

Gaudí no es sólo Barcelona: también, la maravillosa catedral de Palma de Mallorca y, ¡oh sorpresa!, tiene otro tesoro escondido en Comillas, Santander, en la costa cantábrica.
La historia es así: un adinerado caballero, don Máximo Díaz Quijano, quería construir una casa sobre un solar que era entorpecido por un declive que debió ser nivelado. Su idea era romper con el estilo de las casas del Cantábrico y le pidió a Gaudí que diseñara un proyecto que debía adaptarse a las costumbres de un hombre rico, solterón y con una intensa actividad social.
La fuente de inspiración del arquitecto catalán para El Capricho fue el colorido de la hierba. Por razones de distancia, Gaudí fue una sola vez a ver el terreno y tomó todos sus recaudos para dirigir la construcción a distancia. Los expertos dicen que empleó azulejos "para acentuar su estilo árabe" y abundantes girasoles esmaltados de cierta raigambre hispánica; enlazó "la floreciente edad medieval de su Cataluña y la gracia de sus residencias orientales"; agregan que su delgada torre se corona con un tejadillo "que parece haberse liberado de la gravedad". "La Torre sin función alguna es caprichosa", dijeron.
Tal vez a este detalle deba su nombre, o a los deseos excéntricos del adinerado solterón. Así fue cómo le quedó el nombre de El Capricho.
Hoy, El Capricho se ha convertido en un excelente restaurante donde se come estupendamente, con platos que se sirven en porcelanas de pálidos diseños gaudianos .
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