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Neurociencia: 10 hábitos para entrenar el optimismo inteligente

El optimismo protege al cerebro. Te contamos de qué se trata este concepto y qué hábitos implementar para implementarlo. 


Hábitos para entrenar el optimismo.

Hábitos para entrenar el optimismo. - Créditos: Getty



La educación emocional describe al optimismo como una disposición interna para valorar la realidad de la manera más positiva posible, una propensión a ver o esperar lo mejor. 

También lo podemos definir como una actitud mental que nos facilita a abordar los acontecimientos de la vida desde una óptica más positiva, más esperanzadora y más productiva. Se trata de entender todas las posibilidades, teniendo fe y confianza en que la más beneficiosa va a suceder.  Lo contrario de vivir en la queja.

 

El optimismo Inteligente es una fortaleza humana que demuestra la capacidad de afrontamiento que tenemos las personas para ver la realidad con una actitud proactiva para mejorar dicha situación.

En el lenguaje cotidiano podemos traducirlo, si somos personas de ver más el vaso medio lleno o el vaso medio vacío. 
Hay numerosos autores que citan y explican los beneficios del optimismo como rasgo de personalidad y su influencia en nuestros estados de ánimo,  la salud y el bienestar integral. Aunque muchas veces se relaciona al optimismo como una cualidad ingenua, frívola, ilusoria, utópica, pasiva y poco sofisticada de ver la vida.

¿Qué actitud tenemos frente a las adversidades?

Simon Sinek, autor americano, alguna vez dijo: “Ser optimista no es negar la realidad adversa sino tener fe de que se va a poder atravesar”.

La mirada optimista versus la mirada pesimista

Sabemos que nuestra percepción es selectiva y dependiendo de los niveles de optimismo y pesimismo que tengamos en nuestro cerebro, nos focalizamos más en lo bueno o en lo malo de una situación. Pesimistas y optimistas se fijan en aspectos diferentes de la realidad. La actitud optimista está centrada en la gratitud y que la actitud pesimista está más centrada en la queja.

Epicteto decía: “No son las cosas que nos suceden las que nos hacen sufrir o nos crean problemas, sino lo que nos decimos o pensamos de ellas".

¿Las personas a las que les va todo bien son más optimistas?

María Dolores Avia, autora y catedrática de Psicología en la Universidad Complutense de Madrid, señala que el optimismo no es propio de gente a la que todo le va bien ni tendría que asociarse solamente con cómo nos va en las circunstancias externas. Y que no es una cuestión de disciplina y esfuerzo, sino más bien de práctica y de perspectiva ante las circunstancias de la vida.

A veces, una pequeña modificación en nuestro punto de vista tiene mucho más efecto sobre la forma en que nos enfrentamos a la vida de todos los días que intervenciones más ambiciosas. Por eso mismo el optimismo no es una ofensa a los que se enfrentan a la dureza de la vida. 

Entonces podríamos decir que los optimistas son menos pesimistas y que esto nada tiene que ver con la positividad tóxica. 

¿Qué evidencias nos aportan las Neurociencias? El optimismo protege al cerebro

Así podés entrenar físicamente tu cerebro en positivo.

Así podés entrenar físicamente tu cerebro en positivo. - Créditos: Getty

Cada vez hay más estudios científicos que demuestran que las personas optimistas tienden a vivir más años y a tener mejor salud física, mental y emocional que los pesimistas. Asimismo, las personas catalogadas como optimistas tienen mayores recursos neuronales en la corteza orbitofrontal, lo cual es un elemento protector frente a la ansiedad de estos tiempos.

¿El optimismo se hereda?

Algo que resulta muy curioso es que el optimismo, al igual que el pesimismo, se aprende, se “contagia”, se puede consolidar y ejercitar y sufre cambios a lo largo de la vida.

En un estudio realizado en el Kings College de Londres, se llegó a la conclusión que el optimismo es solo genético en un 25%, por lo que el 75% restante depende de nuestra actitud diaria, nuestro empeño por cambiar, nuestro diálogo interno y de nuestro entorno, entre otras cosas. Se ha evidenciado que uno de los factores más importantes para fortalecer el optimismo es la práctica de la autoamabilidad.

Los neurotransmisores del optimismo

Los neurotransmisores del pesimismo de alguna manera activan hormonas que activan nuestro sistema de amenaza, como la adrenalina y el cortisol, poniéndonos en estado de alerta constante y preparando al cuerpo para una posible lucha o huida. Recordemos que tanto los peligros reales como los imaginarios, influyen de la misma manera. El pesimismo, entonces, favorece la muerte de neuronas cerebrales y puede dañar la salud.

En cambio si describiéramos a los neurotransmisores influenciados por el optimismo, tendríamos que enumerar a la dopamina que regula entre otras funciones a nuestra motivación, a la oxitocina, la hormona del vínculo social y del bienestar, la serotonina encargada en gran medida de nuestro estado de ánimo, las endorfinas actúan como sedantes naturales, la acetilcolina que regula nuestras capacidades de aprendizaje y de concentración, entre otros. 

