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 • HISTORICO

Cuatro días en dos ruedas

Para motoqueros expertos, pero en lodges de lujo, de Bariloche a la X Región chilena, un circuito entre lagos, ríos y montañas




SAN CARLOS DE BARILOCHE.- Aunque hace frío y está nublado, la lluvia parece que dará tregua un día más. Una buena noticia para que la travesía sea un éxito, pero de todos modos conviene ponerse la campera rompeviento y el pantalón impermeable. A la mañana temprano comienza la ceremonia de preparación, como un ritual que se respeta paso a paso: los guantes, el casco a medida, fotos, algunas advertencias técnicas y, por último, ese sonido del motor que deleita. Las motos ya están en marcha, listas para recorrer las rutas y descubrir una Patagonia diferente.
Porque arriba de una moto BMW todoterreno el paisaje se ve y se disfruta distinto. Las distancias abrumadoras del Sur no se hacen tan pesadas, los ríos se escuchan con más fuerza y el viento no da respiro. Aunque se vaya de acompañante, en el asiento de atrás, pispeando el panorama por encima del hombro del guía, como en mi caso.
El plan consiste en unir la Argentina con Chile, en un circuito de cuatro días, y combinar la adrenalina de las motos por un entorno de lagos, montañas, estepa y hasta selva, con alojamiento de primer nivel, gastronomía gourmet y naturaleza a pleno.
Esta novedosa propuesta, que se puso en marcha durante el último verano, es iniciativa de Burco Adventure, empresa dueña de Arelauquen, en Bariloche y de dos lodges en la X Región chilena: Lago Yungue y Bahía Mala.
Aprovechando los hoteles en sitios distantes entre ellos (pero no tanto) y siguiendo la moda europea de los tours en moto, el belga Hubert Goose, dueño de Burco, compró seis BMW todoterreno, dos de 1200 cilindradas y cuatro de 650.

Sólo para experimentados

No son itinerarios para improvisados. Es indispensable saber andar en moto y muy bien. Caminos de curvas y contracurvas, subidas, bajadas, vientos que tiran y muchos kilómetros de ripio lo restringen a motoqueros de alma... y con mucha práctica.
Desde el exclusivo lodge de Arelauquen, (cuenta con cancha de polo, golf, spa y todas las comodidades), que funciona como una suerte de base de operaciones, se larga la caravana hacia El Bolsón. Hay que preocuparse sólo por manejar. Una camioneta de apoyo lleva el equipaje.
Nano, el guía, pone primera y se pierde entre las curvas de la ruta nacional 40, bordeando el lago Gutiérrez. Sobre el asfalto las motos vuelan, se puede ir a 120 km/h, como promedio. El Bolsón está a 130 km de Bariloche. Aunque en esta travesía no se recorre la famosa Ruta de los Siete Lagos, que une Villa La Angostura con San Martín de los Andes, el paisaje se parece bastante y está en mejores condiciones. Además del Gutiérrez se bordean los lagos Guillermo, Mascardi, entre precipicios y caminos tan sinuosos que desafían las habilidades de los pilotos.
En El Bolsón se hace la primera parada, para un café y algunos comentarios de hombres con chiche nuevo: ¿Escuchaste cómo acelera, cómo regula el motor? o ¿Viste cómo se adhiere a la ruta? Tiene un agarre bárbaro?
Otra vez en el camino el paisaje empieza a transformarse hasta que a la vuelta de una curva se pierden los lagos y se entra en la estepa, amplia, baja y seca.

