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Por qué la Gen Z tiene menos encuentros sexuales y relaciones románticas, según una experta

Cada vez más investigaciones señalan que la Generación Z mantiene menos encuentros sexuales y vínculos románticos que generaciones anteriores. Te contamos por qué.


chica de la gen z

Por qué la Gen Z tiene menos encuentros sexuales y relaciones románticas, según una experta - Créditos: Getty



El adolescente actual pasa la mitad del tiempo que ocupaba hace una década atrás en interacción presencial con amigos, esto es una disminución del 50% del tiempo real presencial. Ello impacta en el desarrollo de las habilidades sociales necesarias para la interacción humana, tales como, mirar al otro, escuchar su voz, estar cerca de su cuerpo, sentir su olor, esperar el turno para hablar y hasta poder abrazar y besar… 

A esto se suma la menor participación en entornos que facilitarían relaciones románticas, como fiestas y encuentros en bares en las cuales se pueda conocer gente. 

En los tiempos de los Gen X (nacidos 1970-1980) y algunos Milenials (nacidos 1982-1993), se salía a bailar para conocer gente y ni hablar que la interacción se potenciaba con el ‘sacar a bailar’ y el tan ponderado ‘bailar lento’, que posibilitaba el acercamiento, el contacto corporal y la generación de intimidad. 

Hoy los Gen Z (nacidos 1994-2010) dicen que sus amistades son superficiales y sus relaciones románticas superfluas, las cuales siempre están mediadas por el uso del smartphone y las redes sociales. 

Se coincide en que los Gen Z tienen relaciones mediadas por pantallas en lugar de conexiones humanas cuerpo a cuerpo y más profundas. 

 

Las tecnologías digitales están diseñadas para ser adictivas, especialmente para cerebros adolescentes en desarrollo. La compulsión que impide desconectarse de las redes en sintonía con flujos incesantes del consumismo, aumenta sentimientos de soledad y la dificultad para establecer vínculos enriquecedores, por una multiplicidad descontrolada de contactos y maltratos en la socialidad online.

El mundo virtual ha reemplazado el contacto humano real, con el uso de las redes sociales, el consumo de pornografía y los videojuegos que no ofrecen oportunidades para las habilidades sociales necesarias para relacionarse, por lo menos de las que conocíamos hasta ahora. 

Se dice que los Gen Z son "pornonativos", esto es que han nacido con acceso inmediato e ilimitado al porno mainstream, lo que construye su imaginario sexual desde edades muy tempranas.

Los jóvenes inician las prácticas sexuales un poco antes, en relación con los millenials (16,2 vs 16,7 años), no obstante, su sexualidad está fuertemente mediada por el porno mainstream violento, donde muchas experiencias sexuales NO son deseadas o consensuadas plenamente y la precariedad, ansiedad e inseguridad les afectan estos encuentros.

También existe una gran brecha de género en cómo viven la sexualidad, los chicos manifiestan un alejamiento mayor que las mujeres de la actividad del mundo real, siendo la pornografía y los videojuegos los principales culpables tecnológicos de la imposibilidad de una cita. 

 

Las chicas, en cambio están más abiertas a encontrarse con otras personas y salir, no obstante, el modelo de sexualidad interiorizado coitocentrista, violento y machista, impacta en la posibilidad de participar de encuentros sexuales con varones, manifestando que han hecho cosas durante el encuentro sexual de las que no estaba convencidas sólo porque él quería hacerlas, también hacerlo sin tener ganas y más frecuencia en la ausencia de consentimiento para las prácticas sexuales. 

De aquí que está muy en auge el Celibato voluntario y el Boy sober (estar sobria de varones) por parte de las chicas ya que consideran que los varones están con mucha falta de empatía, ansiosos y muy centrados en su propio placer. 

Las investigaciones nos dicen que el porno mainstream (violento, machista, irreal) se convierte en la principal fuente de aprendizaje sexual, lo cual genera una distorsión de la sexualidad ya que quienes consumen con frecuencia NO distinguen entre la ficción del porno y sus propias experiencias sexuales, suelen usar ideas del porno para sus propias experiencias y muchos dicen que quisieran poner en práctica lo que ven.

Este estilo de vida hiperconectado ha desplazado actividades tradicionalmente asociadas con formar lazos románticos y sexuales, como fiestas, citas, o incluso el consumo de alcohol con fines recreativos.

Manifiestan problemas de sueño, estrés y cambios de humor, las chicas son las que se llevan la peor parte en la presión por cánones de belleza irreales circundantes en las redes, una comparación constante con los que muestran la falsa felicidad y una ansiedad por el "postureo".

 

Por último, cabe mencionar la inseguridad económica de los jóvenes y la imposibilidad de emanciparse, afecta la posibilidad de pensar en vínculos de pareja.

Quizás sea hora de acompañar a los chicos y chicas a revisarse en torno a los parámetros propios de este tiempo tal como ponderar siempre el deseo individual en los vínculos, la construcción de la autoestima en provecho del éxito personal y las actitudes egocéntricas como la soberbia, la vanidad y el egoísmo. 

Desde la sexología propiciamos la conexión y el contacto piel a piel, ya que la sexualidad humana tiene como eje fundamental, según Manuel Lucas Matheu, una "intensa sed de piel", el tacto es el principal protagonista, incluso por encima de la vista. El contacto físico directo es esencial para una experiencia sexual plena que transcienda lo meramente genital.

La sexualidad humana a diferencia de otros primates es cara a cara, ambos son activos y pasivos, lo cual enriquece la comunicación mediante la mirada, la mímica facial y el contacto físico recíproco. 

Se trata de una vivencia comunicativa donde el placer surge del intercambio mutuo y el contacto prolongado.

Quizás sea hora que desde la Educación Sexual pongamos en diálogo cómo disfrutarnos y encontrarnos con otro en tiempos de pantallas.

Por Analía Lilian Pereyra, gentileza para OHLALÁ!

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Analía Lilian Pereyra

Analía Lilian Pereyra Analía Lilian Pereyra es Sexóloga Clínica y Educativa. Experta en ESI.


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