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 • HISTORICO

Amor y paz





Publicado por Silvia

El domingo fuimos a almorzar a un lugar que nos gusta donde suelen tardar muchísimo en traernos la comida. Bueno, en realidad me gusta más a mí. Silvio prefiere el mundo de los bodegones, pero a mí últimamente me gusta que tengan plantitas, luz y no mucho ruido. Después de levantarnos, coincidimos en que nos daba bastante pereza cocinar y que tampoco teníamos muchas opciones en la casa, y pude convencerlo a Silvio de ir a este lugar. Él no quería, porque la última vez se habían zarpado en la demora (una hora y diez minutos para unos platos muy sencillos). Pero el día estaba bien, y en ese lugar entra mucha luz desde un patiecito. Llegamos relativamente tarde (nos levantamos absolutamente tarde), así que había muy pocas mesas ocupadas. Teníamos tres diarios y un libro. Evidentemente, planificábamos una tarde larga, acorde a la espera. (Silvio sabía que iba a resignar su hábito de ver fútbol los domingos, pero aunque creo que no lo dijo ni lo dio a entender, muchas veces lo resigna, y no sólo por "compromisos inamovibles", sino también para estar conmigo).
Primero, hicimos un par de comentarios de la fiesta de cumpleaños a la que habíamos ido la "madrugada anterior" (¡qué tarde que festeja la gente!). No sé si es algo de la adultez, pero últimamente me encuentro haciendo muchas observaciones sobre las casas de la gente: ¿viste qué linda la biblioteca? ¿Viste qué amplio el living? ¿Viste qué buena la iluminación? Silvio coincidió. Después, abrimos los diarios y estuvimos como una hora callados, leyendo cada uno lo suyo, hasta que vino la comida. Antes de ese momento de gloria, por momentos Silvio me buscaba con la mirada –me daba cuenta- para criticar la espera y, seguramente, decirme que era la última vez que íbamos ahí. Pero no le di ni media cabida así que no me dijo una sola palabra. Comimos, también en silencio, mirando de reojo los diarios. Y levantando la vista para comentar alguna noticia. Eso traía más conversación, aunque luego inevitablemente cada uno volvía a lo suyo. Habremos estado como dos horas y media más así. Yo me dediqué a los tres diarios y Silvio en un momento agarró el libro de 800 páginas que está leyendo (habiéndolo cargado, si no lo leía era un pecado).
Así pasó el día como hasta las 7, cuando decidimos volver al hogar y tirarnos en la cama.
En fin. Entonces, nada. Para nosotros también hay días que son así... hermosos y silenciosos.
¿Ustedes? ¿Cómo pasan sus días de relax?

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