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 • HISTORICO

Clonaron las cuevas de Altamira

El nuevo complejo reproduce, a metros del original, las famosas pinturas rupestres




SANTANDER (dpa).- El que quería ver en persona las pinturas rupestres de las Cuevas de Altamira en Santillana del Mar, en el norte de España, debía armarse de paciencia. Los dibujos de 14.500 años de la que es considerada la Capilla Sixtina del arte paleolítico son tan sensibles que cada año sólo los podían visitar 8500 personas, a pesar de que constituían casi medio millón las que solicitaban permiso por escrito.
Pero a partir de ahora existe una alternativa. Tras cuatro años de trabajo, los reyes de España, Juan Carlos y Sofía, inauguraron el martes último una réplica de igual tamaño de las famosas cuevas, en un complejo concebido por el arquitecto español Juan Navarro Baldeweg como un museo de la prehistoria.
El Museo y Centro de Investigaciones Altamira, que abrió al público el jueves último, se levantó a 300 metros del original y se invirtieron en él unos 17 millones de dólares. Alberga además de la réplica, laboratorios de investigación, salas de exposiciones, una biblioteca y un taller de restauración.
"En la copia de la cueva todo debía ser exacto: la luz, los sonidos y también la temperatura de 18 grados", explicó el arquitecto, oriundo de Santander. La reproducción de la pintura rupestre fue igual de complicada. Los expertos trabajaron durante años con colores naturales en las imágenes y los relieves.
La ilusión de la cueva clonada es tan perfecta que hasta el mismo Marcelino Sanz de Sautuola apenas notaría la diferencia. Cuando el estudioso español informó acerca del descubrimiento en 1879, se burlaron de él, porque nadie creía que los dibujos de animales que había encontrado realmente provenían de la edad de piedra.
Los dibujos estaban tan bien preservados que algunos incluso lo acusaron de haberlos hecho él mismo. Don Marcelino murió con la triste fama de farsante de la investigación prehistórica. Sólo cuando a fines del siglo se descubrieron en el sur de Francia cuevas con pinturas similares, el hallazgo en España volvió a centrar la atención de la comunidad científica.
Hoy está claro que las pinturas rupestres de Altamira son las primeras de su tipo que fueron descubiertas. Los análisis determinaron que surgieron en el año 12.540 antes de Cristo. Altamira se convirtió así en el punto de partida para la investigación del arte paleolítico.
La cueva le debe su nombre a la pequeña hija de Don Marcelino, que en aquel entonces se coló por una grieta y exclamó en lenguaje infantil: ¡ Mira papá, bueyes, alta mira!
A la luz de su lámpara de carburo, Don Marcelino vio en el techo de la cueva un fresco maravilloso en ocre, rojo y negro con decenas de dibujos de bisontes, ciervos, caballos y jabalíes. Sanz de Sautuola descubrió alrededor de 150 dibujos de animales en movimiento o quietos en la cueva de 270 metros de largo. Los artistas de la edad de piedra utilizaron una técnica que más tarde también aplicó Miguel Angel. Se dejaron inspirar por las formas de la piedra y transformaron ésta con los colores apropiados en la forma del animal deseado.
Con el auge del turismo a partir de los años 60, la cueva se convirtió en una importante atracción. Pero la respiración y la temperatura corporal de los 160.000 vistantes que entonces ingresaban cada año por medio de estrechos pasillos destruyeron el microclima de Altamira y afectaron gravemente la pintura. Por eso, entre 1977 y 1982, la cueva fue cerrada al público. Pero ahora volverán a funcionar las taquillas. El director del museo, José Antonio Lasheras, espera anualmente hasta 400.000 visitantes.

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