
Me odio por inocente y estúpida.
Me detesto por confiada y bien-pensada.
Me lo merezco por naif.
El sábado, queridísimos lectores, mi suegra decidió que el clima está ideal y que nosotros somos unos soles y que mejor se quedaba unos días más en Punta.
"Igual, ustedes, intimidad, lo que se llama *intimidad* no tienen, con tanto chico en la casa, no? No es que voy a interrumpir".
Me la tuve que fumar todo el finde (y hoy sigue acá, y ayer fue un día horrible y se empecinó con invitar a Anita y a otros exponentes de la tercera edad a jugar a la canasta).
Mi chicos la quieren. La adoran, y ella dice que Luján tiene el mismo pelo que una tía de ella que era así de rubia (conste en actas que yo era ASÍ de rubia como Luján).
Mi marido no la soporta, pero coincide en que es el elevadísimo precio que estamos pagando por ser tan pichis.
Igual nada, ayer me divirtió mucho ver cómo Anita buscaba como loca un re-fill para la petaquita.
No, Ana -le dije- pero si querés hay jugo clight de Pera.
Ja! Jugo Clight de pera le ofrecí!
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