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 • HISTORICO

Coral Gables, la ciudad que quiso ser española

Es un refugio a pocos kilómetros al sur de Miami, donde no hay rascacielos sino castillos de estilo mediterráneo, cuyo exponente es el hotel Biltmore, que reproduce la torre de la Giralda de Sevilla y tiene la piscina más grande de ese país




CORAL GABLES, Florida.- En el condado de Dade, veinte minutos al sur de la ultramoderna Miami, de acelerado estilo de vida, hay un oasis de tranquilidad, de caminos zigzagueantes poblados de árboles retorcidos y raíces colgantes; enormes mansiones, edificios rosados y muchas fuentes de agua que dejan fluir todo un espíritu mediterráneo. Se trata de Coral Gables, una ciudad soñada.
A principios de 1920, George Merrick, su fundador, vislumbraba: "En mi imaginación, durante esos solitarios paseos por la ciudad a oscuras, reproducía en mi mente largas calles de hermosos castillos en España. Y entonces, miraba las estrellas soñando con ver aquí algún día un millar de casas que harían realidad mis castillos españoles". Y en la realidad fueron perfectos, asombrosamente españoles, tanto que hasta el rey Alfonso XVII condecoró a Merrick.
Hasta el nombre de la ciudad se relaciona con su personalidad de marcada melancolía. Coral Gables no responde al nombre de una formación rocosa como podría pensarse. Merrick se inspiró en el color coral de las tejas de su casa de la infancia.
Mediante minuciosos detalles, edificó la ciudad. Cada entrada en forma de arco anticipa su belleza arquitectónica: la Douglas es una copia de la Puerta del Sol, en España, y la De Soto se ubica entre las calles de Sevilla y los bulevares de Granada.
Tan tranquila como un centro vacacional fuera de temporada, Coral Gables es un refugio para sus habitantes, dedicados al comercio y los negocios dentro y fuera del distrito. Allí colocaron sus sedes más de 30 empresas multinacionales. Los edificios monocromáticos confunden a los visitantes, que pierden el sentido de la ubicación. Todo respeta el estilo, entona y se resiste a los contrastes. Las veredas se mantienen pulcras porque casi nadie las transita. Son pocos los que se dejan abatir por los sofocantes rayos del sol.
En pleno mediodía, algunos cubanos esperan la guagua (colectivo), resguardados bajo un distintivo gorro con visera, y se suman a la cola unas pocas mujeres mayores que no saben conducir -casi todos tienen auto- y van de compras a los megashoppings para engañar su soledad.
La guagua no llega, se hace esperar. Aunque para uno de los isleños, de unos 60 años, no es un motivo para alterarse, todo lo contrario, es su oportunidad para conversar con quien sea sobre lo que él quiera, aunque el calor se haga sentir de la cabeza a los pies y el asfalto calcine. Mientras ajusta su sombrero blanco sobre unos anteojos de sol remendados, alterna comentarios sobre sus años de cárcel en Cuba, sus anhelos anticastristas y la bella casita que comparte con su familia a tres cuadras de Miracle Mile. El calor se pone cada vez más fastidioso y ninguno de los isleños da señales de agobio, a pesar de vestir pantalones y camisas de manga larga. De pronto se ve la guagua a lo lejos, un moderno autobús azul, entre los autos deportivos que se deslizan en silencio con los vidrios herméticamente cerrados por el aire acondicionado.
En diagonal hay un shopping, y en la esquina una fuente que abre paso a la avenida Miracle Mile. Allí, las novias compran su vestido, puesto que se concentra la mayor parte de los negocios del Estado. Están Daisy Tarsi y Chic Parisien, por nombrar algunos. Un verdadero festín para la protagonista del film australiano el Casamiento de Muriel, que inventa un futuro matrimonio para probarse todos los vestidos de Sydney. Esta vez en Coral Gables y como de película, la ceremonia y la fiesta suelen celebrarse en el mismo hotel, donde también los novios pasan la noche en una suite de lujo. Pequeñas tiendas con toldos pueblan Miracle Mile. Es la calle donde las distinguidas señoras dejan su auto estacionado en diagonal para hacer sus compras y salen cargadas de paquetes. Allí está la más sofisticada orfebrería, donde el oro deslumbra por las piedras preciosas;hay anticuarios, delicados artículos de regalo siempre impregnados de un aroma dulzón, arreglos florales, casas de decoración y las últimas colecciones de moda para hombres, mujeres y niños. El buen gusto es una constante.

