
Créditos: Ohlalá
Termina el día de montaña y todos descienden a la base. Allí, cruzando un pintoresco puentecito sobre el arroyo, llegamos a Morada del Aguila, una confitería-restó que sirve los más ricos cafés y deliciosos platos fueguinos. La Morada está rodeada de árboles. En su arquitectura combina madera, piedra y vidrio, logrando unir lo rústico y lo moderno, el interior y el exterior de este precioso lugar.
Es ahí donde todos los atardeceres Pippol ameniza con su música la llegada de la noche. Afuera, todo es blanco. Adentro, los sillones alrededor del hogar cobijan a los esquiadores. El relax es total. La música acompaña. Las charlas se prolongan…
Y mientras unos parten y otros llegan, el residente se queda toda la temporada tocando en la Morada. "Es genial volver a Ushuaia y estar en el cerro. Hay mucha nieve y después de surfear me pongo unos discos", dice un Pippol contento. Los más pequeños miran las bandejas con curiosidad. Los jóvenes se ríen y comentan hazañas, los demás disfrutan del grato momento antes de la cena. El Après-Ski del Castor es una muestra de elegancia y modernidad en la montaña, con mucho estilo propio.
Los hospedados en el flamante Ski-Lodge son los últimos en irse. Viven el privilegio de dormir al pie del cerro. Pippol queda solo, escuchando más discos con auriculares. El chef Antonio lo mira sonriente. Federico, a cargo de la Morada, se acerca al hogar a charlar un rato más con los que menos apuro tienen. Todo muy cálido, muy genuino. Así es aquí después de la última bajada.
Quién es Pippol
Nació en Buenos Aires, en 2002 fué elegido residente de CluBBing, las fiestas electrónicas más australes del planeta. Aunque nunca había visto nevar, jugó al hockey sobre hielo toda su vida. Siempre tuvo un amor escondido con el frío. Cuando llegó, se adaptó fácilmente. Patinar, surfear, navegar el Canal Beagle… Todas experiencias extremas y gratificantes, como tocar en un lugar tan particular y encantador como Morada del Aguila. Se dio de un día para el otro, preparó el bolso, embaló las bandejas y vino. "El lugar me encanta porque está en medio de la nieve y lejos de todo", comenta. "Por suerte yo vivo acá cerca, en Las Cotorras, y casi siempre me vengo caminando". Pippol disfruta su trabajo, que lo trajo a los confines de la tierra para llenarlos de música.
Nació en Buenos Aires, en 2002 fué elegido residente de CluBBing, las fiestas electrónicas más australes del planeta. Aunque nunca había visto nevar, jugó al hockey sobre hielo toda su vida. Siempre tuvo un amor escondido con el frío. Cuando llegó, se adaptó fácilmente. Patinar, surfear, navegar el Canal Beagle… Todas experiencias extremas y gratificantes, como tocar en un lugar tan particular y encantador como Morada del Aguila. Se dio de un día para el otro, preparó el bolso, embaló las bandejas y vino. "El lugar me encanta porque está en medio de la nieve y lejos de todo", comenta. "Por suerte yo vivo acá cerca, en Las Cotorras, y casi siempre me vengo caminando". Pippol disfruta su trabajo, que lo trajo a los confines de la tierra para llenarlos de música.
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