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Setenta calles y un mercado en el centro de Estambul

Esta ciudad de Turquía tiene souvenirs para todos los parientes




ESTAMBUL, Turquía.- En el centro histórico de Estambul, rodeado de murallas que datan del Imperio Bizantino, se encuentra el Kapali Carsi, más conocido como Bazar de Estambul. Se trata de un célebre conjunto comercial cubierto, el más grande del mundo en su género y una auténtica institución en la ciudad.

Sus orígenes se remontan al siglo XV, cuando el sultán Mohamed II decidió construir sobre las ruinas de una basílica bizantina el Buyuz Bedestan, un mercado cubierto de 15 cúpulas delimitado por una muralla fortificada que contenía 126 sunduks (tiendas) interiores y 14 a la calle.

Con el cobro de impuestos y alquileres, estos bazares tenían como finalidad subvenir a las necesidades financieras de las mezquitas próximas. Se cuenta que los sultanes disfrutaban paseándose de incógnito por sus calles, para escuchar los pensamientos de la gente sobre ellos.

Las vidrieras de las intrincadas calles del interior del bazar logran que los viajeros se detengan a cada paso.

Cuando un negocio llama la atención de un viajero, el vendedor inmediatamente se da cuenta y lo invita a pasar para comenzar un ritual que se repite desde tiempos inmemoriales.

Así, el viajero ingresa en un negocio de dimensiones reducidas y atiborrado de mercaderías, y toma asiento en un mullido almohadón, mientras se le ofrece un té o un café a la turca con tanta borra que se podría leer el futuro de toda la humanidad.

Mientras llega el brebaje, el vendedor con su increíble habilidad para manejar cuatro o cinco idiomas, despliega, con parsimonia, alfombra tras alfombra, cada cual más bella.

Una vez que el comprador tomó su decisión, se inicia un paso sin el cual la venta parece carecer de interés: el regateo. Para esta tarea hay que tener una idea de los valores y saber claramente cuánto desea gastar. En general se concuerda un precio que representa un 40 o 50 por ciento menos que el valor inicial. La excepción son las alhajas, que se venden por su peso en oro o plata.

Todo mezclado

Antiguamente, cada una de las setenta calles que recorren el mercado estaba dedicada a una actividad determinada: la calle de los joyeros, de los vendedores de alfombras, de las especias, de las telas, etc. Actualmente, si bien hay algunos lugares donde se concentran ciertas actividades, sobre todo joyerías y alfombras, todo está mucho más mezclado.

Nuruosmaniye Kapisi (la puerta de Osman), enfrentada a la mezquita del mismo nombre, es un excelente lugar para iniciar una visita al bazar. Las calles están cubiertas por luminosas cúpulas, y recorridas por una multitud abigarrada donde se mezclan las dos caras de Turquía.

Dos caras de un país

Una es moderna y occidental, representada por mujeres con ajustados jeans y hombres con teléfonos celulares; otra es tradicional e islámica, con mujeres vestidas de largo, pañuelos que cubren sus cabellos y grandes bultos en su espalda.

A pasos de la puerta, está la calle de los joyeros, Kalpakxxxxxxxxilar, con las vitrinas cubiertas de collares y pulseras doradas, con acento kitsch, pero interesante trabajo artesanal.

Más adelante, en el sector de las alfombras, las hay de todos los tamaños -desde la pequeña para la plegaria musulmana hasta las que alcanzan cuatro metros de largo- y diseños, que cambian de acuerdo con la región en la que se realizaron.

Los precios varían según el tamaño, la complejidad del diseño y la materia prima. Por supuesto, las de seda son más caras que las de lana, que parten desde los 40 dólares.

Hacia el mediodía, el llamado a la plegaria que sale de las cinco mezquitas del bazar inunda todos los recovecos del mercado; la actividad decae y los hombres se acercan a los lugares de culto o simplemente extienden un tapiz en el interior de su comercio para orar, siempre orientados hacia La Meca.

Es un buen momento para instalarse en alguno de los bares del bazar, poblados por parroquianos que fuman el narguile, beben té o café y juegan a las cartas o al backgammon.

Por pocos pesos se pueden degustar las tradicionales mezes (entradas), compuestas de quesos, ensaladas varias, puré de berenjena y pimientos, para continuar con una sabrosa carne de cordero o pollo, y terminar con esos exquisitos baklava , postres de hojaldre bañados en miel y rellenos con pasta de almendra.

Por la tarde, se impone una visita al mercado de las especias o mercado egipcio, porque desde allí llegaban las especias a Estambul.

Los aromas y colores son inolvidables: el amarillo del azafrán se mezcla con el verde de la menta y el rojo rabioso del pimentón. Se agregan los olores de la salvia, el jengibre, la canela, la nuez moscada, los pimientos y las berenjenas secas.

Entre las tiendas se destacan Malatiya Pasari, que prepara mezclas afrodisíacas, y Fuar Pasari, una perfumería donde se combinan esencias para crear su perfume soñado.

Datos útiles

Cómo llegar: el pasaje aéreo, de ida y vuelta, hasta Estambul cuesta desde 1300 dólares.

Alojamiento: una habitación en un hotel económico cuesta entre 6 y 15 dólares. En uno de tres estrellas, entre 15 y 50, y en uno de cinco, desde 150.

Gastronomía: una comida en un restaurante de primer nivel ronda los 20 dólares, pero a partir de 2 dólares se puede comer.

Bazar: está abierto de lunes a sábado, de 9 a 19. La mayoría de los comercios acepta tarjetas de crédito. Regatee siempre los precios. Aunque es un sitio seguro, conviene cuidar la cartera.

Más información: embajada de Turquía, 11 de Septiembre 1382; 4785-7203. Atención de lunes a viernes, de 10 a 16.

En Internet:

Marcos Joly

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