
Créditos: Ohlalá
En algunas oportunidades puede que muchas mujeres no encuentren el punto justo para dirigirse a sus empleadas, delegar tareas y marcar los límites adecuados. Eso las lleva a tener conductas que pueden generar tensión en el clima de trabajo. Por eso, te damos una síntesis de los más extremos prototipos de jefas. ¿Cuál identifica mejor a la tuya?
La workaholic
Cuando llegás a la oficina, ella ya está instalada y compenetrada en lo suyo. Generalmente busca la perfección y no le gusta delegar tareas. Si bien no cuestiona tu forma de trabajar, puede que modifique lo que hacés, sólo "para que quede mejor". Básicamente, no escucha. Sólo le importa que las cosas que de ella dependen estén bien y que eso sea reconocido. Cómo tratarlas: Lo peor que podés hacer, por tu propia salud, es seguirle el juego. Ni pienses en trabajar doce horas diarias sólo para tener su aprobación. No sirve de nada que permanezcas en la oficina, cruzada de brazos. Tené la conciencia tranquila de que vos ya cumpliste con tus obligaciones.
La incompetente
Nunca está disponible. No porque esté sobrecargada de reuniones sino porque ni aporta por la oficina. Llega fresca y radiante al mediodía. Saluda sólo a sus empleados obsecuentes. Es claro que el trabajo le importa muy poco, pero tiene la suerte de rodearse de gente muy capaz y comprometida que constantemente está encubriendo su incapacidad. Su almuerzo se extiende por horas, mientras vos sólo tenés tiempo para comerte un yogur. Cómo tratarlas: Todos los días te preguntás: "¿Cómo le da la cara?". Lo ideal es tener en cuenta que no hay mal que dure mil años. Tarde o temprano, su indeferencia hacia el trabajo se verá reflejada: por más influencias que tenga, su futuro no está asegurado. Recordá estar atenta, porque no sabés nunca cuándo puede presentarse la oportunidad ideal para empezar a crecer.
La paranoica
Sus altos niveles de inseguridad logran que el inconformismo se propague por toda la oficina. Pareciera que su objetivo es complicar su propia vida y la de los demás. Por más esfuerzo que inviertas en tus tareas, siempre habrá cuestionamientos sin fundamentos. Perdés más tiempo haciendo reportes sobre tu trabajo que en las propias tareas que desarrollás. Cuando cree que sus empleados se van a rebelar en su contra, baja sus niveles de exigencia, para volver a elevarlos cuando despeja sus dudas. Si algo sale mal, cree que lo hiciste a propósito, para disgustarla. Cómo tratarlas: Dirigirte a ella lo menos posible. Cumplí con tu trabajo, con la exigencia que tu instinto te indique. Sos vos quien mejor conoce tus capacidades. No permitas que altere tu autoestima. Tené presente que no sos vos quien puede darle soluciones a su inestabilidad.
La maternal
Hasta cierto punto, es la que todos quisiéramos tener. Su principal virtud es la empatía, ya que entiende que existen problemas ajenos a lo laboral. Hace lo imposible por motivar a su gente, aunque por lo general eso no se vincula con lo económico. Te pide consejos sobre su vida afectiva. A veces hacen dudar si su espontaneidad es sincera o sólo responde al interés por evitar conflictos con su gente. Muchas veces percibís su incapacidad para poner límites o delegar tareas, lo que resulta evidente en sorpresivas muestras de autoritarismo. Cómo tratarlas: Está en vos ignorarla o seguirle el juego. Esto no significa que debas compartir con ella tus intimidades. Escuchándola y dándole algún consejo neutral, podrás dominar la situación. De todos modos, no dejes de poner sutiles límites si lo considerás necesario. Después de todo, no es tu mamá ni una amiga.
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