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Cerca del paraíso, Porto de Galinhas

A poco más de 80 kilómetros de la gran ciudad de Recife, una buena playa para buceo, surf y ocio sobre arena blanca y finita




PORTO DE GALINHAS.- Hay razones de peso para que Porto de Galinhas, el principal balneario de Pernambuco, haya sido elegido por cuarto verano consecutivo como la mejor playa de Brasil por una revista especializada de este país. La villa erigida en medio de una línea continua de 32 kilómetros, de arena blanca y palmeras, bañada por un mar de agua transparente a 28°C, cuenta con la mayor infraestructura hotelera y gastronómica de la zona y está rodeada de un entorno natural comparable con el paraíso, donde deslumbran las piscinas naturales, el principal gancho turístico del lugar.
Se trata de una formación de arrecifes de piedra y coral a veinte metros de la playa, que queda a la intemperie durante la bajamar, formando auténticos estanques rocosos, uno de ellos parecido al mapa de Brasil, en los que cientos de peces multicolores quedan atrapados hasta la creciente. El espectáculo se puede presenciar de cerca en una de las cuarenta jangadas -especie de balsa de vela-, que esperan en la arena a los turistas, para trasladarlos hasta la piedra.

En profundidad

La única manera de disfrutar las piscinas es ir calzado, de lo contrario los erizos y los filos coralinos harán imposible caminar sobre el arrecife. En cambio, los turistas más avezados, los visitantes habituales y los siete mil pobladores se ahorran la navegación y hacen el recorrido a pie, en fila india, con el agua a la altura de las clavículas. Manglares, tortugas marinas, hipocampos, un parque natural que conserva decenas de aves y reptiles, además de la chimenea de un volcán extinto de veinte metros de altura, un baobab de 350 años y 15 metros de diámetro plantado por esclavos completan el escenario.
Porto de Galinhas es ideal para bucear y hacer snorkel, en la porción de mar protegida por los arrecifes. Al mismo tiempo es venerado por los surfistas que jinetean las altas olas que se forman con la creciente en la costa con mar abierto.
Si bien hay visitantes extranjeros, el grueso del turismo es interno, y los fines de semana el lugar se colma de representantes de la clase media de Recife, la segunda ciudad más grande del nordeste brasileño, con 4 millones de habitantes.
El tramo céntrico de la playa es explotado por emprendedores que instalan sombrillas de cuatro metros de diámetro con cuatro reposeras y una mesita que alquilan al solo costo de consumir allí las bebidas y los platos de pescado entero, frito, con guarnición de ensalada mixta, arroz y macaxeira (mandioca) a un promedio de US$ 17. Pero la playa es un desfile de carritos de tracción animal, que venden camarones, ostras, brochettes de carne o pollo, queso asado a la brasa, ensopados de mariscos o pescado, cocos fríos, bebidas heladas, artesanías, cremas y hasta CD. La playa estrella del verano brasileño atraviesa un momento comparable a la adolescencia: ya no es el pueblito costero que en 1986 se volcó al turismo con la primera hostería, pero le falta inversión y tiempo para ser un destino como Angra dos Reis o Florianópolis. "Así está bien, ni muy pequeño ni muy grande, es más tranquilo y se disfruta más", dijo Junior Aguiar, un joven que trabaja con su auto particular trasladando turistas de Recife a Porto. Razones no le faltan. El centro de Porto de Galinhas es tranquilo y es raro que se denuncie un robo. Es posible transitar a pie, aun de noche.

Nombre de triste origen

Puerto Rico llamaban los portugueses al lugar desde el que exportaban medicinas y Pao Brasil, un árbol que da un fruto redondo oriundo de Africa, con una pulpa similar a la miga de pan cuando está cruda, que era sembrada por los esclavos y de ella se alimentaban. Cuando la esclavitud quedó abolida, los traficantes de humanos secuestrados en Angola encontraron aquí, desde 1850, una zona liberada para desarrollar su actividad. Cada remesa nueva de esclavos era anunciada por los traficantes con la contraseña tengo gallinas nuevas en el puerto, y de allí quedó el nombre de Porto de Galinhas.
Se cuenta por aquí que el montón de piedras apiladas en la playa son restos de un puesto militar construido para contrarrestar a los contrabandistas. Entre 1900 y 1960, el sitio fue elegido por los dueños de los ingenios azucareros que dominan la región como lugar de veraneo. Pero fue a fines de la década del 80 cuando se construyeron los primeros hoteles en Porto de Galinhas, y años después comenzó el desarrollo de playas linderas como Muro Alto, Maracaípe, Cupe y Toquinho.

Datos útiles

Cómo llegar

Un vuelo directo de Buenos aires o con escala en San Pablo cuesta US$ 470 por TAM.
El transfer desde Recife hasta Porto de Galinhas, US$ 37.

Alojamiento

Hay coquetas posadas desde US$ 50. También hay opciones más económicas, tipo hostels. Más exclusivas y caras también, siempre.

Actividades

Alquiler de Boogie, US$ 35 por día; de auto por día sin kilometraje, desde US$ 40; buceo con alquiler de equipo, US$ 35.

www.guiapernambuco.com.br

Silvio Bocchicchio

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por Redacción OHLALÁ!

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