Salí con mi bebé de cinco meses en el cochecito y paré en un café de Palermo como cualquier café de esa zona porteña: sillas de diseño, latte con dibujo de hoja, y una vitrina llena de alfajores de todo tipo y color. Intenté entrar, pero la camarera me frenó al toque: “los bebés no pueden pasar” me dijo sin dudar. Si, los bebés. Un café al que cualquiera puede entrar con su perro sin que nadie los frene ni les exija nada. Después aclaró que era el cochecito lo que no podía pasar, pero ese primer aviso ya había descrito en una sola frase el mapa afectivo de nuestra época.
Probablemente cualquier madre se hubiera indignado, pero a mi me resultó fascinante la naturalidad con la que la camarera trató el tema. No tendría más de 25 años, y para ella era un hecho tan obvio como el precio del café: los perros pasan, los bebés/cochecitos no. Sin conflicto, sin ironía, sin ninguna conciencia de especie. Eso es exactamente lo que pasa cuando un cambio cultural se termina de instalar, se normaliza.
Por supuesto que no es solo ese café, ni el barrio de Palermo, ni la ciudad de Buenos Aires. Desde 2023, en Corea del Sur se venden más cochecitos para perros que para bebés. En el mismo país donde la tasa de natalidad cayó a 0,72, la más baja del mundo, y donde los hospitales veterinarios ya superan en número a los pediátricos, mientras la comida para mascotas vende más que la fórmula infantil. Pero Corea no es una excepción, es la punta del iceberg. Una encuesta realizada en 34 países en 2024 encontró que el 69% de los millennials y la generación Z considera a sus mascotas parte de su familia. Si miramos más cerca, la foto no es muy distinta acá, en 2022, en la Ciudad de Buenos Aires, las mascotas ya casi duplicaban a los niños: 861.852 perros y gatos contra 460.696 menores, según la Encuesta Anual de Hogares.
Lo que cambia no es la capacidad de amar sino el mapa de a quién consideramos parte de nuestra familia: cada vez más personas organizan su vida cotidiana, su tiempo, su economía y sus vínculos afectivos alrededor de sus mascotas usando exactamente las mismas categorías con las que, hasta hace muy poco, solo nombrábamos a los hijos (humanos). Se llaman madres, padres, y al animal, hijo; incluso se inventan nuevos términos para nombrar estos nuevos parentescos: “petmom” “dadcat” “perrihijo” “hijito de 4 patas”. No es una metáfora, es un cambio en la estructura misma del parentesco.
Pero si hay algo que sabemos los antropólogos, es que el parentesco no es un hecho biológico, y nunca lo fue. Es una construcción cultural, un sistema de categorías que cada sociedad produce, nombra y sostiene con rituales, lenguaje y prácticas cotidianas. Lo que cuenta como hijo, madre, o familia, varía histórica y culturalmente. La adopción existe hace siglos, del mismo modo que las familias ensambladas, los hijos criados por abuelas, los vínculos de cuidado que no pasan por la sangre ni por el registro civil. Todo eso ya nos enseñó que la filiación se construye, no se hereda.
Lo que está pasando ahora con las mascotas confirma esa lógica. La filósofa Donna Haraway, dijo: "Haz parentesco, no bebés" (Make kin, not babies) y se volvió viral. Ella llamó “species companionship” a la idea de que los animales de compañía no son objetos de cuidado sino co-habitantes de un mundo compartido, seres con quienes construimos vida cotidiana y afecto en términos de genuina reciprocidad. Cuando alguien dice “perrihijo” está haciendo exactamente lo que los humanos siempre hicieron: nombrar un vínculo para volverlo real. El nombre no describe una relación que ya existe, la produce. La pregunta más valiosa es qué condiciones hicieron posible que esta expansión ocurriera ahora, acá, a esta escala.
Reorganizar los vínculos afectivos alrededor de una mascota se produce en un contexto donde sostener el modelo hegemónico de familia se volvió, para muchos, materialmente imposible: tener una pareja, vivienda propia, estabilidad laboral, una red de cuidados, parecen nuevos lujos. En CABA, la edad promedio de las madres primerizas llegó a los 31 años en 2023, diez años más tarde que en 2006. La maternidad no desapareció como deseo: se complejizó. Una encuesta reciente encontró que el 57% de las mujeres en edad reproductiva desea tener hijos en algún momento, pero el 43% está en duda o postergando activamente, y el 92% menciona la falta de estabilidad económica como principal obstáculo. Es un deseo que el contexto fue moldeando y resignificando y, en ese intervalo, algo ocupa el espacio afectivo que quedó disponible: Es un ser que depende de nosotros, que necesita cuidado, que estructura la rutina y espera en casa, pero con menos, bastante menos que un hijo. La mascota no reemplaza, pero se vuelve el destinatario posible del cuidado en un momento en que las condiciones para cuidar a un humano se volvieron, para muchos, inalcanzables.
Entonces, ¿qué es una familia? La antropología lleva décadas diciéndonos que la pregunta no tiene una sola respuesta, que cada época y cada cultura la resuelve distinto. Lo que sí sabemos es que la familia, cualquiera sea su forma, es el lugar donde organizamos el cuidado, donde nombramos a quién pertenecemos, donde decidimos por quién nos quedamos en casa. Eso es exactamente lo que está pasando con las mascotas. El vínculo es real. El duelo cuando mueren es real. La reorganización de la vida cotidiana alrededor de ese ser es real. Que el destinatario del cuidado cruce la frontera de la especie no lo vuelve menos legítimo. Lo vuelve revelador. Porque lo que estas nuevas familias muestran no es una distorsión del parentesco sino su cara más honesta: que siempre elegimos a quién llamamos nuestros. Que el amor, como el parentesco, es siempre una construcción. Y que a veces, esa construcción tiene cuatro patas.
Futuras: un ciclo para activar colectivamente el futuro que queremos. Jueves 4/6, 21h, La Paz Arriba (Callao 1082).
Link para acceder a tu entrada: passline.com/eventos/futuras-un-club-de-ideas-para-activar-de-forma-colectiva
Agustina Kupsch Antropóloga, estratega cultural, y cuestionadora serial. Fundó Panóptico Cultural y conduce el podcast norma(l)mente.












