Las vacaciones de invierno pueden convertirse en una fuente de estrés para muchas familias. La psicóloga Natalia Piorno explica por qué aparece el burnout parental, cómo reconocerlo y qué hacer para atravesar estos días con menos culpa y más bienestar.
Mientras los chicos cuentan los días para que empiecen las vacaciones de invierno, muchos padres y madres hacen otro tipo de cuentas: quién podrá cuidarlos algunas horas, cómo reorganizar el trabajo, qué planes hacer para que no pasen todo el día frente a una pantalla y cómo lograr que estas semanas sean inolvidables.
En ese intento por "hacerlo bien", muchas veces aparece una presión silenciosa: sentir que hay que entretener, estimular, enseñar y aprovechar cada minuto. Pero los especialistas advierten que esa búsqueda de la maternidad o paternidad perfecta puede tener un costo emocional importante.
"La oferta de actividades explota durante las vacaciones, y casi al mismo ritmo crece la presión que muchos cuidadores sienten por ofrecer experiencias memorables. Pero eso no es necesario", afirma la psicóloga Natalia Piorno.
La especialista invita a hacerse una pregunta incómoda: "¿En qué momento dejamos de creer que estar presentes era suficiente?"
¿Qué es el burnout parental?
El burnout parental es un síndrome de agotamiento físico y emocional asociado al rol de madre o padre. A diferencia del cansancio habitual que implica criar, aparece cuando las demandas de la crianza superan de manera sostenida los recursos con los que cuentan los adultos para afrontarlas.
Según explica Piorno, quienes lo atraviesan suelen sentirse "exhaustos, desconectados emocionalmente, irritables y con la sensación de no estar siendo el padre o la madre que desean ser".
La psicóloga aclara que este agotamiento no tiene relación con una falta de amor hacia los hijos. Por el contrario, suele aparecer en quienes intentan sostener todos los días un ideal muy exigente de maternidad o paternidad.
En esa línea, las investigadoras Isabelle Roskam y Moïra Mikolajczak, referentes internacionales en el estudio del burnout parental, sostienen que el síndrome aparece cuando existe un desequilibrio persistente entre las demandas del cuidado y los recursos disponibles para afrontarlas.
¿Por qué las vacaciones pueden aumentar el agotamiento?
Durante el receso escolar desaparecen muchas de las estructuras que organizan la vida cotidiana.
"La escuela deja de ordenar la rutina familiar y aumentan las horas de cuidado. Los adultos tienen que reorganizar el trabajo, el tiempo y pensar propuestas para los chicos", explica Piorno.
Ese cambio obliga a resolver nuevos desafíos todos los días y muchas veces instala la sensación de que siempre falta algo por hacer.
La especialista señala que, cuando una persona permanece durante mucho tiempo intentando responder a demandas que percibe como inagotables, entra en un estado de alerta permanente. Incluso cuando aparece un momento libre, en lugar de descansar, suele utilizarlo para planificar la siguiente actividad o anticipar problemas.
"Poco a poco, el agotamiento deja de ser la consecuencia de un día difícil y se convierte en el estado habitual desde el cual se vive la crianza", resume.
El peso de las expectativas
Detrás del burnout parental también aparecen los ideales sobre lo que significa ser una "buena madre" o un "buen padre".
"La culpa suele instalarse cuando sentimos que siempre podríamos haber tenido más paciencia, haber jugado un poco más o haber elegido un mejor plan", señala Piorno.
Para la psicóloga, muchas veces dejamos de preguntarnos si aquello que nos exigimos es realmente posible o incluso necesario.
Los chicos no necesitan un cronograma lleno de actividades
Uno de los mensajes centrales de la especialista es que no todas las horas libres necesitan estar ocupadas.
"Una tarde en casa sin hacer nada extraordinario también es valiosa", sostiene.
Lejos de ser tiempo perdido, explica que esos momentos favorecen el aburrimiento, la creatividad, el juego espontáneo, la imaginación y la autonomía.
Además, recuerda que los recuerdos más significativos no siempre nacen de grandes salidas.
"A veces alcanza —y sobra— con cocinar juntos, mirar una película o inventar un juego con lo que hay en casa", afirma.
Cómo prevenir el burnout parental durante las vacaciones
Piorno comparte algunas estrategias que pueden ayudar a atravesar estas semanas con menos exigencia:
- Revisar las expectativas. Preguntarse si el ideal de madre o padre que uno intenta alcanzar es realmente posible.
- Aceptar que no todos los días tienen que ser extraordinarios. El tiempo compartido también puede construirse desde la simpleza.
- Compartir las tareas de cuidado. Delegar y pedir ayuda también forma parte de una crianza saludable.
- Descansar sin culpa. "El descanso no debería entenderse como un premio, sino como un recurso necesario para sostener el cuidado en el tiempo", explica la psicóloga.
- Mantener algunas rutinas. Conservar horarios de comida, lectura antes de dormir o paseos ayuda a organizar a grandes y chicos.
- Evitar las comparaciones. "No todas las familias cuentan con los mismos recursos. Compararse con modelos ideales solo aumenta la autoexigencia y la culpa", advierte.
Cuidar a quienes cuidan
La evidencia científica muestra que fortalecer las redes de apoyo y compartir las responsabilidades de la crianza reduce el agotamiento parental y mejora la regulación emocional de quienes cuidan.
Para Piorno, el desafío durante estas vacaciones no es llenar la agenda de actividades, sino recuperar el valor de lo cotidiano.
"Los niños no necesitan padres perfectos ni agendas repletas de propuestas. Necesitan adultos disponibles emocionalmente. Y esa disponibilidad también necesita descanso, tiempo y permiso para no hacerlo todo", concluye.
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