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 • HISTORICO

Camellos, noches en el Nilo, snorkel y Vía Crucis

Estuve en... Egipto y Jerusalén Ezequiel Fattorini




Gracias a la bendición de una beca para cursar un master en Barcelona, y luego de nueve arduos meses de estudio, me dispuse a finalizar mi estada en el Viejo Continente con un viaje de 22 días, tan loco como inolvidable. Mi destino inicial fue Grecia, donde pasé dos días en Atenas y dos en la isla de Mykonos, preparándome para aterrizar en Alejandría, norte de Egipto.
Tras llegar a esta ciudad y luego de treinta minutos de negociación con un taxista a causa de su sobrevaluada tarifa, además de confiar en los caros consejos de un oficial que me ayudó a encontrar un hotel, consigo dormir en una habitación por 14 pounds egipcios (8 pesos). A los dos días viajo en tren a El Cairo para recorrer el desierto, cabalgar sobre un camello muy delgado y conocer las pirámides de Keops, Kefren y Micerino. Desde ahí me dirijo hacia el sur de Egipto (Abu Simbel), pasando por Aswan y subiendo hacia Luxor. En este lugar se me ocurre la excelente idea de vivir un día y medio en una felucca, pequeña embarcación egipcia con capacidad para seis personas, que me permitió dormir sobre el río Nilo, bajo un cielo totalmente estrellado.
Sintiéndome como Leonardo DiCaprio en la película La playa , escucho comentarios sobre un lugar paradisíaco llamado Dahab, enclavado sobre la costa norte del Mar Rojo, donde el agua es una de las siete maravillas del mundo. Después de varios días en esta asombrosa playa, haciendo snorkel y mirando atardeceres que permiten visualizar las montañas de Arabia Saudita, regreso a El Cairo para dirigirme hacia uno de mis sueños: Jerusalén. Luego de sobrevivir a un extenso cuestionamiento acerca de mis motivos de ingreso al país puedo cruzar la frontera, pisar suelo asiático y tomar un ómnibus que en cinco horas me conduce hacia mi destino final.
Sobre la madrugada, me encuentro entonces con el Muro de los Lamentos, aún repleto de personas rezando, y decido levantarme muy temprano para recorrer la Ciudad Vieja. Visito lugares como la Sagrada Sepultura, rezando y viviendo el Vía Crucis y llegando hasta el lugar de nacimiento de la Virgen María. Temiendo despertarme y darme cuenta que todo había sido nada más que un sueño, llego nuevamente a Barcelona, para subir al estrado, tomar mi diploma y volverme a mi querido Buenos Aires.
¿Descubrimientos para compartir? ¿Un viaje memorable? Esperamos su foto (en 300 dpi) y relato (alrededor de 2000 caracteres con espacios).
Envíe sus compañeros de ruta a la Redacción de Turismo del diario LA NACION, por carta a Bouchard 557, 5º piso (1106), Capital Federal, o vía e-mail a: turismo@lanacion.com.ar

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