De la estepa a la selva

Este paisaje desolado y de vientos que tiran acompaña hasta Esquel, a 300 km de Bariloche. Antes se pasa muy cerca de los pueblos de la Comarca Andina del Paralelo 42, como Lago Puelo y Epuyén, a los que se puede visitar. También del Parque Nacional Los Alerces, una gran reserva de alerces milenarios.
Se atraviesa Esquel, Trevelin y a pocos kilómetros más aparece el ripio, que obliga a bajar la velocidad. Así será hasta el lodge Lago Yungue, el primer destino. Son 150 km de piedras y barro, donde la moto se traba y resbala, pero ir más despacio permite apreciar el paisaje mucho mejor.
Cuando se cruza la frontera en el paso internacional Río Futaleufú, muy cerca de Trevelin, el escenario cambia por completo.
La selva valdiviana se convierte en protagonista: sube por las montañas y se mete en la ruta. Del otro lado de los Andes los registros de lluvia son altos (4000 ml por año) y la vegetación crece y crece, como una selva tropical, aunque no hay serpientes, por supuesto.
La ruta se angosta y en algunos tramos sólo hay espacio para un auto. Y hasta a veces hay que tocar bocina para que vacas y ovejas se corran y permitan avanzar.
Se bordea el río Futaleufú, dueño de rápidos terribles (varían entre III y V, según el tramo) para hacer rafting. Después de casi tres horas por la Carretera Austral se llega a Lago Yungue, un lodge a orillas del río Palena. Es momento de bajarse de la moto y subir al bote, en un viaje de cinco minutos para cruzar el río y alojarse.
Aquí comienza otro viaje, más relajado, tranquilo y en contacto con la naturaleza. Llegar a este lodge de seis habitaciones es como ir de visita a lo de un familiar. Un gran living con hogar de leña, un comedor con una mesa gigante, una cocina y los cuartos. Con atención superpersonalizada, donde el chef Martín Scaramuzza se ocupa de saber los gustos de cada comensal y preparar los platos a medida.
El sistema es all inclusive (desayuno, almuerzo, merienda y cena, con bebidas) y también contempla las actividades. Se puede andar a caballo por el bosque, navegar por el lago o ir a pescar. En verano hasta se puede nadar y hacer rapel. A la noche todos los pasajeros comen en la misma mesa como viejos amigos, aunque apenas se conozcan, y se comparten anécdotas.
En la mesa, cinco amigos uruguayos comentan que se enteraron de los tours en moto y no lo dudaron. Además de manejar sus Harley Davidson con fanatismo por Punta del Este querían probar las BMW en la Patagonia y no parar de relatar anécdotas en dos ruedas.
También un matrimonio belga que llegó en helicóptero en busca de truchas para pescar y de lugares nuevos para conocer.
A la mañana siguiente, Bahía Mala es el destino. Pero sin motos. El lodge está en una gran bahía sobre el Pacífico, a la que sólo se accede en barco, alejado de todo y de todos. Son dos horas de navegación, primero por las aguas calmas del río Palena y después por el mar abierto. Si hay buena marea el viaje es placentero, se ven delfines saltando de un lado a otro y una lobería. Pero si el mar está bravo no quedan dudas del porqué del nombre. La bahía es malísima y se navega a los saltos.

Sobre el Pacífico

Bahía Mala reproduce el mismo ambiente que Lago Yungue, con buen servicio y comodidades que hacen sentirse como en casa.
Aislarse de todo, al menos un par de días, es una buena experiencia. En ninguno de los dos lodges hay televisión ni teléfono; tampoco señal de celular. Y mucho menos vecinos o gente de paso, porque no pueden acceder. La puerta de la habitación no tiene llave y la cartera puede quedar en el living sin temores.
Se puede andar a caballo y navegar en kayak por el mar. Pero la propuesta imperdible es internarse en la selva, tan tupida que parece más el Amazonas que el sur de Chile. Aunque hay poca fauna por el frío, la vegetación es exuberante, sin claros para que entre el sol. Se atraviesan arroyos, se saltan troncos y esquivan plantas.
En una visita a los lodges lo más probable es que llovizne. Los días nublados, con mucha niebla y garúa son una constante y el sol, una excepción. Pero el encanto no se altera.
Es tiempo de emprender el regreso, desandando el camino. De vuelta al Yungue, para pasar la noche, subirse a las motos y regresar a Bariloche.
Es tarde, el sol hace rato que se perdió entre las montañas y las motos se estacionan en el lodge de Arelauquen esperando otra aventura.
Para despedirse, en el restaurante Cassis, que este año se mudó al Peñón de Arelauquen, sobre la ruta 82, se revive ese mismo ambiente que se disfrutó durante cuatro días en el sur de Chile, con platos regionales y buen gusto.

Tarifas y excursiones de un día

Travesías. Los circuitos en moto se arman a la medida de cada gusto y necesidad. Se puede variar la cantidad de días y los destinos. Lo ideal es hacerlo en grupo, con amigos que compartan la misma pasión.
Hasta se puede coordinar el circuito en moto para un lado y el mismo viaje en camioneta, en forma paralela, con visitas turísticas para el resto de la familia que ni piensa en ponerse el casco. Se comparte el alojamiento, por supuesto, y también algunas actividades.
Hacia el Atlántico. También se puede cambiar el rumbo y unir Arelauquen con El Padral, otro lodge de Burco Adventure en Punta Ninfas, cerca de Puerto Madryn. Una buena opción en la época de observación de ballenas y en invierno, cuando los caminos a Chile están nevados. El valor de los programas de motos es de 480 a 540 dólares más IVA por persona, por día, con todo incluido (alojamiento, comidas y actividades). Hasta se podría ir sin un centavo en el bolsillo, porque los lodges están tan aislados que no hay ni un quiosco cerca.
Salidas cortas. Para los que no se animan a itinerarios tan largos, hay excursiones por el día desde Arelauquen, para recorrer zonas cercanas a Bariloche. Como un paseo de medio día a Colonia Suiza y Villa Catedral, o una salida de día entero por la estepa, en Paso Flores. Desde 150 dólares por persona la de medio día y desde 300 la de todo el día.
Más información. Burco Adventure, 4311-1919. www.burcoadventure.com

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