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No todo cansancio se soluciona descansando: cómo aprender a escuchar lo que tu cuerpo realmente pide

No todo agotamiento se resuelve durmiendo más o haciendo una pausa. Según la psicóloga Andrea Ritzer, aprender a distinguir si el cansancio es físico, mental o emocional es clave para recuperar energía sin seguir forzándote.


No todo cansancio se soluciona descansando: cómo aprender a escuchar lo que tu cuerpo realmente pide

No todo cansancio se soluciona descansando: cómo aprender a escuchar lo que tu cuerpo realmente pide - Créditos: Getty



Llegás a casa y seguís. Dejás las llaves, levantás lo que quedó en la silla, respondés un mensaje mientras abrís la heladera, revisás la compu “un segundo” y prometés que después vas a frenar. Pero ese después siempre se corre un poco más. No fue un día terrible. No pasó nada grave. Y, sin embargo, terminás agotada.

Para Andrea Ritzer, psicóloga y mentora de bienestar femenino, ahí está el punto ciego: “No todo cansancio se arregla haciendo una pausa. A veces el cuerpo no está pidiendo descanso, está pidiendo otra forma de escucharlo”.

El error más común: tratar todo agotamiento igual

Cuando nos sentimos cansadas, solemos reaccionar en automático. Más café. Más empuje. Más disciplina. O, en el extremo opuesto, desconexión total esperando que eso lo resuelva todo.

“El problema es que no todo cansancio tiene la misma raíz”, explica Ritzer. “Si respondemos siempre igual, muchas veces lo empeoramos. El cuerpo habla, pero si no distinguimos qué nos está diciendo, seguimos forzando”.

La clave, según la especialista, no es hacer más ni hacer menos, sino identificar de qué tipo de agotamiento se trata.

Cansancio físico, mental o emocional: no es lo mismo

Ritzer propone observar qué es lo que realmente se hace cuesta arriba.

1. Cuando el cansancio es físico

Se siente en el cuerpo: pesadez, rigidez, lentitud para arrancar incluso movimientos simples. “Si cambiar de postura o moverte un poco te alivia, aunque sea mínimamente, hay un componente físico claro”, señala. En estos casos, estiramientos suaves o una caminata corta pueden ser más efectivos que tirarse en el sillón con el celular.

2. Cuando el cansancio es mental

La sensación está en la cabeza: mente acelerada, dificultad para concentrarte, saturación, hacer muchas cosas a la vez sin terminar ninguna. “Si el cuerpo está quieto pero igual te sentís agotada, probablemente sea mental”, dice. Acá ayuda bajar estímulos: cerrar pestañas, hacer una sola tarea por vez, tomar pausas sin pantalla.

3. Cuando el cansancio es emocional

No siempre se presenta como agotamiento clásico. A veces aparece como apatía, irritabilidad o sensación de estar sosteniendo demasiado. “Si lo que más necesitás no es hacer ni pensar, sino aflojar, probablemente el cansancio sea emocional”, explica. En ese caso, el alivio no viene del rendimiento sino del trato interno: bajar exigencias, permitirte pausar sin culpa, sentirte acompañada.

Muchas veces se combinan. Pero identificar cuál predomina cambia por completo la respuesta.

El giro que lo transforma todo

“Estamos acostumbradas a preguntarnos cómo rendir más. Pero el cuerpo no se regula con presión, se regula con conexión”, afirma Ritzer.

La pregunta cambia: No es “¿cómo hago para seguir?”, sino “¿qué me está pidiendo el cuerpo hoy?”.

Ese pequeño desplazamiento ordena decisiones cotidianas: cuándo moverte, cuándo frenar, cuándo soltar.

Tres microprácticas para cortar el automático

La especialista propone gestos simples, sin rutinas complejas ni cambios drásticos:

Check-in de energía. Frenar 30 segundos y nombrar qué tipo de cansancio predomina. “Solo identificarlo ya organiza la respuesta”, dice.

Pausa corporal consciente. Relajar hombros, aflojar mandíbula y hacer dos respiraciones profundas. “Es una señal directa al sistema nervioso de que no hay urgencia”.

Pregunta guía del día. ¿Qué me suma energía hoy y qué me la quita? No para hacerlo perfecto, sino para elegir una decisión más alineada con lo que necesitás.

Cuando el cansancio deja de ser enemigo

“El cansancio no siempre es algo que hay que eliminar. A veces es información. A veces es un límite”, sostiene Ritzer.

En lugar de pelearlo, propone escucharlo. Porque cuando dejamos de forzarnos y empezamos a interpretar lo que el cuerpo intenta decir, el descanso se vuelve más reparador, el foco más claro y la energía más genuina.

Tal vez no estés cansada porque te falta energía. Tal vez estés cansada porque hace tiempo no te escuchás.

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