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Camino a Brandsen, un sabroso y auténtico raid gastronómico

Paradores exquisitos en las inmediaciones de la ruta 210


Créditos: Ohlalá



Después del cruce con la ruta provincial 6, el camino a Brandsen o ruta nacional 210 tiene la clásica oferta de carnada para los pescadores (mojarra, isoca, lombrices) que van rumbo al Salado, en General Belgrano, o que en Ranchos desvían por la ruta 20 hacia la laguna de Chascomús.
Pero la 210 también sirve para detenerse en algunas postas de artesanías regionales y acopio de productos granjeros. La posta más reciente -Almacén de Campo, su simple nombre- abrió hace apenas un mes y está en el flanco derecho del kilómetro 58, rumbo a Brandsen.
Desde allí se avista la curiosa arquitectura de torre tronchada de la iglesia de Santa Clara de Asís, parroquia de Domselaar, la localidad bonaerense señalizada con los aparatosos carteles de estación, pero al borde de la ruta.

El descanso del guerrero

Este nuevo apeadero tiene la particularidad de pertenecer a las últimas 15 hectáreas que quedaron de lo que fue la estancia San Carlos de Guerrero.
Conserva la soberbia forma de su casco -castillo construido por Antonio Guerrero (hermano de Felicitas)-, ampulosa arquitectura diseñada a fines de siglo XIX y que sobrevive apenas como domicilio de su nieta, Josefina Guerrero.
El casco está rodeado de añosa y abundante arboleda que preserva de toda curiosidad, pero está a poco más de un centenar de metros del alero de Almacén de Campo. Es un lugar tranquilo donde bajar la adrenalina gestada por el manejo sobre una ruta tan vieja como angosta.
A pasos del monte y del castillo se pide una picada que sirven con chorizo y queso de campo, aceitunas y berenjenas escabechadas (por 4 pesos) para acompañar un Gancia (1,50) o a una cerveza de litro (2).
Es parador para pescadores madrugadores que quieran desayunar con provisiones caseras, como las mermeladas y a veces las medialunas (informes por el 02225-491148 y 491290).
Para el acopio doméstico adornan las estanterías coloridos licores caseros, mientras cuelgan chorizos y quesos para usar en entremeses urbanos. Pero vale la pena recorrer la variedad de velas artesanales, muebles y adornos de campo, cerámica salteña y las ponderables obras de la escultura de Josefina Guerrero, la dueña de casa.
Allí se acelera un emprendimiento turístico que encabeza el hijo de Josefina, Juan Carlos Magyary, que alista su restaurante de campo y asador criollo -que abrirá en un par de semanas-, servido en instalaciones dentro del parque de la estancia. Planifican ofrecer un día de campo con almuerzo criollo, cabalgatas y té formal en la terraza del castillo.
Si se sigue camino de Brandsen, cuando se bordea la ciudad por la parte urbana de la ruta 215, aparece el veterano enclave parrillero Don Clemente, requerido por costillares al asador, lomos de cerdo y empanadas fritas.

Pollo relleno y arte metal

Pero si se está en la búsqueda de un restaurante con alguna tradición pueblerina, atendido con mozo de saco blanco, moño negro y modales de club privado, hay que sentarse a la mesa de La Posta del boulevard Las Heras y Juan José Paso porque, además, luce una vitrina con las buenas artesanías metalizadas de Alberto Mogliani (se lo contacta por el 02223-42443), piezas en venta según el listado en carpeta de mostrador.
De La Posta (reservas por el 02223-43078) conviene pedir el medio pollo de la casa en porción como para compartir, deshuesado y a la plancha, servido con papas españolas, dos huevos fritos, panceta, jamón, lechuga y tomate, morrón y aceitunas (12,50 pesos).
Con igual guarnición y posibilidades para dos platos, sale el bife La Posta o supermariposa (a 11 pesos). La milanesa de la casa es de ternera, con queso, rodajas de tomate, ajo y perejil (6,50 pesos). El pollo relleno y al horno descubre sabores de jamón, panceta y morrón, y resulta tan bueno como lo son allí los pequeños detalles, la pulcritud, una planchada de entrada en desnivel para lisiados y el buen paté como entremés de la casa.
Todo en una ciudad agrícola que no despista, porque seguro que lo recuerda un póster del próximo remate de animales de cría e invernada.

Cómo llegar

Los viajeros pueden llegar en automóvil a la ruta provincial 6, ésta debe recorrerse hasta su cruce con la ruta nacional 210, que llega a Brandsen. Desde la Capital Federal se llega sin pago de peaje alguno, de cruzar por el sureño puente que lleva a avenida Pavón de Avellaneda, ancha avenida que se libera de su abundante tránsito en la rotonda de Burzaco, para seguir como una doble autovía hasta San Vicente y un poco más. La ruta se angosta luego, pero siempre sin peaje.
Francisco N. Juárez

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por Redacción OHLALÁ!

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