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Vacaciones sin perderte: 7 hacks simples para disfrutar y volver mejor

Vacaciones no tiene por qué ser sinónimo de culpa ni desorden. La psicóloga Andrea Ritzer comparte 7 hacks simples para descansar, disfrutar y volver conectada con tu bienestar físico y emocional.


mujer de vacaciones en un paisaje hermoso y tranquilo

Vacaciones sin perderte: 7 hacks simples para disfrutar y volver mejor - Créditos: Getty



Las vacaciones suelen llegar con una promesa de descanso, disfrute y pausa. Pero, para muchas mujeres, también traen aparejado un murmullo interno difícil de ignorar: el miedo a “perder el eje”, a soltar demasiado, a volver sintiendo que algo se desordenó. Entre valijas, planes y ganas genuinas de bajar un cambio, aparecen frases conocidas —aunque no siempre dichas en voz alta— como “después veo”, “en enero retomo” o “ya fue”.

Según explica Andrea Ritzer, psicóloga y mentora de bienestar femenino, el problema no son las vacaciones en sí, sino la idea de que solo existen dos caminos posibles: “o nos controlamos todo el tiempo o nos abandonamos por completo”. Para ella, ese pensamiento binario es el que genera culpa, rigidez y desconexión.

“¿Y si hubiera otra manera de vacacionar?”, propone, una que no pase por exigirse ni por desaparecer de una misma, sino por seguir habitándose incluso cuando cambia la rutina. Con esa mirada, comparte siete hacks simples, reales y posibles para que el descanso sume en lugar de restar.

7 hacks simples para disfrutar las vacaciones conectada con una misma

1. Un ancla diaria (una sola)

No se trata de sostener toda la rutina habitual, sino de elegir una única acción cotidiana que funcione como punto de conexión. Puede ser una caminata, estirarse al despertar, nadar, respirar en silencio unos minutos o escribir apenas dos líneas. “Una sola cosa alcanza”, señala Ritzer. Ese pequeño ancla evita perderse en el clásico “después veo” y ayuda a mantenerse presente sin exigencia.

2. Movimiento sin formato

Vacaciones no significa pausar el cuerpo, sino cambiar el ritmo. La especialista propone correrse de la lógica del entrenamiento y pensar el movimiento como experiencia: caminar descalza por la arena, subir escaleras, jugar en el agua o recorrer un lugar nuevo. “El cuerpo no necesita exigencia constante; necesita conexión”, afirma.

3. La regla del “antes o después”

Si sabés que vas a dormir menos, comer distinto o romper horarios, este hack simple puede marcar la diferencia: moverte un poco antes o después. No como compensación, sino como forma de volver al cuerpo. Una caminata, estiramientos o respiraciones profundas pueden ordenar más de lo que parece.

 

4. Comer con presencia, no con control

 

Para Ritzer, las vacaciones no son momento de contar calorías ni de obsesionarse con reglas, pero sí de escuchar señales. Hambre real, saciedad, energía después de comer. “El cuerpo no se desregula por unos días distintos; se desregula cuando dejamos de escucharlo”, explica. Aunque sea una comida al día, sentarse sin apuro y registrar cómo una se siente ya es una forma de cuidado.

5. Dormir para descansar, no solo para “caer rendida”

Dormir más no siempre es dormir mejor. En vacaciones, ayuda exponerse a la luz natural, bajar pantallas antes de acostarse y respetar el cansancio real. La clave, según la especialista, es dejar de pensar el sueño como premio y empezar a verlo como base del bienestar.

6. El check-in corporal de un minuto

Una vez al día, frenar y hacerse dos preguntas simples: ¿cómo está mi energía hoy? ¿Qué necesita mi cuerpo ahora: pausa, movimiento o aire? Este breve chequeo evita tanto el exceso como la inercia y permite ajustar sin rigidez.

7. Menos expectativas, más registro

No se trata de que las vacaciones sean perfectas, sino habitadas. Registrar cómo te sentís, qué te da placer, qué te cansa y qué te hace bien es una forma profunda de autocuidado. Mucho más efectiva —y real— que cualquier plan ideal.

Para Andrea Ritzer, el foco no se pierde en vacaciones: se transforma. “No es disciplina, es presencia”, resume. No se trata de hacer todo bien, sino de no desaparecer de una misma mientras se descansa. Tal vez, al final, el mayor lujo no sea desconectarse de todo, sino volver más conectada con una misma.

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