Newsletter
Newsletter

Deportes, en la era del deshielo

Cuando finaliza la temporada de esquí, montañas, valles, ríos y lagos del pequeño país son una invitación para realizar actividad física


Créditos: Ohlalá



BETTMERALP ( El Mercurio / GDA ).- Llevamos cinco horas caminando. Subimos un cerro, bajamos otro, llegamos a un bosque milenario, recorremos un glaciar más milenario aún -todo parte del Jungfrau-Aletsch, el primer sitio natural de los Alpes protegido por la Unesco-, y Peter, nuestro guía suizo, a los 59 años exhibe una vitalidad que provoca admiración y envidia.
Este suizo, 26 años más viejo que yo, me ha humillado durante cinco horas. Es cierto, Peter creció aquí, en Bettmeralp, una villa a casi 2000 metros de altura, donde no circulan autos (se llega por empinado cablecarril), y que en temporada de esquí invaden cerca de 5000 personas.
Pero es inútil, Peter no flaquea nunca. Es a lo que uno se expone cuando juega a ser algo que no es: viajero y deportista, en mi caso. Suiza es un paraíso para los deportistas de invierno, pero a la hora del deshielo sus paisajes determinados por la geología alpina son una irresistible invitación a poner en práctica aquel principio viajero de hacer cosas que uno no haría en casa. Caminando, remando, escalando y pedaleando -todo a escala ridículamente principiante, he de confesar-, es fácil convencerse de que no hay que esquiar ni empacharse con quesos y chocolates para sentir que se ha sacado provecho del viaje.
Pero en esta ruta outdoor hay algo más que aprender: para los habitantes de este país chico, orgullosamente neutral y pacífico, el deporte no es competencia, sino algo tan espontáneo como hacer quesos y chocolates y comérselos. Con una geografía determinada por los Alpes, ríos y lagos que se alojan entre medio, y una infraestructura de caminos y transportes ultraeficiente, los suizos tienen para esquiar, pedalear, remar y pelotear a su antojo.
Y el país es como sus famosas cortaplumas: diverso, multipropósito e inconfundible. Y eminentemente outdoor, claro.

Del lado italiano

El cantón de Ticino (o Tesino) está en la región italiana. Aquí hablan como italianos, pero hacen deporte como suizos.
En Tenero, por ejemplo, hay un centro de lujo al borde del lago Maggiore (cuyas costas comparten Suiza e Italia), donde los escolares acampan para practicar toda clase de disciplinas. La única manera de usar este centro es ser escolar o parte de un club deportivo. Para el resto de los mortales, la opción está justo al lado, en el camping Campofelice, donde la gente llega con carpas, casas rodantes, o usa los departamentos de un complejo con un pavimento que no quema los pies y al que le sobra en comodidad todo lo que le falta en naturalidad.
Es tanto el deporte que dan ganas de rebelarse. Y el mejor vehículo para una rebelión a la suiza es el Segway, un aparato eléctrico, silencioso, no invasivo, caro y enviciante. En Locarno, con sus calles estrechas, empedradas y empinadas, se ofrecen tours en estos vehículos unipersonales donde uno anda de pie.
Es cosa de ver a Marina, una señora de más de cincuenta que goza explicando la historia de la ciudad a bordo de su Segway. Entre la historia de la Madonna del Sasso, cuyo santuario se erige en lo alto de la ciudad, y la del capitán Orelli, que cabalgó hasta el Vaticano para pedirle al papa que lo dejara casarse con su prima monja, Marina confiesa con humildad y acento italiano que necesita a Fabio, un tipo 20 años menor que no sabe más que ella de Locarno, pero que enseña a los turistas a andar en Segway. Y contra eso no hay competencia.
Si hay que combinar deportes con máquinas y naturaleza con intervención humana, es buena idea subir hasta Grimsel, un paso de montaña en el cantón de Valais -de influencia francesa-, que en invierno es inaccesible, pero que en la época de deshielo ofrece postales impresionantes y casi naturales. Casi, porque su paisaje está cruzado por cables eléctricos y torres de alta tensión. Y la central hidroeléctrica KWO le dio impulso turístico a esta zona, que promueven como Grimselworld, paraíso para motoqueros de largo aliento y ciclistas de cuádriceps y pulmones potentes.
Desde que hace unos años los suizos pueden elegir de dónde quieren que sus compañías eléctricas saquen la energía por la que pagan, KWO ha habilitado un completo sistema para que la gente pueda visitar, y en lo posible enamorarse, de la zona, con cables y todo. Para hacerla accesible construyeron el funicular Gelmer, el más empinado de Europa. Y para el descanso y la desconexión levantaron hoteles como el Handeck, un hospedaje familiar que en invierno cierra y cuyo restaurante incluye en el menú para niños el plato Robin Hood : es gratis y consiste en un plato vacío y un tenedor, para que los chicos les roben comida a sus padres. El Handeck también ofrece a sus huéspedes bicicletas eléctricas, aunque, claro, nada reemplaza la satisfacción de pedalear. Dicen.

