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 • HISTORICO

Cine de pueblo y un pueblo en el cine, casos de película

Carlos Keen lleva varias temporadas de éxito con sus ciclos de Bici Cine, en tanto un documental que retrata la vida de Ernestina tuvo un emotivo estreno local




No es que la gente vaya a ver cine en bicicleta, por más que la propuesta se llame Bici Cine.
Es, más bien, un juego de palabras entre el autocine de viejas épocas y el medio de transporte por excelencia de un pueblo como Carlos Keen, que inauguró los ciclos de Bici Cine en el verano de 2008, y nunca se detuvo.
"La bici también está alineada con los valores de cuidado de medio ambiente que fomentamos en el pueblo", cuenta Santiago Zurdo, encargado del Centro Cultural de Carlos Keen e impulsor de la iniciativa.
El Centro Cultural funciona en el viejo galpón de la estación de ferrocarril, el mismo que durante años sirvió de depósito de granos y cereales, y por eso se lo conoce simplemente como el granero . Hoy se dictan allí talleres de orquesta infantil, de telar, de artesanías con cuero y de amasado de pan, además de contar con muestras de arte en general.
Pero cuando Santiago se hizo cargo del espacio, en julio de 2008, el lugar era de una soledad que lastimaba.
"Pasaba mucho tiempo acá, sin nadie. Entonces pensé que en el pueblo no hay sala de cine y el centro tenía todos los elementos para proyectar películas, una actividad que convoca y está buena", dice este nyc (nacido y criado) de Luján, a apenas 15 km del pueblo.
Así, con una pantalla, un proyector y un anfiteatro natural de pasto surgieron las primeras funciones, que hasta el día de hoy son gratuitas. El éxito fue inmediato.
Cada viernes, al caer el sol, familias de Carlos Keen, vecinos de pueblos cercanos y turistas de más allá también se juntan bajo las estrellas, se acomodan sobre el pasto -algunos despliegan mantas, sillitas plegables y hasta hacen picnic- y esperan en silencio hasta que se encienda la pantalla.
Las películas pueden ser de géneros tan disímiles como Cinema Paradiso , Luna de Avellaneda , Río , los clásicos de Chaplin o Los Pitufos. Se anuncian unos días antes de la proyección en redes sociales como Facebook (la página es elgranerocentroculturalcarloskeen) , y el boca en boca hace el resto de la promoción.
A partir de marzo (y cuando el tiempo no acompaña), las funciones se hacen puertas adentro del granero, los sábados, a las 15, y junto al calorcito de las estufas rusas (de adobe y ladrillo, funcionan con leña y también sirven para cocinar).
El verano pasado se introdujo una novedad: espectáculos musicales (todos a la gorra) brindados antes de del cine, una propuesta que Santiago prevé continuar el año próximo.
"Es una forma de promover el turismo también, de que venga más gente, se quede a comer y tal vez a pasar la noche." Porque aunque parezca una postal congelada en el tiempo, lo cierto es que pasan cosas en Carlos Keen.
Contacto: granerocarloskeen@gmail.com
Vecinos en acción
Lo que comenzó como un trabajo de tesis para Pablo Aparo y Martín Benchimol, estudiantes de Diseño de Imagen y Sonido de la Universidad de Buenos Aires, terminó, dos años después, en una película protagonizada por los vecinos de todo un pueblo, y que el domingo último se estrenó con enorme emoción y expectativa en Ernestina, el pueblito en cuestión.
"La película es un documental en tono de comedia, pero ante todo el retrato de un pueblo del interior bonaerense", explica Aparo, porteño de zona oeste. "Tengo parientes en Roque Pérez, cerca de Ernestina, y así fue como llegué a conocer este lugar. Y quedé fascinado", agrega.
A 180 km de Capital, Ernestina es apenas un puntito entre los partidos de Lobos y 25 de Mayo. Pero también es un viaje a un universo paralelo de gente amable y sin prisa, naranjos en flor, veredas de ladrillo y recuerdos de un pasado de esplendor, cuando el ferrocarril funcionaba a todo vapor y hasta el príncipe Eduardo VIII de Inglaterra caminó por sus calles.
"Éramos una cámara, un auto y dos personas. Así arrancamos", continúa Aparo, al recordar los inicios del largometraje, allá por julio de 2010. "En poco tiempo conocimos a los vecinos e hicimos amigos. Incluso uno, Rubén Urán, nos invitó a quedarnos en su casa cada vez que estuvimos allí."
Ernestina cuenta con poco más de 140 habitantes, aunque no más de 50 en el casco en sí. De éstos, casi la mitad participó en la película, ya sea como personajes principales o secundarios.
El resultado se llama La gente del río . Su trama gira en torno de los actos vandálicos que cometen los pescadores que acechan el río Salado y, sobre todo, a los miedos y las fantasías de la gente del pueblo en relación con estos sucesos.
Uno de los protagonistas del documental, el Flaco, murió a fines del año último, sin llegar a ver el trabajo final. Como era de esperarse, la proyección en el teatro local -que se reacondicionó y abrió especialmente para la ocasión- fue todo un acontecimiento, con sorpresas, risas y algún que otro lagrimón.
"Con luces de colores en sus calles, podría decir que el pueblo se vistió de gala para la función en el teatro, que estaba que explotaba: había unas 180 personas ahí dentro, más que todos los habitantes de Ernestina", comenta Benchimol. Pese al apretuje de gente, una de las celebrities del largometraje, Rubén Urán, no se privó de usar sombrero de cowboy para el estreno.
Ahora, La gente del río será exhibida en octubre en el festival de Leipzig, Alemania, donde fue invitada a participar después de su paso por el festival de Guadalajara. ¿Saltará alguno de sus protagonistas al estrellato internacional?

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