
Valorá lo que sí: cómo entrenar tu cerebro para ser más feliz
Una guía para entrenar la mente en la gratitud y el presente: cómo dejar de enfocarte en lo que falta, reducir la ansiedad y valorar lo cotidiano para sentirte mejor.
13 de abril de 2026 • 13:43

Valorá lo que sí: cómo entrenar tu cerebro para ser más feliz - Créditos: Getty
El cerebro humano está entrenado para medir riesgos futuros, y en nuestra infancia nos enseñaron que era muy importante proyectar. Poner el ojo en “lo que falta” se volvió un seguro de vida que nos dice —ilusoriamente— que vamos por buen camino. Esa meta que tenías y no llegó, el cuerpo que es imperfecto, algún rasgo que no te gusta de tu personalidad, esa amiga que a veces te falla, tu casa que siempre está armándose o el trabajo que no te alcanza para sentirte exitosa: el futuro siempre luce mejor que el presente, y esa imagen de vos misma que ves a lo lejos tiene un brillo especial. No te culpes, estamos en la cultura de la comparación, donde reina el mandato de ir por más.
Pero ¿te frenaste a valorar lo que sí funciona en tu vida, todo lo que lograste y las cosas lindas que tenés? Cada vez más estudios coinciden en que tu percepción de felicidad no depende de las cosas que te pasan, sino de tu entrenamiento para reconocerlas. No se trata de que te conformes, tampoco de volverte negadora, sino de entrenar tu mirada para detectar todo eso que hoy ya es suficiente y también lo que tu vida tiene para disfrutar. “Valorá lo que sí” no es una propuesta infantil ni una exigencia de optimismo forzado, sino una invitación a mover el foco y empezar a valorar la belleza que hay en lo cotidiano.
Tan feliz como insistas
Primero, seamos honestas: hay momentos duros e injustos y escenas que te ponen límites reales. En muchas circunstancias de tu vida, no elegís lo que sucede, incluso a veces te da la sensación de que “siempre pasa algo” malo (o de lo que ocuparse). No vamos a romantizar el dolor, la vida muchas veces se pone triste. Pero saliendo de las situaciones más extremas como una pérdida muy cercana en las que el tratamiento es diferente, en general hay dos posiciones que lo cambian todo: la realidad condiciona el escenario, pero es tu identidad la que escribe tu historia. Seguro habrás visto a tu alrededor que —atravesando el mismo dolor— algunas personas se rompen y otras se vuelven más sabias. Algunas personas piensan que “armar la propia historia” es negar lo real. El escepticismo es válido, pero a veces confunde la negación de la realidad con la elección de una postura frente a eso.
Es en esto último donde se esconde un poder: serás tan feliz como insistas. Y ojo, porque insistir no es forzarte a estar bien, sino volver a vos cuando la vida te expulsa de ahí. Usar tu poder es volver a tu centro cuando te vas al drama, al miedo, a la carencia o al “no puedo”, e insistir en sostener una dirección interna. La felicidad no es un estado donde todo sale bien, sino una práctica de hacia dónde direccionar tu energía, tu enfoque y tu coherencia. Vos podés liderarte, y si seguís sin creerlo, animate a probar un ejercicio con una única regla. Durante una semana, escribí cada noche tres cosas que funcionaron ese día, mínimas y reales. No es positivismo, es entrenamiento del cerebro, y lo que entrenás crece. No elegimos las tormentas, pero podemos decidir si ser víctimas o navegantes. Como dice nuestra experta consultada, Gisela Gilges, “tu vida no cambia cuando cambia tu suerte, sino cuando cambia tu mirada sostenida”.
El engaño de la ansiedad
Vivimos con la ilusión de que prever los escenarios y calcular todas las posibilidades nos garantizará un colchón blandito previo al golpe (o lo evitará). Sin embargo, el resultado es cruel: con la ansiedad sufrís dos veces, una en tu cabeza y otra en tu cuerpo. ¿Sabías que tu organismo no distingue entre amenaza real y amenaza imaginaria? Aceleración, tensión y anticipación
Pero hay una idea indispensable para volver a vos y valorar lo que sí, la amenaza es inevitable, pero la derrota es selectiva. Es decir, las cosas malas pueden pasarte, pero vos tenés la libertad y el poder para decidir qué hacés con eso, y la verdadera derrota es tener el hábito de vivir siempre en el después: después descanso, después disfruto, después vivo. Pero la vida no espera. Entonces, ¿cómo volver al presente cuando el futuro te secuestra? Escuchá a tu mente, pero no la sigas, volvé al cuerpo y preguntate: ¿qué necesito hacer hoy para estar 1% más en paz?
“No me pasa nada bueno”
¿Qué pasa cuando vos o alguien que querés está sumergido en el pesimismo absoluto y no sabe cómo salir? Es clave no culpar con la frase típica “¿cómo que no te pasan cosas buenas?”. Eso deja a la persona con una sensación de mayor soledad, porque lo que subyace es que no está describiendo su vida, sino la lente con que la mira. En general, existen cosas lindas sucediendo alrededor, pero se perdió la capacidad de registro. Así como se puede entrenar el cerebro para observar lo bueno, también puede adquirirse el vicio de detectar lo que falta. Esto es frecuente porque, como dijimos antes, el cerebro está diseñado para anticipar riesgos.
Pero hay que estar atenta porque, si el pesimismo, se vuelve identidad, se vuelve cárcel. Un encierro en el que tu foco está entrenado desde la carencia. Volvé a entrenar y empezá de a poco. Sacá la trampa de lo “grande”, porque cuando alguien está en carencia, si le pedís grandes cosas, siempre va a encontrar falta. Buscá microbellezas en tu día, con evidencia sensorial. Olores, texturas, temperaturas, sonidos lindos, son estímulos que te anclan al presente porque la mente puede mentir, el cuerpo no. El olor del café por la mañana, una canción que te encanta o una manta suavecita te demuestran que podés percibir, y eso te lleva a volver a habitar el presente. La gratitud no es emoción, sino músculo.
Defendé tu amor propio