Leyendas vivientes

El hotel Biltmore, construido en 1926, es una de las edificaciones más famosas de esta armónica ciudad. La torre tiene unos 90 metros y es una réplica de la Giralda de Sevilla.
A fines de la década del 20 era el hotel de mayor rango de Miami; pero en 1942 fue utilizado como hospital para el ejército. En 1987, fue inaugurado como un lujoso hotel: las extravagantes arañas brotan por las paredes, inmensos pórticos separan los largos e interminables pasillos y las escaleras están alfombradas de rojo escarlata. Bajo los techos de madera labrada se celebran las fiestas más suntuosas. En otro de sus tantos salones se acostumbra realizar degustaciones de todo tipo, cuyos stands muchas veces se extienden hacia un gran balcón con vista a la piscina más grande de los Estados Unidos. Mide 1858 metros cuadrados y para llenarla se necesitan 2.271.240 litros de agua. Si bien hoy se luce en las fiestas y casamientos, embellecida por sus pérgolas y columnas, su máximo esplendor se remonta a los inolvidables shows de Esther Williams, o cuando Johnny Weissmuller ( Tarzán) fue instructor de natación del hotel y rompió un récord mundial.
Cualquier vista del hotel, especialmente de noche, parece mágica y la torre se torna más misteriosa cuando una luz la tiñe de amarillo. Su suite se llama The Everglades, pero también es conocida como Al Capone suite, ya que éste la escogió como su preferida, al igual que afamadas personalidades de la actualidad, ya sea de la política como del espectáculo: el presidente Carlos Menem, Bill Clinton, Robert Redford, Lauren Bacall y Gloria Vanderbilt. Frente a un hogar de leña, y acompañados de una copa de champagne, todas las semanas un grupo profesional de cuentistas narra atrapantes historias ocurridas en el hotel con el transcurso de los años. Los viernes por la noche la propuesta es elegir cigarros a la carta y fumarlos bajo las estrellas.

Romántica y con estilo

En Coral Gables también se ubica la única piscina de interés histórico de los Estados Unidos. Venetian Pool, romántica, invita a darse un baño con imaginación. Entre las rocas de corales nace un surtidor de agua que alimenta la piscina y salpica las piedras empotradas.
Una modelo posa para la portada de una revista, y un modisto le ciñe aún más el vestido de noche a fuerza de alfileres.La toma elegida tiene de fondo sus pórticos y columnas españolas cubiertas de musgo. Hacia un costado, caprichosa, se extiende una playa artificial. Los niños juegan hasta el cansancio junto a la cascada y los enamorados toman sol sobre las rocas al borde de la pileta.
Quien visite la ciudad por primera vez hasta casi podría adivinar los nombres de las calles, pues en su mayoría pertenecen a una región o ciudad española: Madrid, Andalucía o Cataluña. Pero cuidado, también hay muchos nombres de santos, como San Sebastián, San Esteban o Santa María.
Un paseo más alejado del centro permite encontrar grupos de casas que exhiben la pureza de otros estilos arquitectónicos. Retazos de China, Francia y Holanda reproducen, como en toda la ciudad, una esencia que no es propia, pero bien lograda.
Todos sus habitantes sienten orgullo de su ciudad. Porque ofrece el confort de la modernidad sin dejar de ser romántica. Porque las palmeras se topan con grandes fuentes de agua y las casas parecen castillos, aquellos castillos españoles que Merrick alguna vez soñó.

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