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Día del lector: cómo estimular la lectura en la infancia

Leer y contar historias promueve la salud y estimula el desarrollo infantil. En esta nota te explicamos de qué manera se puede, desde una edad muy temprana, formar peques lectores. Te contamos qué es una "bebeteca".


Cuál es el impacto de la lectura en el desarrollo de las infancias

Cuál es el impacto de la lectura en el desarrollo de las infancias - Créditos: Getty



Leerles cuentos a las infancias promueve el desarrollo cerebral y afectivo.  Pero a diferencia del juego, que es innato, el hábito de la lectura se aprende. Por eso siempre tiene que haber un adulto que lea.

Tenemos la idea de que los chicos aprenden a leer en la última sala del jardín de infantes, pero es mucho antes. Ya desde los 5 o 6 meses de vida, cuando los bebés empiezan a percibir las formas y los colores, aprenden a leer”, explica Marcela Bisoffi, profesora en letras, bibliotecaria y escritora que se desempeña en la biblioteca popular Pestalozzi de Berisso, donde funciona una bebeteca.

Una bebeteca es un espacio para estimular a un niño con un libro desde que nace hasta que cumple los 6 años. Es un lugar donde se busca que el libro se transforme en un objeto cotidiano, que dispare la creatividad y la imaginación infantil.

Como si fueran juguetes, los libros diseñados para esta edad permiten interactuar de una manera diferente a la tradicional. Están impresos en materiales que permiten esta interacción (como tela, plástico o cartón plastificado). En general, tienen muchas y coloridas ilustraciones y muy poco texto. Algunos traen botones que al apretarlos emiten sonidos. Otros cuentan con espacios calados, estructuras plegables que se despliegan al abrir las páginas o partes con texturas diferentes, que invitan a tocar las páginas para sentir de otra manera.

Otra característica de estos libros es el formato, que no se ajusta necesariamente al de tapa y contratapa. Muchos tienen formas de objetos (como pelotas, por ejemplo), que hay que abrir para llegar a sus historias. También existen los libros títeres, que se pueden usar de la forma tradicional (moviendo las manos), pero ofrecen además la posibilidad de desplegar el cuento desde la boca del personaje.

Otros libros mantienen la estructura de tapa y contratapa, pero sus páginas se despliegan como si formaran un acordeón. Marcela Bisoffi destaca que el preferido de quienes visitan la biblioteca es “el libro de los olores”, que en sus páginas transmite sensaciones a través del olfato.

En definitiva, se trata de libros que permiten (y resisten) una interacción diferente. Están diseñados para que los bebés se los lleven a la boca, los metan en la bañera, los usen como si fueran juguetes. Son libros para ser tocados y sentidos, que ofrecen experiencias y comunican más allá de sus palabras. En las bebetecas están ubicados en estantes al alcance de los más chicos, para ser disfrutados sobre el piso alfombrado o de goma eva, rodeados de almohadones.

Pero tan o más importante que los libros es la presencia de un adulto que posibilite esa interacción en forma cotidiana, respetando los deseos y los tiempos infantiles, para crear el hábito lector.

Los lectores se construyen

Un lector se hace, se construye. Por lo tanto, se lo tiene que invitar. Y la primera invitación es a partir de la lectura en voz alta que haga un mediador (puede ser la maestra, la familia, la bibliotecaria).

Las y los adultos tienen mucho por hacer para introducir a los chicos en el mundo de la lectura, ya desde el embarazo (cuando el bebé escucha lo que quienes están cerca de esa embarazada tienen para decirle).

 “El primer gran lector es el adulto. Una vez que se apropia de esa historia la puede contar, la puede leer, la puede resumir”, comenta Bisoffi y recomienda crear un clima, un espacio y un lugar, además de empezar con las historias que nos atrajeron.

Tomarnos ese tiempo de manera cotidiana para ayudarlos desde temprano a interesarse por la lectura creativa (el placer de escuchar y comentar) es lo que les va a permitir tener la habilidad lectora.

“Todos estamos hechos de historias y podemos contarlas; no solamente las que están en los libros, sino las nuestras, personales.", señala Bisoffi. Y no menos importante: escuchar a los chicos cuando quieren hablar y decir sus cosas.

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