
El poder de los dos grados: por qué los cambios pequeños pueden transformar tu vida, según una experta
No siempre hace falta un giro drástico para crecer. Según Paula Echeverria, experta en Terapia Transformacional Rápida, las transformaciones más profundas suelen empezar con ajustes mínimos, pero sostenidos en el tiempo.
22 de febrero de 2026

El poder de los dos grados: por qué los cambios pequeños pueden transformar tu vida, según una experta - Créditos: Getty
Durante años, la narrativa del cambio estuvo asociada a decisiones extremas: renuncias impulsivas, mudanzas repentinas, reinvenciones totales. Historias casi cinematográficas que prometen una nueva vida después de dinamitar la anterior. Sin embargo, en la experiencia cotidiana, la transformación rara vez ocurre de ese modo.
Para Paula Echeverria, experta en Terapia Transformacional Rápida, el verdadero cambio suele ser mucho más sutil. “No siempre necesitamos romper con todo para avanzar. Muchas veces, lo que hace la diferencia es una pequeña corrección de rumbo sostenida en el tiempo”, explica.
La metáfora del avión lo ilustra con claridad: una variación mínima en el despegue puede llevar a un destino completamente distinto. “Si un avión modifica apenas dos grados su curso, puede terminar en otra ciudad. En la vida personal y profesional pasa lo mismo: no se trata de hacer todo distinto de un día para el otro, sino de empezar a hacer algo distinto y sostenerlo”, señala Echeverria.
Pequeños movimientos, grandes efectos
Lejos de las escenas épicas, esos ajustes suelen aparecer en situaciones cotidianas: animarse a tener una conversación postergada, incorporar un hábito saludable, cambiar el diálogo interno antes de una reunión importante o decidir qué vínculos ya no tienen lugar.
“Ninguna de esas acciones parece revolucionaria por sí sola, pero cuando se sostienen, generan un efecto acumulativo muy potente”, afirma. Desde su mirada, la diferencia entre sentirse estancada o en avance no radica en la cantidad de movimientos, sino en la dirección y la intención. “Podés estar muy ocupada y no avanzar nada. O hacer un cambio pequeño, pero alineado, que redireccione todo tu camino”.
Un año para recalibrar
En un contexto que se perfila más estable y previsible, Echeverria considera que se abre una oportunidad distinta: la de ajustar sin necesidad de cambiar todo el libreto. “Cuando el entorno ofrece un poco más de orden, aparece un margen interesante para recalibrar. No desde la urgencia, sino desde la conciencia”, sostiene.
Ese crecimiento, aclara, no depende exclusivamente de lo que ocurra afuera. “Depende de cuánto te alineás con la versión de vos misma que querés construir. No es rendir más desde el esfuerzo, sino actuar con mayor coherencia interna”. Y advierte: “Cualquier cambio que no esté conectado con tu autenticidad difícilmente sea sostenible”.
Terapia antes del colapso
En el plano del bienestar emocional, la experta observa un patrón frecuente: muchas personas buscan ayuda cuando ya están desbordadas. “Culturalmente aprendimos a resistir antes que a pedir apoyo. Pero cuanto antes habilitás un espacio terapéutico, más liviana y profunda puede ser la transformación”, explica.
Un entorno macroeconómico más ordenado tampoco garantiza, por sí mismo, una mejor calidad de vida. “La estabilidad externa puede ser una gran aliada, pero solo si hay una decisión interna de aprovecharla”, subraya. Ese “respiro” puede convertirse en una oportunidad para revisar hábitos: dormir mejor, alimentarse de otra manera, modificar patrones de reacción o cambiar la narrativa personal. “Es dejar de verte como alguien que lucha todo el tiempo y empezar a verte como alguien que elige”.
Respetar las estaciones personales
Para Echeverria, la vida funciona por ciclos. “Hay momentos de siembra, de expansión, de introspección y de cierre. El problema es que aprendimos a rechazar los inviernos, como si fueran fracasos”. Reconocer en qué etapa se está, sin forzar procesos ni negar lo que sucede, transforma la forma de accionar.
En definitiva, el desafío no está en buscar el gran volantazo, sino en identificar esos “dos grados” que hoy sí se pueden mover. Ajustes pequeños, coherentes y sostenidos que, con el tiempo, pueden llevar mucho más lejos que cualquier giro abrupto.
Porque, como resume Paula Echeverria, “la transformación real no siempre hace ruido. A veces empieza en silencio, pero cambia todo el destino”.
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