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Cruzar los Andes en Vespa

Sin prisa, un grupo de 70 scooters invadió el paso del Cristo Redentor


Créditos: Ohlalá



Juan Pablo Sala anda en dos ruedas, aunque difícilmente se lo pueda definir como motoquero, mucho menos como rocker. Ni por la vestimenta ni por la velocidad: imaginarlo con su moto Vespa por la montaña, a un promedio de 60 kilómetros por hora, es más bien el sueño de quienes disfrutan de la calma. “Lo lindo es sentirse parte del paisaje”, asegura. Hay que imaginarlo con la banda de sonido de la película Quadrophenia de fondo. A él y a otros setenta amantes de los scooters que hace dos fines de semana cruzaron la cordillera de los Andes para un encuentro binacional. Ellos son fans de estos vehículos creados para la ciudad, símbolo del movimiento mod, de los años sesenta, pero que según parece pueden salir de las urbes sin problema alguno.
“Partimos desde Uspallata, Mendoza, el viernes, a las 8. Tardamos unas doce horas hasta Santiago. Llegamos sin ninguna caída: sanos los hombres y las motos. Siempre hay un riesgo con vehículos de dos ruedas, pero lo hicimos sin mayores contratiempos”, resume Sala.
Las agrupaciones que integran el Vespa Club Argentina fueron invitadas desde Chile a participar de este encuentro. Tras 250 kilómetros de ruta zigzagueante, en Santiago fueron recibidos por otros 30 hombres con sus motos, más un grupo de carabineros que los acompañó hasta el Palacio de La Moneda, para sacarse una foto conjunta. El sábado compartieron una comida y el domingo, a las 8, emprendieron la vuelta.
“El viaje de ida fue un poco más lento que lo previsto, porque se demoraron los controles en la Aduana. Este tipo de vehículos, además, requiere de varias paradas para cargar combustible. Pero la vuelta fue más tranquila porque tuvimos viento a favor”, cuenta este abogado de 40 años, que manejó una PX 200 de producción iraní.
Juan Pablo forma parte del Vespa Club Quilmes Berazategui, junto con un par de amigos que, al igual que él, llegó a las scooters a través de la música. “Muchos del club nos conocemos por las motos, pero mi grupo más íntimo fue acercándose por bandas como Madness, The Who y los Fabulosos Cadillacs. También gracias a la película Quadrophenia. Nos gustan estos grupos desde la adolescencia, cuando uno es demasiado influenciable”, se ríe.
Para cruzar la Cordillera se organizaron en grupos de 20 a 30 motos, para no entorpecer el tránsito. Cada media hora partía otro grupo, que de todas formas se desarmaba. Los modelos son variados y de diferentes décadas, de manera que la velocidad está lejos de ser constante.
El cruce fue por el paso del Cristo Redentor. Entre las zonas que atravesaron, los sorprendió el Parque Provincial Aconcagua, y sufrieron un poco el ruido y la oscuridad en el tramo de tres kilómetros de túnel.
“Ya conocía el trayecto, lo había recorrido varias veces porque me gusta mucho la montaña. Pero lo había hecho en auto y de esa manera lo ves como una película. En el scooter, en cambio, te sentís parte del camino. La sensación con una moto rápida también es distinta. A nosotros no nos preocupa la velocidad, sino cumplir la travesía.”
Para formar parte de estos grupos hay que contar con algún modelo de la famosa marca italiana Piaggio. Mientras sean scooter, se aceptan. Este tipo de motos tiene los cambios en la mano izquierda, por eso las subidas son especialmente cuesta arriba. “La tenés que hacer en segunda, a un máximo de 40 kilómetros por hora. Somos hombres de entre 80 y 120 kilos. Cuando bajás, vas como en un tobogán, controlando el freno”, detalla.
En travesías como éstas, es imprescindible mirar los pronósticos antes de partir, porque no tienen resguardo ni pueden llegar rápido a un refugio. Tratándose de montaña, las previsiones tienen mucho margen de error, por eso les sorprendió un poco de granizo a la vuelta. Pero el principal obstáculo son los camiones. “La interacción con ellos no es fácil. Nos cruzamos un poco, no precisamente en buenos términos, pero también entendemos que ellos están trabajando y nosotros de paseo.”
Martín Wain

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por Redacción OHLALÁ!

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