
Ballena a la vista
Los gigantes del mar vuelven a ser protagonistas en Península Valdés; allí se quedarán hasta noviembre
9 de julio de 2006

Llegaron puntuales, como todos los años. Desde fines de mayo se las puede ver ensayando piruetas, ágiles a pesar de los miles de kilos, mientras sus inconfundibles alaridos resuenan en el cielo abierto de la Patagonia.
Este invierno, las ballenas de la especie franca austral serán, una vez más, las estrellas indiscutidas de las costas del Chubut, donde año tras año se arriman para aparearse y dar a luz.
Desde El Doradillo, a 19 kilómetros del corazón de Puerto Madryn, es posible observar cómo se aparean, amamantan a sus crías o simplemente juegan con éstas durante horas. Y todo desde tierra firme, aunque sólo hasta la primera quincena de septiembre. A partir de esa fecha, cuando los ballenatos ya están en condiciones de nadar hacia la boca del golfo, habrá que embarcarse si uno quiere apreciar de cerca estos colosos de sangre caliente y hasta 40 toneladas.
Las lanchas parten desde el caserío de Puerto Pirámides, que con sus 300 habitantes es la única población de Península Valdés -un triángulo de tierra adentrado en el mar-, y la salida cuesta alrededor de $ 70 por persona (aumentaron $ 10 respecto del año último). Enfundado en un piloto y debajo de un grueso salvavidas, el turista deberá tener siempre a mano la cámara, porque las ballenas aparecen de improviso. A veces, si se tiene suerte, dejan asomar su famosa cola, y entonces es una fiesta de exclamaciones y suspiros.
El show dura hasta noviembre, cuando los cetáceos se alejan definitivamente mar adentro en busca de alimento. Se calcula que en el mundo hay unas ocho mil ballenas de esta especie, y en la zona de Península Valdés, unas 1500. Aunque nunca están todas juntas; en la época pico (septiembre y octubre) hay cerca de 600.
No hay duda: las ballenas son los mamíferos marinos más fotografiados de la temporada. Pero no son los únicos. Desde Punta Delgada a Punta Norte, los lobos y elefantes marinos que retozan a lo largo de las costas también reciben su merecida cuota de protagonismo. Y verlos en plena época de cortejo es un espectáculo que vale la pena.
En Punta Norte (72 kilómetros de ripio desde Punta Pirámides), los primeros machos adultos de elefantes marinos comienzan a llegar a principios de agosto para adueñarse de un sector de la playa, reunir a tantas hembras como les sea posible y conformar así su harén (en el caso de los lobos marinos, este ritual se da a partir de diciembre).
Todo entre gruñidos, bravuconadas, falsa indiferencia y furiosos resoplidos, esos que los lleva a dilatar las narices de sus trompas y hacer que uno adivine el porqué de su apodo (la misma trompa u hocico que a veces alzan en dirección al cielo, en la clásica postal de la Bristol marplatense).
Mientras tanto, las crías balan como corderos, y muchas de ellas corren el riesgo de ser aplastadas por los machos en celo. No hay que olvidar que éstos pesan entre dos y tres toneladas (hasta ocho veces más que una hembra adulta) y miden unos seis metros (de vuelta, hasta tres veces más largos que sus compañeras). Durante esta época de reproducción, además, los machos permanecen en ayuno -subsisten con sus reservas de grasa- y casi no duermen, dedicando la mayor parte del tiempo a defender a sus hembras de las pretensiones de otros machos.
El viaje hacia Punta Norte también regalará otras sorpresas: en el recorrido se puede ver guanacos, peludos, martinetas, gatos monteses y ñandúes (para ver el simpático pingüino magallánico, ese de frac y jopito punk en los más jóvenes, habrá que esperar hasta el verano).
También se podrá ver alguno que otro ciclista pedaleando en la planicie árida de la península, que ofrece interesantes circuitos de trekking y mountain bike.
Los aficionados al windsurf, además, encontrarán un aliado en los vientos patagónicos para deslizarse por la superficie del Golfo Nuevo, mientras que los amantes del buceo estarán de fiesta: Puerto Madryn es considerada la Capital Argentina del Buceo, una actividad que se puede realizar durante todo el año (eso sí, habrá que animarse a sumergirse en las gélidas aguas australes, traje de neoprene de por medio).
Además de una fauna rica en salmones, meros, pulpos y algas, entre otros, o de los numerosos parques submarinos artificiales (se han fondeado desde ómnibus hasta busques pesqueros), desde este año las aguas turquesa de Madryn también ofrecerán una nueva experiencia: nadar con lobos marinos. Después de varios años de prohibición, la actividad estará regulada y se hará de mañana, en grupos que no superen los seis buzos, con instructor, y en salidas de 45 minutos, en las que, por supuesto, no se podrá tocar los animales.
Y si piensa estar para el 28 de julio, día en que Puerto Madryn cumple su 141° aniversario, habrá, como todos los años, una recreación del encuentro de galeses y tehuelches (la relación entre ambos marca uno de los escasos ejemplos de convivencia entre pueblos de culturas diferentes, sin someterse unos a otros). Es que el 28 de julio de 1865, 150 galeses desembarcaron en estas costas a bordo del buque Mimosa, escapando de la opresión inglesa del oeste de Gran Bretaña, y bautizaron a la ciudad en homenaje a Love Jones Parry, barón de Madryn en Gales.
Huesos, calderas y otros vestigios de una matanza
Durante el siglo pasado, la caza indiscriminada de lobos marinos en la costa patagónica puso a estos ejemplares al borde de la extinción. De su gruesa capa de grasa se obtenía aceite, a su vez utilizado como combustible de lámparas, lubricante o materia prima en la industria de pinturas, jabón y alimentos.
Sólo en Península Valdés, entre 1917 y 1953, se mataron a garrotazos 260.000 animales (en especial hembras a punto de dar a luz, ya que la piel del nonato se cotizaba triple). En Punta Norte todavía quedan vestigios de las matanzas: calderas de hierro utilizadas para derretir la grasa de los animales, cueros desparramados entre los arbustos de la costa o millares de huesos que blanquean las playas.
Hoy, a más de 20 años de haberse suspendido la cacería, la población de lobos en la península se estimó en 15.000, cifra que en otras épocas se eliminaba en menos de una temporada de faenamiento.
Datos útiles
Cómo ir
Desde Buenos Aires, los pasajes de ida y vuelta en avión a Trelew se consiguen a partir de $ 550. Desde allí hay servicios de ómnibus a Puerto Madryn por $ 15. En auto, son 1305 km por Autopista a Cañuelas y ruta 3. Los ómnibus coche-cama desde Retiro están alrededor de los $ 140.
Alojamiento
Este invierno, Madryn estrena 180 nuevas camas. Pero además de la gama de hoteles, aparts y cabañas con que dispone la ciudad, hay una serie de estancias y lugares que ofrecen alojamiento y la posibilidad de compartir tareas de campo (El Pedral, San Lorenzo, La Ernestina, Loan Blanc, Bella Vista, Rincón Chico, Faro Punta Delgada, El Deseado y La Elvira son algunos).
Ballenas
Si el avistamiento es desde la playa, hacerlo en el horario de pleamar, cuando los mamíferos están más cerca de la costa. El avistamiento con prestadores dura unas 2 horas.
Buceo
En verano, la temperatura del agua es de unos 18°C, en julio y agosto de 11°C, y en septiembre de 8°C. Los gruesos trajes de neoprene se encargan de aislar del frío.
En internet
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