Gimnasia emocional: cómo usar el cerebro para diseñar nuestro futuro hoy (y un ejercicio al final para hacer con honestidad)

En la era de la inteligencia artificial, la flexibilidad mental se vuelve la ventaja diferencial ¿Cómo construimos bienestar real en lugar de sólo productividad? Charlamos con la entrenadora y especialista en neurociencia Gaby Hostnik sobre cómo usar el cerebro a nuestro favor.

Por Nathalie Jarast

16 de septiembre de 2026, 16:29

Una mujer caminando por una flecha hacia el futuro
El futuro es algo que diseñamos cada día, que elegimos cultivar, practicar y habitar, se crea en tribu y comunidad. - Getty

¿Q ué historia querés escribir con tu vida? Parece una pregunta grande, casi incómoda, de esas que evitamos porque no tenemos tiempo (ni ganas) de pararnos a pensarlas. Pero es la que atraviesa El futuro es lo que hacés hoy, el nuevo libro de Gaby Hostnik, especialista en neurociencia aplicada e inteligencia emocional. Su premisa es simple y, a la vez, revolucionaria: el futuro no es un lugar al que llegamos por sorpresa ni por suerte, sino algo que se construye con las decisiones más chiquitas y cotidianas. No hace falta un golpe de timón: alcanza con elegir, día a día, qué pensás, qué sentís y cómo actuás. Y, para eso, propone la “gimnasia emocional”, un método que combina educación emocional, neurociencias y una mirada existencial. Vivimos hiperexigidas, corriendo detrás de la próxima meta, convencidas de que el bienestar es algo que se consigue y ya. Pero el bienestar no se decreta de un día para el otro. Se entrena, como un músculo. Y como en toda gimnasia, lo que repetimos se fortalece. 

Entrenar el cerebro

El cerebro es plástico y entrenable a cualquier edad. No se desgasta con el uso, al contrario: cuanto más lo ejercitamos, mejor funciona. El problema es que, dejado a su suerte, nuestro cerebro no está programado para hacernos felices, sino para mantenernos con vida. Y esa programación de supervivencia, en un mundo que va a mil, nos empuja directo a la ansiedad.

Gaby Hostnik, especialista en neurociencias e inteligencia emocional, lo explica así: "Nuestro cerebro solo quiere mantenernos vivos, pero, en un mundo acelerado, esa programación nos empuja a la ansiedad y nos desconecta de nuestra esencia". La buena noticia es que podemos aprender otra forma de vivir. Gran parte de esa reprogramación pasa por algo tan simple como hacer pausas: preguntarnos, apenas nos despertamos, cómo está nuestro nivel de energía o de motivación. Ese chequeo rápido, lejos de ser una pérdida de tiempo, nos da pistas sobre qué decisiones tomar en el día que empieza. Y ese es el primer paso para construir nuestro futuro.

No se trata de perseguir un estado continuo de felicidad, sino de cultivar acciones cotidianas que despierten tu química del bienestar. Esto no es cuestión de suerte, sino una forma de entrenamiento. El futuro no se espera, se entrena. Es algo que podés imaginar, crear, influir y conquistar. Tenés la capacidad dentro de vos de ser guionista y protagonista de tu historia.

Una mujer caminando por una flecha hacia el futuro

El bienestar no se decreta de un día para el otro. Se entrena, como un músculo. Y como en toda gimnasia, lo que repetimos se fortalece. - Getty

Volver a lo humano

Crecimos en una cultura que puso todas las fichas en lo racional: la lógica, los números, el rendimiento. Todo lo demás (el vínculo, la emoción, el cuerpo) quedó relegado a “lo blando”. Pero justo en la era de la inteligencia artificial, esa jerarquía se invierte: la inteligencia emocional y la flexibilidad mental se vuelven la ventaja diferencial. Lo que una máquina no puede reemplazar.

“Vivimos a un ritmo acelerado, cada vez más desconectados de nosotros mismos y del entorno, pareciera no haber tiempo para entender qué necesitamos, qué nos gustaría que nos pase y hacia dónde vamos”, escribe Gaby. De ahí que proponga una “nueva productividad”, que puede sonar contraintuitiva: pausar y reflexionar no es perder el tiempo, es la forma más inteligente de usarlo. Si vivimos siempre en piloto automático, terminamos corriendo detrás de las prisas y la velocidad de los demás, en lugar de preguntarnos qué es lo que de verdad queremos que nos pase. Su apuesta es clara: el futuro no será tan artificial como ancestral. Se trata de volver a lo humano, a lo simple, a lo que siempre nos sostuvo.