Defendé tu amor propio - Créditos: Getty
Cuando no hay amor propio, tu bienestar depende del afuera: de lo que te dicen, de si te eligen o no, de lo que te dan o de lo que te responden. Vivís como un sensor humano, pendiente de lo que tus personas cercanas —o no tan cercanas— hacen con sus vidas: si el otro cambia, vos caés. Pero ¿qué es el amor propio? Amarte es dejar de mendigar evidencia, abandonar el pedido de confirmación a los demás, la validación y la mirada.
Por supuesto que las relaciones son bidireccionales, y los vínculos tienen que moverse a cierto ritmo para dejarte conforme y tranquila, pero el día que dejás de depender de ellos, empezás a disfrutar. Ya no usás tu vida para confirmar si valés, y empezás a usarla para vivir. Valorar lo que sí es una consecuencia natural del amor propio. Esto no tiene que ver con las redes, que es la escena más frecuente en la que pensamos a la hora de despertar inseguridades, sino con una identidad que está débil.
Cuando estás sólida, mirás lo que pasa en las redes y no te achicás. En cambio, cuando estás frágil, mirás y te rompés. Valorar lo que tenés es una forma de amor propio aplicado; no es conformismo, sino presencia. Valorar lo que sí no implica conformismo ni dejar de crecer, sino transitar el camino con los ojos y el corazón más despiertos para disfrutarlo más. .
Lo que dice la ciencia
La gratitud es uno de los temas que más estudió la psicología positiva en las últimas décadas. Uno de los estudios más conocidos es el de Robert Emmons y Michael Mc Cullough, en 2003, en el cual, durante diez semanas, un grupo debía anotar las cinco cosas por las que estaba agradecido; otro grupo, las que le molestaban o irritaban cada día; y el último, eventos neutrales.
El resultado fue contundente: el grupo de gratitud mostró 25% más bienestar que los otros, hicieron más ejercicio por semana, tuvieron menos síntomas físicos y reportaron mayor optimismo respecto del futuro. Alex M. Wood, en 2009, encontró que las personas con mayor tendencia a la gratitud tardaban menos tiempo en dormirse, dormían más horas y tenían mejor calidad de sueño. Por otra parte, Sara Algoe demostró que cuando una persona expresaba gratitud en la pareja, aumentaba la sensación de sentirse valorado, se reportaba mayor satisfacción en la relación y el efecto perduraba al día siguiente de la interacción.
Ejercicios: estrategias que funcionan (porque no pelean con la mente)
El diario de lo que sí: registrá diariamente los 3 momentos lindos o cosas buenas de tu día o de vos misma. Este es un hábito que se sugiere de por vida. No tienen que ser grandes logros, puede ser “me reí con una amiga”, “pude desayunar lo que me gusta”.
Conectarse con la nostalgia anticipada o “el cachetazo elegante”: una buena práctica es pensar en lo que vas a extrañar dentro de cinco años de la vida que tenías hoy. Aplica muy bien para la crianza porque es un shock de conciencia del paso del tiempo y te saca de la carencia para conectarte con el valor.
Detox de comparación: el objetivo es reducir el impacto que tienen las redes sociales en tu valoración del presente. La propuesta es que durante unos días —y en lo posible extendido— evites los perfiles que te generan comparación. También que dejes de seguir cuentas que te activan esa sensación de insuficiencia. Y, por qué no, reemplazar el scrolleo vacío por momentos de conexión como una lectura, una caminata o simplemente levantar la mirada del celu y observar algo lindo de lo que te rodea. DATO: la comparación social constante reduce la percepción de satisfacción con tu propia vida.
El ritual del 10%: ¿qué minicambio podría mejorar tu día un 10%? El cerebro ama lo alcanzable, y ese 10%, cuando es repetido, puede cambiar tu vida más que algo grandioso que no se sostiene. Esto ayuda a valorar los avances chiquitos, sin esperar cambios rotundos. Van ejemplos: escribir la primera hoja de tu libro, tomar sol aunque solo cuentes con 10 minutos libres, ordenar un cajón sin ahogarte en que toda tu casa necesita reorganizarse.
Expresá tu gratitud: decir palabras lindas a los que querés, valorás o apreciás. Esto refuerza vínculos y mejora tu sensación de abundancia emocional. La gratitud, cuando se expresa, aumenta el bienestar tanto del que la recibe como del que la da.
Experta consultada:
Gisela Gilges, Life coach, conferencista y escritora best seller. @giselagilges.
En esta nota:
SEGUIR LEYENDO


Día de la felicidad: 7 hallazgos de la ciencia que te van a sorprender
por Redacción OHLALÁ!

Técnica 54321: algunos pasos simples para reducir la ansiedad y el estrés
por Celina Cocimano

6 hábitos que nos ayudan a ser más positivos
por Gaby Hostnik

¿Por qué bailar le hace bien al cerebro?: esto es lo que dicen las neurociencias
por Gaby Hostnik







