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 • HISTORICO

Del Día de la Tierra a la basura en la Luna




El miércoles último se celebró el 45 aniversario del Día de la Tierra. En su momento, no pocos señalaron que la fecha elegida (22 de abril) era un engaño comunista por coincidir con el nacimiento de Lenin y ser promovido por ambientalistas antipropiedad privada. Pero lo cierto es que aquel miércoles de 1970, más de 20 millones de personas, de costa a costa de Estados Unidos, tomaron las calles, los parques y auditorios para protestar por el daño que se le estaba infligiendo al planeta. Y propinando, de paso, el primer sacudón verde al establishment político norteamericano. Con la excepción del senador Gaylord Nelson, propulsor del movimiento, quien salió al cruce de las acusaciones conspirativas señalando que San Francisco de Asís, considerado acaso el primer ambientalista de la historia, había nacido un 22 de abril. "Más importante aún, mi tía Tillie también", remató.
A partir de entonces, el Día de la Tierra se celebra cada año con la participación de más de mil millones de personas en 180 países. Tal vez haya pasado desapercibido en un rincón como la Argentina, donde la limpieza del Riachuelo es una promesa más gastada que billete de 2 pesos, el consumo de agroquímicos aumentó un 858% en los últimos 22 años, y por la ventanilla de autos de las mejores marcas salen despedidas desde botellitas de plástico hasta pañales.
En el resto del mundo, la toma de conciencia varía según el año y el país. En Francia, por ejemplo, se formó una cadena humana de 800 km a lo largo del río Loire para honrar uno de los últimos cursos de agua limpios de Europa (al menos en 1990, cuando el Día de la Tierra cumplía 20 años).
En Asia, montañistas chinos, rusos y estadounidenses recolectaron más de dos toneladas de basura arrojada en el Everest por anteriores expediciones. Y hasta Haití declaró el Día de la Tierra como feriado nacional.
Mientras, y como suele hacerlo todos los años para esta fecha, la NASA publicó increíbles imágenes del mundo captadas desde el exterior. Como la desembocadura del río Atchafalaya (en Estados Unidos, pese al nombre), el cielo revoltoso de la Antártida, la costa rojiza de Guinea-Bissau o el sorprendentemente colorido desierto del Sahara, que parece más un cuadro de Kandinsky que una instantánea geográfica.
Quien tenga la oportunidad de visitar el centro de la agencia espacial en Houston, también podrá ver una surtida selección de fotos tomadas desde el espacio, desde un volcán en erupción hasta la cumbre del Everest o la Gran Barrera de Coral de Australia. O leerá frases trascendentes de algunos astronautas que pisaron la Luna. Como la de Alan B. Shepard, comandante de la misión del Apolo XIV, en 1971: Cuando miré por primera vez a la Tierra, parado en la Luna, lloré. Tanta emoción no le impidió probar su swing de golf y pegarle a dos pelotas sobre la superficie lunar.
Precisamente, las pelotitas se suman a la pila de basura que ha quedado abandonada en la Luna. El inventario incluye además 5 banderas de Estados Unidos, 12 pares de botas, unos cuantos módulos, 2 bolsas de orina y otras tantas de vómito, 30 metros de cable, un filtro de oxígeno, una medalla del ruso Yuri Gagarin y una foto familiar del astronauta Charles Luke, entre otros objetos o efectos colaterales de la exploración espacial. En vista de la evidencia, no sería descabellado pensar que al Día de la Tierra habría que sumarle el Día de la Luna.

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