estancamiento en la vida.
Cuando dejamos de resistir nuestra experiencia humana, descubrimos algo maravilloso: ninguna emoción es permanente.
Viene, la sentimos y pasa.
La Unificación no consiste en convertirnos en personas que nunca sienten emociones incómodas. Consiste en poder experimentarlas saludablemente, sin quedar atrapados en ellas como si fueran lo único cierto.
- Hablás de soltar el control y permitir que la vida fluya. ¿Cómo se aprende a soltar sin sentir que estamos renunciando a nuestros deseos o a nuestra capacidad de decidir?
Soltar el control no significa dejar de decidir.
Significa dejar de intentar controlar lo que no podemos controlar.
Yo puedo elegir lo que hago, pero no puedo controlar cómo otra persona va a responder.
Puedo hacer un proyecto, pero no puedo controlar todas las circunstancias que van a aparecer.
Puedo tener un deseo, pero no puedo exigirle a la vida que se manifieste exactamente como mi mente imaginó.
El control nace del miedo.
Creemos que si conseguimos organizarlo todo, finalmente vamos a sentirnos seguros.
Pero la vida nunca fue diseñada para ser controlada completamente.
Podemos tener dirección sin tener control.
Podemos hacer nuestra parte y después permitir que la vida nos muestre lo que viene.
Y muchas veces descubrimos que la vida tiene una inteligencia mucho mayor que nuestros planes. El control es miedo. Recordá: mové la carga emocional que eso tiene, liberá y permití el fluir y que la abundancia de la vida se manifieste. Permití y confiá.
- Tu propuesta habla de amor propio, pero también de amor como una experiencia interna. ¿Qué diferencia hay entre amarnos a nosotras mismas y buscar permanentemente que otros nos amen o nos validen?
- Cuando necesito que otra persona me ame para sentir que valgo, estoy poniendo mi experiencia en manos de esa persona.
Si me ama, estoy bien.
Si no me ama, estoy mal.
Si me responde, estoy bien.
Si no me responde, estoy mal.
Eso no es libertad.
El amor propio no significa mirarnos al espejo y repetir que somos maravillosas hasta convencer a la mente. Es algo mucho más profundo.
Es dejar de abandonarnos.
Es poder estar con nosotros mismos cuando tenemos miedo, cuando cometemos errores, cuando no somos como pensamos que deberíamos ser.
Y cuando comienzo a experimentar ese amor internamente, las relaciones cambian.
Ya no necesito que alguien me complete.
Pero puedo amar a otra persona porque quiero compartir, no porque necesito que esa persona llene un vacío. Desaparece la necesidad y, por lo tanto, dos personas completas internamente crean una experiencia más completa y unificada, en amor, en dicha y paz.
- ¿Hay algún patrón que veas repetirse especialmente entre las mujeres que llegan a tus encuentros?
- Muchas mujeres nos visitan en el Centro de Unificación en Uruguay, sea que vengan por una semana o por períodos más largos. Llegan, ya al cruzar la puerta, agotadas de abandonarse para que todos a su alrededor estén bien, agotadas de hacer y dar y no sentirse valoradas.
Veo muchísimo esfuerzo.
Mujeres extraordinarias que han aprendido a sostenerlo todo y, al mismo tiempo, sienten que nunca hacen suficiente.
Han aprendido a cuidar, a producir, a resolver, a anticiparse a las necesidades de todos. Y muchas veces han olvidado preguntarse: “¿Cómo estoy yo?”.
También veo mucho juicio hacia nosotras mismas.
Somos muchísimo más compasivas con los demás que con nosotras.
Y muchas mujeres llegan buscando una respuesta para cambiar algo afuera, y poco a poco descubren que la verdadera transformación ocurre en la relación que tienen consigo mismas.
No necesitamos convertirnos en mujeres perfectas.
Necesitamos dejar de luchar contra quienes somos.
Cuando dejamos de estar en guerra con nuestra experiencia, aparece una enorme cantidad de energía que antes utilizábamos para luchar.

- Fuiste cantante y entrenadora de caballos antes de dedicarte a este camino. ¿Qué lugar ocupa hoy el cuerpo, el movimiento y la conexión con los animales en tu propia práctica?
Para mí, mi cuerpo siempre ha sido una puerta al presente. Como deportista de alto rendimiento, como aún sigo siendo, corriendo larguísimas carreras de Enduro Ecuestre, alineadísima con mi cuerpo y mi caballo tengo que estar. Imaginá correr durante 10, 12, 14 horas en un día.
Cuando estás sobre un caballo, no podés estar pensando en veinte cosas al mismo tiempo.
El caballo está completamente presente y percibe inmediatamente dónde estás vos.
No podés engañarlo.
El cuerpo también nos lleva al presente. Podemos pasar horas viviendo dentro de nuestra cabeza, pero cuando llevamos la atención al cuerpo, inmediatamente tenemos una experiencia.
Por eso nunca he sentido que el camino de la conciencia tenga que ser algo separado de la vida.
Caminar, montar, cantar, respirar, estar con un animal, sentir el sol, hacer ejercicio... todo puede convertirse en una experiencia de presencia.
Con las personas que nos visitan en el Centro de Uruguay, salimos a hacer experiencias de Unificación en la naturaleza, y justamente vamos aprendiendo a atestiguar, observar, sentir todo lo que nos rodea afuera, el entorno, la naturaleza, los animales. Estamos frente a la playa, así que es profundísima esa experiencia, y uno va profundizando esa presencia unificada con la naturaleza.
Salimos a hacer cabalgatas también allí, por supuesto, aquellos que así lo desean, por los bosques de Costa Azul, Canelones, y esa experiencia impacta a las personas, las abre a la integración de esa sensibilidad esencial humana.
Al volver a lo cotidiano, sienten que profundamente muchas cosas realmente en su día a día han cambiado. Están presentes, en su cuerpo, en su momento a momento y siendo su conciencia en acción, y desde allí llevando el timón de sus vidas, desde un lugar de amor y plenitud profunda y posible.
Llevar a la vida lo maravilloso de este milagro, la plenitud de apreciarlo, agradecerlo, en amor y sintiéndose unido a todo, a lo mundano, a lo de todos los días, trae a la vida algo invaluable: cada uno presente en su propia vida, momento a momento, allí donde esté.
La conciencia no está en algún lugar lejano. Está aquí.
Mi mayor anhelo para cada uno es que, a través de unificarse consigo mismos y con todos, cada día, al mirarse al espejo, esa persona que les mira de vuelta sea verdaderamente a quien más amen.
La autora estará en Buenos Aires en el MALBA el 28 de octubre. Dará el curso de Unificación, invitada por CASA RED, y habrá una visita especial, interviniendo en un set de preguntas a Santi Maratea. Además, estará presentando Por qué caminar si puedes volar, publicado por Penguin, el 26 de octubre en DAIN, de Palermo.
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