La gimnasia del futuro implica presencia, sentir, comunidad, cuerpo, entorno y plasticidad. La acción de hoy es el mutiplicador que transforma lo posible en camino. El futuro es algo que diseñamos cada día, que elegimos cultivar, practicar y habitar, se crea en tribu y comunidad.

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Prestá atención a tu diálogo interno de esta semana. ¿Es un aliado o un crítico? - Getty

Neuroplasticidad autodirigida: la capacida de crear nuevas conexiones toda la vida

Neuroplasticidad es la capacidad del cerebro de crear nuevas conexiones a lo largo de toda la vida. Es “autodirigida” porque no depende de la edad ni de la genética, sino de lo que elegimos entrenar. Cada vez que aprendemos algo nuevo (un hábito, una forma distinta de pensar, una respuesta más calma frente a lo que nos desborda), el cerebro abre caminos nuevos, y los viejos, los automáticos, van perdiendo fuerza de a poco. “El futuro no es de los que saben, es de los que aprenden”, asegura nuestra experta.

7 pilares de la gimnasia emocional

  • El buen vivir

Vivir desde el ser y no solo desde el hacer. Elegir acciones con sentido, vínculos que nutran y disfrutar el camino, no solo la meta.  Para empezar: elegí una actividad de tu rutina y hacela con presencia plena, sin apuro ni multitasking.

  • Lo emocional

Los pensamientos y las emociones de hoy moldean la vida de mañana. Las narrativas internas que repetimos —y las pausas que nos permitimos— definen cómo habitamos nuestros días.

Para empezar: prestá atención a tu diálogo interno de esta semana. ¿Es un aliado o un crítico?

  • Tu propósito

El futuro no se espera: se construye con persistencia en aquello que nos da sentido. Tener un propósito funciona como un factor de protección para el cerebro.

Para empezar: preguntate qué le aportás al otro, no solo qué te gusta. hacer.

  • Círculos de empatía

Un mundo cada vez más rápido empuja al aislamiento emocional. Recuperar los vínculos genuinos (esos espacios seguros donde podemos ser sin miedo) es hoy casi un acto revolucionario.

Para empezar: preguntate quién es tu refugio, esa presencia con la que tu corazón entra en calma.

  • El cuerpo

Pensamos, sentimos y procesamos la realidad con el cuerpo entero, no solo con la cabeza. El descanso y el autocuidado también se entrenan.

Para empezar: cuando algo te desborde emocionalmente, movete 15 minutos antes de “pensarlo mejor”.

  • El entorno

Los espacios que habitamos (el barrio, la ciudad, la casa) también moldean el bienestar. Un entorno que estimula y protege devuelve calma; en cambio, un ambiente hostil la resta y genera más estrés.

Para empezar: identificá un lugar cotidiano que te haga bien y sumale más tiempo a tu semana.

  • Neuroplasticidad

Cuidar el futuro es volver a lo esencial: presencia, cuerpo, vínculos, sentido y comunidad. Lo que elegís practicar hoy es tu realidad de mañana.

Para empezar: elegí un solo hábito nuevo, chiquito, y sostenelo 21 días antes de sumar otro.

Ejercicio: ¿Qué significa el bienestar para mí?

Antes de copiar la definición de bienestar de una red social, te invitamos a construir la propia. Respondé estas cinco preguntas con honestidad, no hay respuesta “correcta”.

-¿Qué actividades me devuelven energía en lugar de robármela?

- ¿En qué vínculos siento que puedo ser yo misma, sin máscaras?

- ¿Qué parte de mi cuerpo suelo ignorar y qué me estará queriendo decir?

- ¿Cuánto espacio tiene mi futuro en mi agenda de esta semana?

- Si mi bienestar fuera un lugar físico, ¿cómo sería?

Guardá tus respuestas: son el mapa de tu propia gimnasia emocional.

Nathalie Jarast

Nathalie Jarast Es periodista, licenciada en Letras y magíster en Gestión de Contenidos. Desde hace más de diez años escribe en diversos medios como La Nación, Brando, Maleva. Actualmente, es editora en Revista Ohlalá y asesora en comunicación de sellos literarios.