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 • HISTORICO

Daños colaterales




Un episodio muy menor, pero que me partió el alma. Seré breve:
le corté las uñas a Benjamín y, además de las uñas, le corté un dedo.
Nada grave, un pellejito. Pero le salió un chiquitín de sangre. Y le dejé una marquita.
Le cortaba las uñas aprovechando que estaba dormido (de haber estado despierto le habría cortado la mano entera!)
Qué bruta.
No saben lo mal que me sentí. Encima se despertó con un llantito muy noble.
O sea, nada de hacer un escandalete y de lanzar un mar de lágrimas. No. Fue muy digno de su parte, cosa que me hizo sentir peor.
Bueno, eso.
Y lo otro que tenía para contar es que hasta ayer éramos padres anti chupete, pero que ahora no sabemos, porque a) si se chupa el dedo no hay manera de quitárselo algún día (salvo que se me ocurra cortarle las uñas...) y b) el dedo deforma el paladar y el paladar, el dedo (!). Eso me dijeron.
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Perdón, pero estaba faltando un recibimiento como Dios manda.
Con ustedes, el gran Ulises, el bebé de lauriguin

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