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Mankeeping: el trabajo invisible de sostener a los hombres

Escuchar, contener, organizar y sostener emocionalmente: qué es el mankeeping, cómo se manifiesta en los vínculos cotidianos y por qué sigue siendo una carga invisible que recae, sobre todo, en las mujeres.


Mankeeping: el trabajo invisible de sostener a los hombres

Mankeeping: el trabajo invisible de sostener a los hombres - Créditos: Getty



Hay tareas que no figuran en ningún contrato, no se pagan y rara vez se reconocen, pero demandan tiempo, energía emocional y disponibilidad constante. El mankeeping —un término que empieza a circular con fuerza— nombra justamente eso: el trabajo invisible que muchas mujeres realizan para sostener emocional, social y cotidianamente a los hombres de su entorno.

No se trata solo de parejas. El mankeeping aparece en vínculos familiares, amistades y espacios laborales. Incluye escuchar, organizar, recordar, contener, traducir emociones ajenas y, muchas veces, poner el propio malestar en pausa para priorizar el del otro. Un rol aprendido, naturalizado y profundamente desigual.

Qué es el mankeeping (y por qué importa)

El concepto deriva del emotional labor y pone el foco en cómo las mujeres suelen ser socializadas para cuidar los vínculos, garantizar su continuidad y hacerse cargo del bienestar emocional masculino. Desde “¿ya comiste?” hasta “hablá con tu jefe”, desde sostener silencios incómodos hasta ser el único espacio donde el otro puede mostrarse vulnerable.

El problema no es cuidar, sino que ese cuidado sea unilateral, automático y esperado. Que se dé por hecho que alguien va a estar ahí, ordenando el caos emocional ajeno, sin que eso sea visto como un trabajo.

Cómo se manifiesta en lo cotidiano

El mankeeping adopta muchas formas, algunas sutiles, otras agotadoras:

  • Ser la principal (o única) red emocional de un hombre.
     
  • Recordar fechas, turnos, responsabilidades o compromisos que no son propios.
     
  • Traducir emociones: ayudar a identificar qué siente, por qué y qué hacer con eso.
     
  • Sostener conflictos no resueltos para “no generar problemas”.
     
  • Priorizar el bienestar del otro incluso cuando una misma está desbordada.
     
  • Muchas veces, este rol se vive como amor, paciencia o empatía. Pero cuando es constante y no recíproco, se convierte en una carga.

Por qué sigue pasando

El mankeeping no surge de la nada. Está profundamente ligado a mandatos de género: a las mujeres se nos enseña a cuidar, a escuchar, a ser puente emocional; a los varones, a reprimir, evitar o tercerizar ese trabajo. El resultado es un desequilibrio afectivo que se sostiene incluso en vínculos “modernos” o igualitarios en otros aspectos.

Además, cuando una mujer deja de cumplir ese rol, muchas veces es leída como fría, egoísta o poco comprensiva. El costo de correrse suele ser alto.

Correrse de ese mandato sin culpas

Nombrar el mankeeping no busca demonizar vínculos ni dejar de cuidar, sino revisar desde dónde y para quiénes lo hacemos. Preguntarnos: ¿esto es elección o mandato? ¿Hay reciprocidad? ¿Quién cuida a quien cuida?

Correrse no implica abandonar, sino redistribuir. Habilitar que los hombres construyan sus propias redes, desarrollen herramientas emocionales y asuman responsabilidad afectiva. Y, sobre todo, permitirnos dejar de ser el sostén silencioso de todo.

Porque cuidar puede ser un acto de amor. Pero sostener en soledad, nunca debería ser una obligación.

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