A remo, hasta Berna

En Suiza, otra forma de vivir satisfacciones deportivas sin ser deportista la ofrece el principal río de este país: el Aar. En la bella ciudad de Thun uno puede subir a un bote en grupo, abrocharse los chalecos salvavidas y aletear brevemente con el remo para que, tres horas más tarde, eso sí, la corriente (y el rubio de la empresa que ofrece el servicio y grita forward y back todo el viaje) lo lleve a uno y entre triunfalmente en la capital suiza, Berna, ciudad protegida por la Unesco como patrimonio de la humanidad, donde la gran mayoría de los 350.000 habitantes habla alemán y donde Albert Einstein vivía cuando formuló la teoría de la relatividad (su pequeño departamento de la época es hoy un museo).
Desde el agua del Aar las cumbres arquitectónicas de Berna se distinguen de a poco, mientras uno siente que lo miran con admiración desde el parque al borde del río, lo que claramente alimenta la propia fantasía turístico-deportiva.
El deshielo es una buena noticia para los deportistas sin esquí en Suiza, pero el deshielo definitivo producido por el calentamiento global es otra cosa. Se calcula que el glaciar Aletsch cede entre 30 y 75 metros cada año. Hace un par de años el fotonudista Spencer Tunick eligió este glaciar para llamar la atención sobre el problema: seiscientos valientes posaron para crear conciencia sobre el derretimiento de los hielos que se suponían eternos.
Las observaciones de Peter, el viejo guía de montaña en Bettmeralp, suelen ser casuales; por ejemplo, antes el hielo llegaba hasta allá . Salvo cuando unos metros más arriba en nuestro periplo se sienta en una roca y espera que el grupo de deportistas de ocasión a su cuidado lo alcance. En eso está cuando, en un inglés de acento germano y sin que nadie se lo pregunte, comenta mirando hacia el glaciar:
"Me alegro de ser viejo. Si fuera joven, ¿qué podría llegar a ver al ser viejo?"
Y ahí está. Los suizos parecen orgullosos de lo que siempre ha estado ahí. Son una confederación de 26 cantones, gobernada por siete personas desde una ciudad pequeña, con un ejército más famoso por prestar su nombre a relojes, cortaplumas, y por prestar efectivos a la guardia vaticana que por pelear. Un país donde todos parecen hacer deporte, pero pocos parecen competir (¿alguien ha visto a Federer enojado?), y donde los letreros están en tres idiomas.
Pero hay algo en el futuro que asusta al bueno de Peter: ¿Y si lo que siempre ha estado allí deja de estar?
"Quizá ya no habría glaciar", se lamenta. Luego se pone de pie como masticando la última frase, mirando al grupo que lo sigue, listo para enfrentar el camino que, al fin, comienza a descender rumbo a Bettmeralp, la villa que a esa hora de la tarde nos saluda con el sonido de los cencerros de las vacas que algunos de los aproximadamente 300 habitantes de la zona sueltan por unas horas para que coman el pasto de las casas, en su mayoría cerradas por la temporada. Para nosotros, ha sido como una maratón de montaña; para Peter, otro día más.
Francisco Aravena Figueroa

¡Compartilo!

SEGUIR LEYENDO

¿Cuáles son los mejores lugares para probar este clásico postre italiano?

¿Cuáles son los mejores lugares para probar este clásico postre italiano?


por Redacción OHLALÁ!

Tapa de OHLALÁ! de abril con Evita Luna

 RSS

NOSOTROS

DESCUBRÍ

Términos y Condiciones


¿Cómo anunciar?


Preguntas frecuentes

Copyright 2026 SA LA NACION


Todos los derechos reservados.

QR de AFIP