
Créditos: Ohlalá
Descienden de las vitroleras, pero con alto status, al nivel de las estrellas del cine, el deporte o la gastronomía. Porque los disc jockeys, o simplemente DJ (dee jays), ya no son pinchadiscos de la época del Winco o el combinado.
Ahora son los sumos sacerdotes de la música y hasta se permiten modificarla jugando con las mezclas o con la púa en efectos especiales. Y luego lanzan esas versiones como disco propio. Al mismo tiempo impulsan modas y hasta venden ropa con su propia marca.
Algunos están casi siempre en el mismo lugar, los disc jockeys residentes. Aunque las vedettes más cotizadas del género suelen ser itinerantes. Pueden estar hoy en Ibiza y mañana en Miami.
Onda expansiva
Este fenómeno es reciente y contagioso. Los DJ son psicólogos con ritmo, muy atentos a los deseos inexpresados para crear ambiente. Por eso muchos hoteles boutique, pequeños y caros, los buscan para producir en sus bares o restaurantes ese clima de onda para que su clientela se sienta entre gente como ellos.
En París el Buddha Bar, con su elenco estable de personajes (desde la modelo top Naomi Campbell al empresario Manuel Antelo), produce su propia música y la edita a 31 euros cada disco compacto. Lo mismo hace el Alcazar de Sir Terence Conran, agregando temas de Londres o Tokio.
Y los Hermanos Costes, una versión francesa de Alan Faena, hicieron otro tanto en su hotel y ya van por el séptimo disco editado por Stéphane Pompougnac, que dejó de ser DJ para producir su música. No sólo hace su mezcla, sino hasta versiones especiales con la colaboración de Madonna. Precisamente, fue ella la que, antes de ser abrumadoramente famosa, seguía a los disc jockeys para saber cómo venía la mano.
Rápidamente, porque todo lo que es exitoso se multiplica, los hoteleros de otras ciudades los siguieron a su manera. De la misma forma que invierten en los mejores decoradores para sus espacios públicos. Su imagen entra por los oídos en el Arena de Amsterdam o el Bauer de Venecia.
Y últimamente no son sólo los alojamientos exclusivos para minorías, sino también las cadenas internacionales lo hacen. Un ejemplo son los W, el nivel fashion de Starwood, que lanzó su colección Rhythm and Muse.
Quedaron atrás los tiempos en que se iba a un hotel a dormir. Ahora son como un circo de varias pistas. Y una de sus apuestas principales es la mezcla de música.
Por Horacio de Dios
Para LA NACION
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