
Hay tres hojas amarillas grandes (enormes) del árbol de acá enfrente pegadas como con Voligoma al vidrio de mi ventana. Las veo porque entra la luz desde el farol de la calle. Están puestas perfectamente como en un triángulo. Me pregunto si las sopló el viento hasta acá y se pegaron con la lluvia. Son las 6.09. Eso marca mi celular. Me desvelé. Fito duerme en mi cama y yo doy vueltas preocupándome de no hacer ruido en mi propia casa. Es raro.
Anoche se acercó ni bien cruzamos la puerta de entrada y si bien yo estaba con un dolor de ovarios que me partía al medio, me tomé un Ibu de 400mg y me sumé. Después tirados en la cama hablé.
-Che, ¿qué onda el fin de semana?
-Nada. ¿Por?
-Por eso justamente. Nada…
No sé si no entendió en qué dirección estaba apuntando o si prefirió no hacerse cargo pero me dio un beso largo, me abrazó pasándome un brazo por atrás del cuello y prendió la tele. Así me quedé dormida hasta hoy. ¿Será que de repente no hay que hablar TODO?
SEGUIR LEYENDO


Lanzamos Wellmess, el primer juego de cartas de OHLALÁ!: conocé cómo jugarlo
por Redacción OHLALÁ!

Gala del Met: los 15 looks más impactantes de la historia
por Romina Salusso

Kaizen: el método japonés que te ayuda a conseguir lo que te propongas
por Mariana Copland

Deco: una diseñadora nos cuenta cómo remodeló su casa de Manzanares
por Soledad Avaca Cuenca


