
Benjamín tiene hoy algo importante que decirles. Y si él pudiera hablar, de mil amores se los diría. Pero ya vieron ustedes, apenas puede con "mamá" (¿o era papá?), así que tomo la palabra y les cuento yo, que se me suele entender mejor -aunque no digo que absolutamente-.
Bueno, al punto y sin vueltas: que hoy es nuestra despedida. Sí, que nos vamos. O sea, no es que nos vayamos a otro sitio a contar nuestras aventuras, es que las dejaremos ya de contar. Y no es que no nos guste o no nos haya gustado hacerlo, es que -por una serie de factores diversos- no podremos ya hacerlo más. No al menos de la manera que corresponde.
La verdad verdadera es que Benjamín va a extrañar a sus tías cibernéticas. Y la madre, ni les cuento. Ya se había malacostumbrado a recibir casi a diario mimos y elogios hacia su pequeño retoño. Pero lo dicho, que no podemos continuar y que llegó el momento de la virtual despedida.
Quiero que sepan que para mí fue una maravilla este diario no íntimo de mi embarazo primero y de mi modesta vida como madre después. Pero contar mis peripecias fue acaso lo de menos. Aquí lo de más, y lo mejor, no lo he hecho yo sino ustedes. Así las cosas, dar un pasito al costado resulta apenas anecdótico.
Poco tenían que hacer aquí Benjamín y su mamá si no hubieran estado tantos alrededor: Morsa, Terremoto, Bodoque, Ulises, Maxito, Santino, Vicky, LicSole, MarceMacías, Charo, Missmimi, Eugue, Ludmila y tantos, tantos más (no vale enojarse, nombro nomás a los primeros que me vienen a la cabeza).
No voy a ser yo la que les venga con la novedad, pero, por aquí, hasta hemos seguido partos en vivo. Y se arrimaron al fogón no sólo mujeres en la dulce espera. Nos leyeron las que buscaban y las que tenían. Y las que no tenían y empezaron a tener, y vinieron corriendo a contarlo aquí, llenas de felicidad. Por eso insisto, lo mejor aquí lo han puesto otros:
Por lo demás, por aquí no queda más que agradecer. A ustedes primero, por lo que acabo de decir, y porque hicieron de mi vida como madre una experiencia más única todavía. Fueron, y lo vuelvo a decir, el verdadero motor de todo esto.
Luego, nuestros agradecimientos a Ohlalá!, por darnos el lugar, el espacio y el tiempo. Y a Yamila, vaya nuestro reconocimiento público, que es quien anda lidiando a diario con los asuntos bloggeros.
Y si nos vamos, seremos como esos novios errantes: nos iremos a medias. La historia -la de ustedes, la de tod@s-, ya lo saben aquí varias, sigue por acá: en Facebook .
Para el final, me permitirán ustedes un mensaje personalísimo:
Mami, falta re poquito para que tengas a tu nieto cerca. ¡Qué felicidad!
¡Chau!

(P.D.: dice Benjamín que los quiere mucho y que esto es nomás un hasta luego)
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