
Monsieur Le Divorcé recién manda mensaje de texto invitándome a comer mañana a la noche. También, muy correcto él, explica que el viernes y sábado se le hace imposible porque su hija se queda a dormir con él. Fin de semana de padre separado.
Contesto que sí y mientras lo hago me doy cuenta que no creo haberle preguntado el nombre de su hija. ¡Un espanto! Recuerdo haberle preguntado en nuestra salida de la semana pasada si la veía mucho, si iba al jardín, cómo se llevaba con la madre, pero NUNCA le pregunté el nombre y el hablaba de "la gordita" de acá, "la gordita" de allá y así quedó. Nota mental: estar más atenta.
Quedamos en comer mañana a la noche. Monsieur Le Divorcé se mostró con ganas de verme y se despidió con un "Andá pensando el lugar".
Ya sabemos que no me gusta elegir el lugar; me presiono sola. Sé que me voy a pasar el resto del día chusmeando la Guía Oleo. ¿Voy por algo tranqui, no? Nada excesivamente lujoso ni romanticón. No a esta altura al menos.
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