
Créditos: Ohlalá
El Museo de Arte Moderno ampliado y deslumbrante. Estreno de dinosaurios en el de Ciencias Naturales. Cine al aire libre en el Bryant Park y teatro en el Central Park. Flamante shopping en Columbus Circle, con patio de comidas gourmet y sillones frente al parque. Vidrieras en Madison Avenue, que compiten en arte. Coco Chanel en el Metropolitano. La Calle 57 transformada en embajada del lujo europeo.
Broadway es apto para pasear en familia, aunque cada localidad valga 100 dólares. O entrar a mirar en la tienda de la NBA de la Quinta Avenida, con Manu Ginóbili entre sus estrellas. Más de doscientas galerías de arte en Chelsea, que se mudaron del SoHo donde ahora reinan las grandes marcas de cosmética. Está grato Harlem y surge el Meat Parking, que era el barrio de las carnicerías.
Las ofertas en las tiendas grandes o chicas son un capítulo aparte para compradores compulsivos o normales. Se escucha el deme dos en italiano, francés, alemán o ruso. Nueva York es un masaje a todos los sentidos porque estamos envueltos en una multimedia personal. Participando de una película donde los famosos son los extras y nosotros los protagonistas.
Por eso nadie le pide un autógrafo a nadie. Pero hay momentos en que necesitamos parar por un rato, decir "pido". Porque todo tiene su precio. Primero el personal, el físico, ya que estamos pocos días y queremos aprovecharlo todo sin respiro.
Madrugamos como nunca, pateamos todo el día y nos quedamos dormidos con la televisión prendida. Pretendemos comernos la Gran Manzana de un sólo mordisco y terminamos empachados.
Nos pasa lo mismo que en un parque temático en Orlando, y pasamos de una atracción a otra para sacarle jugo a lo que pagamos por las entradas, que cada vez son más caras.
Los precios en el mundo son una cosa seria. Y más para nosotros con la goleada en contra, 1 a 3. Al revés de los europeos que ganan con el cambio, aunque, ya sé, están medio asustados porque el euro dejó de subir.
La diferencia sobre otros destinos de NYC (en adelante, New York City, al decir de los escribanos) es que podemos aprovechar la competencia en favor de nuestro bolsillo.
A la hora de volar elegimos: puede ser más económico partir un día lunes o martes que un viernes. A la hora de viajar, sabiendo que el costo es de dos dólares, usamos las ventajas de las combinaciones entre subterráneo y ómnibus, o sacamos un pase ilimitado. A la hora de comer tenemos comida rápida y las ventajas de las grandes tiendas, donde se puede almorzar pagando menos que por una hamburguesa en la calle.
En el subsuelo de Macy, el menú del día para dos personas no llega a los 30 dólares. Y les doy un dato que tomé del Wall Street Journal: los mejores panchos los encontré en Gray Papaya (hay varias ubicaciones), donde pedí la promoción de $ 2,75 por dos franckfurter y un licuado de frutas.
También, si queremos una buena comida, sabemos que el menú de preteatro (de 18.30 a 19.30) o posteatro (después de las 22) cuesta menos. Y hay semanas de los restaurantes famosos, por ejemplo entre el 20 y el 24 de este mes, o entre el 27 y el 1° de julio, donde se puede almorzar por $ 20,12 o cenar por $ 35 (por persona y sin bebida, impuestos ni propina).
Hay que reservar vía Internet: www.opentable.com . Algunos museos tienen días u horarios con rebajas. Hay empresas que venden pases para varias atracciones con ventajas. Muchas de estas cosas puede averiguarlas en 810 Seventh Ave. y 53 Street, en el centro de visitantes del NYC Bureau, con intérpretes en español.
El tema del alojamiento es más complejo porque uno no puede dormir a la intemperie, aunque el tiempo sea primaveral. Por eso lo dejamos para comentarlo en otra columna.
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