Si hablamos de bienestar, generalmente los optimistas se cuidan más, porque confían más en sus propios recursos y en el futuro. Y si focalizamos siempre en el lado negativo de las cosas, acabaremos siendo más pesimistas y en consecuencia perjudicaremos nuestra salud.

El Doctor Álvaro Pascual- Leone, catedrático de Neurología y decano de Ciencia Clínica de la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard enumera algunos de los beneficios para la salud del pensamiento positivo que incluye, un sistema inmune más resiliente, mayor expectativa de vida, menor incidencia de depresión, mayor resistencia a infecciones, menor riesgo de mortalidad por enfermedades del corazón, mejor control de la hipertensión y la diabetes, entre otras.

En resumen sería ser conscientes de estar y sentirnos más satisfechos con nuestras propias vidas.

¿Cuánto influyen nuestros entornos?

Una de las formas de fomentar el  optimismo es rodearse de gente que tiene pensamientos positivos, que es agradecida y nos quiere y apoya. A mí me gusta llamarlos, círculos de empatía optimistas. Y ya sabemos que los climas emocionales se contagian rápidamente y que más allá de que el optimismo tiene un componente genético como vimos anteriormente, está en gran medida influenciado por nuestro entorno más cercano.

Por lo tanto, tener en nuestros círculos personas optimistas ayuda a entrenar esta actitud vital y que todos se sientan mejor, porque si de emociones hablamos el optimismo muchas veces suele venir acompañado de ilusión, esperanza, alegría, confianza y gratitud.

La mirada en la posibilidad

El optimismo mejora la longevidad. Mi profesora Anna Forés, autora y directora de la cátedra de Neuroeducación en la Universidad de Barcelona y autora de numerosos libros sobre la resiliencia, dice que las personas longevas nos demuestran que tienen ese optimismo para hacer frente a las situaciones de la vida y ser más resilientes.  Y la posibilidad de saber ver aquellas cosas pequeñas que acontecen en la vida cotidiana y que a veces no sabemos apreciar.

Es tomar conciencia de esas posibilidades y aprovecharlas un poco desde la serendipia y otro poco es estar atentos con lo que la vida nos da y que a veces no lo reconocemos o no lo podemos ver. Sin lugar a duda el optimismo también es un arte que nos permite vivir más y mejor. Es una forma de sentir y de pensar que nos ayuda a emplear criteriosamente nuestras habilidades y los recursos que nos ofrece el entorno. Y cuando hablamos de resiliencia podemos hablar de la era de las posibilidades, porque esa mirada más generativa nos hace ver la oportunidad antes que la dificultad.

Cerebro optimista

El cerebro optimista, como cualquier otro músculo, puede entrenarse, recablearse y moldearse. Porque el optimismo se puede aprender, cultivar y entrenar a través de hábitos saludables. Cada día tenemos infinidad de oportunidades para entrenar nuestra resiliencia, si nos centramos en lo positivo y en la posibilidad aprenderemos a tener una visión más amable, optimista y esperanzadora de la vida. 

¿Tu vaso está medio lleno o medio vacío?

Somos lo que nos decimos que somos y somos eso a lo que le prestamos atención.

10 hábitos para entrenar el optimismo inteligente

  1. 1

    Recordar lo que controlamos. ¿Qué cosas puedo realmente puedo controlar?. Hay cuestiones del contexto que muchas veces nos exceden.

  2. 2

    Enfocar en soluciones. ¿Qué oportunidades escondidas hay en los desafíos o adversidades que se presentan?

  3. 3

    Practicar la amabilidad con uno mismo. El diálogo interno nocivo y la autocrítica severa activa el sistema de amenaza del cerebro y nos hace estar alertas.

  4. 4

    Optimizar lo positivo. Agradecer todo lo que tenemos bueno y valioso que tenemos.

  5. 5

    Diseñar una visión más esperanzadora. Dotarnos de sentido aún en las dificultades de nuestro presente y nuestro futuro cercano.

  6. 6

    Cultivar nuestra mirada posibilista: donde pongamos el foco de nuestra atención, ahí estarán nuestros resultados. Por eso se dice que lo que el corazón quiere sentir, la mente se lo acaba mostrando.

  7. 7

    Aprender nuevas vías para conseguir resultados. Buscar soluciones diferentes, ser proactivos para encontrar nuevas alternativas.

  8. 8

    Utilizar el sentido del humor. Aunque sea desafiante nos permite descontracturar situaciones y nos ayuda a ver las cosas desde distintas perspectivas.

  9. 9

    Establecer metas realistas y confiar en los procesos. Recordar que es ideal fijarse metas con pasos pequeños y fáciles de alcanzar de esa manera es más sencillo verificar los progresos y celebrar los logros.

  10. 10

    Buscar redes de apoyo constructivas y distanciarnos de aquellas opiniones negativas que puedan hacernos daño.

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