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Como una obra de arte

En José Ignacio se inauguró hace un mes la Estancia Vik, donde cada uno de los doce cuartos fue creado por pintores y escultores uruguayos


Créditos: Ohlalá



PUNTA DEL ESTE.- Es difícil contestar la pregunta de cuánto vale una obra de arte. Por eso, tal vez, nadie en la Estancia Vik se atreve a responder cuál fue la inversión para construir este magnífico alojamiento en José Ignacio, que es en sí mismo una intervención artística. Cada una de las 12 habitaciones, así como los patios y comedores, fue concebida por un pintor o escultor uruguayo distinto. Para los huéspedes, casi todos extranjeros, dormir en este sitio es como pasar un tiempo en un elegante atelier, entre colores, texturas y climas de una obra con sábanas, ducha y mesita de luz.
A ocho kilómetros desde la rotonda de José Ignacio, por el camino Saiz Martínez, se llega a la Estancia Vik, que mira la laguna y domina una extensión de 1500 hectáreas. Ya desde la tranquera se puede ver el casco humeante en el medio del campo y, en el aire, flota el olor de la tierra mojada, que muchas veces antecede la lluvia, aunque en estos lados no cae agua desde hace mucho.
El establecimiento abrió sus puertas el 26 de diciembre último y uno todavía puede imaginar a los artistas mateando en un rincón, pensando las últimas pinceladas y empezando a levantar sus instrumentos de trabajo antes de que abran las puertas de las salas.
Cada uno de los cuatro patios, los dos jardines, cada rincón de estos 5000 metros cuadrados de casco está intervenido de alguna forma en sintonía con la naturaleza, con una exuberancia de colores y texturas que al mismo tiempo expresa simpleza. Los pisos, por ejemplo, siguen un orden cromático para transmitir sensaciones de ladrillos, piedras, maderas y césped.
El ala este de la estancia, con sus habitaciones y salones, está poblada de colores rojos y anaranjados, mientras que la parte oeste se inunda de ocres y marrones. En el living, diseñado por el arquitecto Marcelo Daglio, las paredes están recubiertas de cuarzos, amatistas y ágatas; el cielorraso tiene telas pintadas al óleo por Clever Lara, un importante artista uruguayo, y destaca una enorme pieza de mármol blanco del escultor Pablo Atchugarry.
Semejante despliegue no puede más que generar una pregunta obvia: ¿cuánto costó todo esto? ¿Quién es lo suficientemente loco como para reunir estos tesoros de Alí Babá en el medio de la nada charrúa?
El hombre en cuestión es un noruego apasionado del arte, llamado Alexander Vik, hijo de madre uruguaya, que hace 20 años pisó estas tierras por primera vez y hoy reparte su tiempo entre Nueva York y Mónaco, aunque muy seguido recala en José Ignacio. "Esta estancia es su forma de rendirles homenaje a los artistas y artesanos de Uruguay", cuenta Maximiliano Broquen, gerente del hotel.
Además de su pata en Punta del Este, el grupo Vik Hotels también es dueño de establecimientos en las islas volcánicas de Lanzarote, Gran Canaria, República Dominicana y Chile.

Intervención pura

Muchas obras llaman la atención en esta casa. Desde una pileta de granito negro con lucecitas que por la noche emulan las constelaciones del cielo hasta una sala de juegos con una creación de José Pelayo, a base de desechos de la construcción, o un asador intervenido a puro graffiti por el talentoso Marcelo Legrand.
Cada una de las doce habitaciones lleva el nombre del artista que le dio vida. El cuarto Carlos Musso está pintado impecablemente sobre madera; el de Eduardo Cardozo representa el campo, con colores que emulan una inmensa llanura; el de Lacy Duarte sorprende por sus hermosos colgantes de angelitos que reproducen su infancia.
Los temas de cada cuarto son importantes a la hora de pensar el perfil de clientes que los van a ocupar. "Siempre nos esforzamos a la hora de decidir qué habitación le damos a cada huésped", comenta el gerente de Vik. El precio de la noche aquí ronda los 750 dólares.
La idea de las obras es que "todo lo que se puede sacar" está a la venta, como una forma de colaborar con los artistas.
José Totah

Los proyectos de José Ignacio

Durante 2009 se empezarán a construir en José Ignacio dos proyectos de alto nivel. Uno de ellos pertenece a la cadena The Setai Group y consiste en un hotel de primera categoría, un restaurante, diez bungalows propios y 40 villas sobre la costa, según precisa Juan Carlos Sorhobigarat, director de Terramar, la empresa de servicios inmobiliarios que está al frente de la comercialización. Se estima que el monto total de la inversión durante los próximos diez años superará los 200 millones de dólares.
El segundo proyecto pertenece a Alexander Vik. El empresario construirá una casa de 4500 m2 cubiertos que en principio servirá de beach house a quienes se hospeden en su estancia. Además edificará seis viviendas. Se dice que la casa más grande tendrá un inmenso techo corredizo de titanio y la obra estará a cargo de Carlos Ott.

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por Redacción OHLALÁ!

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