Qué dice la Psicología del Mundial: por qué el fútbol nos une, nos emociona y nos representa

Cada cuatro años, millones de personas se emocionan, sufren y celebran frente a una pantalla. Qué explica la Psicología detrás de la pasión mundialista y por qué el fútbol puede convertirse en una oportunidad para fortalecer vínculos y aprender a convivir con las diferencias.

Por Cecilia Taburet

17 de junio de 2026, 14:59

mujer con hijo alentando a la selección

Archivo LN

Cada cuatro años, el Mundial logra algo difícil de encontrar en otros ámbitos: millones de personas pendientes de un mismo acontecimiento. Familias reunidas frente a una pantalla, amigos que organizan encuentros para ver los partidos y conversaciones que atraviesan generaciones y diferencias. Pero más allá del deporte, ¿qué explica este fenómeno desde la Psicología?

Los especialistas coinciden en que eventos masivos como la Copa del Mundo funcionan como una especie de espejo social. Ponen en escena emociones, vínculos, formas de pertenencia y también algunos desafíos de la convivencia. El Mundial puede ser una oportunidad para fortalecer lazos y compartir experiencias, aunque también puede exponer conductas agresivas o excluyentes.

Cuando la pertenencia se vuelve fanatismo

messi celebra en el primer partido de la selección

Messi celebra, en el primer partido del Mundial 2026. - Archivo LN

Para entender algunos comportamientos que aparecen alrededor del fútbol, la Psicología y la Sociología suelen recurrir al concepto de anomia, desarrollado por el sociólogo francés Émile Durkheim y posteriormente ampliado por Robert Merton.

La anomia describe situaciones en las que las normas sociales pierden fuerza o dejan de ofrecer un marco claro de referencia. En contextos de incertidumbre o crisis, algunas personas pueden buscar pertenencia en identidades grupales muy rígidas, donde el "nosotros" se construye en oposición al "otro".

En esos casos, el rival deja de ser simplemente un competidor deportivo para convertirse en una amenaza. Cuando ocurre esto, aparecen expresiones de intolerancia o agresividad que poco tienen que ver con el juego y mucho con la dificultad para aceptar las diferencias.

El Mundial como espacio de encuentro

Desde otra perspectiva, el psicoanalista Donald Winnicott desarrolló la idea del "espacio transicional": un territorio simbólico donde las personas pueden jugar, crear y relacionarse con la realidad de manera segura.

El Mundial puede pensarse como uno de esos espacios. Durante unas semanas compartimos emociones, rituales y conversaciones que generan un sentido de comunidad difícil de encontrar en otros momentos de la vida cotidiana.

En este contexto, la presencia del otro es fundamental. Sin rivales no hay partido. Sin diferencias no hay juego. Reconocer la existencia de perspectivas distintas es, justamente, una de las condiciones que hacen posible la experiencia deportiva.

Una oportunidad para enseñar valores

Más allá de los resultados, el fútbol también puede convertirse en una herramienta para transmitir aprendizajes importantes a los más chicos.

La gestión de la frustración es uno de ellos. Aprender que se puede hacer un gran esfuerzo y aun así perder es una enseñanza valiosa que trasciende el deporte y acompaña muchos aspectos de la vida.

También aparece el valor del trabajo en equipo. Ningún jugador gana solo. Detrás de cada figura hay compañeros, estrategias compartidas y objetivos comunes. El éxito colectivo suele construirse a partir de la colaboración y no únicamente del talento individual.

Por otro lado, los rituales que rodean al Mundial —las reuniones familiares, las comidas compartidas, las anécdotas que vuelven a contarse una y otra vez— fortalecen los vínculos y generan recuerdos que permanecen mucho después del último partido.

El verdadero desafío cuando termina el torneo

Cuando baja la intensidad del Mundial queda una pregunta interesante: ¿qué hacemos con todo aquello que construimos durante esas semanas?

El desafío es que el espíritu de encuentro no quede limitado a los noventa minutos de un partido. La posibilidad de escuchar al otro, trabajar en equipo, tolerar la frustración y aceptar las diferencias son aprendizajes que pueden trasladarse a la vida cotidiana.

Quizás esa sea una de las enseñanzas más valiosas que deja cada Copa del Mundo: recordar que las personas pueden sentirse parte de algo más grande sin perder de vista el respeto por quienes piensan, sienten o viven de manera diferente.

Porque, al final, el partido más importante no se juega dentro de una cancha, sino en nuestra capacidad para convivir y construir comunidad.

Fuentes sugeridas para profundizar:

1.    Durkheim, É. (1897). El suicidio. (Para profundizar en el concepto de anomia).

2.    Merton, R. K. (1938). Estructura social y anomia.

3.    Winnicott, D. W. (1971). Realidad y juego. (Fundamental para la teoría del espacio transicional).

4.    Bourdieu, P. (1990). Sociología y cultura. (Para entender el deporte como campo de prácticas sociales).