
¡Qué lindo cuando una mañanita como hoy el termotanque eléctrico te declara la guerra y muere! La lucecita esa naranja que marca que está vivo, ocupado calentándote el agua de tu baño matinal, está completamente apagada. Y no hay que insistir con enchufar, desenchufar, enchufar, desenchufar porque no hay respuesta. Dead.
Las opciones son: bañarse y morir, no bañarse y bueno... ¿Mi solución? Escaparme al gimnasio y bañarme ahí con todo el asco que me da. Porque yo soy muy asquerosita con eso de pisar pisos ajenos y bañarme en baños extraños y ni que hablar de lavarme el pelo con champú de sobrecito y secármelo con un secador de de 2W de potencia que cuelga de una pared con la ilusión de que alguien se lo robe (como si eso fuese posible).
En verano este sería otro cuento, hoy se parece más a una pesadilla.
Y todavía ni empezamos con el tramiterío del termotanque que supuestamente sigue en garantía y la instalación y cuánto sale y qué hago hasta entonces. Estoy a esto de abandonar el hogar para ya no volver.
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