
Créditos: Ohlalá
NUEVA YORK.- Está de moda y no es por la carne, aunque lleve su nombre. Se llama The Meatpacking District y su centro se encuentra sobre las calles Gansevoort, Washington, y Greenwich. Forma parte de Chelsea, un barrio un poco retirado de distritos históricos cuyos límites son la calle 34 al Norte y la 14 al Sur, la Avenida 6 al Este y el río al Oeste, donde están los muelles y el gigantesco centro deportivo Chelsea Piers.
La pasión de los neoyorquinos por lo antiguo combinada con los altos alquileres del vecino Soho y la recuperación de la riviera atrajeron una oleada de galerías de arte y boutiques.
Más tarde llegaron los restaurantes y las organizaciones diversas a este extraño ámbito donde las fábricas aún almacenan la carne que llega por el río.
El reciclado de construcciones de principios de siglo compite con edificios modernos en este furor inmobiliario. Donde antes circulaban trabajadores, hoy se ven turistas con cámaras al hombro. Al caminar, la sensación es la de pisar una zona fabril, pero de repente aparece una galería con fotos o cuadros, y más allá, la zona residencial.
Entre otros lugares, se puede visitar el Día Center for the Arts, el Chelsea Hotel, las galerías de marchands como Annina Nossei, Matthew Marks (523 West, 24 St.) o Paula Cooper, la Kaplan o la Gansvoort Gallery. También las tiendas Barnes & Noble, Bed, Bath & Beyond, Filene´s, Old Navy, entre otras, tienen su sucursal en Chelsea.
Artistas y genios
El Chelsea Hotel (calle 23 West 222, y Avenida 7) abrió entre 1880 y 1890, y por allí circularon artistas y genios. Su fachada eduardiana de 12 pisos con balcones y columnas ornamentadas se convirtió para muchos en un lugar de peregrinaje. La actriz Sara Bernhardt vivió allí por un tiempo y también el escritor Vladimir Nabokov. Dylan Thomas pasó sus últimos días y Bob Dylan escribió canciones sobre él. Chelsea Girls, de Andy Warhol, se filmó en el verano de 1966 y muchos escenarios pertenecen al establecimiento.
El mercado de Chelsea, sobre la calle 16, es un paseo muy bonito. La puerta de una antigua fábrica da paso a un largo pasillo con locales a ambos lados: bares, boutiques, el puesto de frutas y verduras (Manhattan Fruit Exchange) premiado por la prestigiosa Guía Zagat y el rincón de cocina donde los chefs de moda compran sus utensilios.
El carnicero Frank
Los panes y las cookies de las vidrieras de Amy´s bread parecen pintados y los brownies de la bruja gorda (Fat Witch Bakery) no hacen más que corroborar que caer en la tentación es casi siempre placentero. El carnicero Frank exhibe, orondo, sus prolijos cortes de carne; pocas cosas aquí son precarias. Hale and Hearty Soups, Romy Brook Farm Dairy, The Cleaver Company y The Lobster Place son algunos de los lugares gourmet del Chelsea Market donde se puede comer comida al paso. Las personas consumen su almuerzo paradas o se amuchan en las únicas dos o tres mesas del pasillo.
Platos de colores y cacerolas al paso, raros peinados de colores, olor a pan y a pescado, y una catarata de agua que cae de un viejo caño en medio de todo; en el interior del mercado formas y fondos conviven amablemente, aunque afuera el ritmo sea vertiginoso.
Si los pies lo llevan por la parte más retirada del puerto donde aún se ven los edificios en su estado original, la música lo atraerá hasta Hogs & Heifers.
Adentro lo esperan un sinfín de estímulos: señales luminosas, carteles de Harley Davidson, corpiños de colores, chicas con remeras cortas bailando sobre el mostrador; difícil olvidar un bar como éste.
Kat Soderquist pregunta a un cliente si se quiere divertir desafiándolo a un wake-up o caballito de tequila para seguir la fiesta.
Luego se sube a la barra a bailar con hermosos contoneos, o a saltar con gracia una danza country llamada clogging, muy movida, y la música sigue. Una chica decide sacarse el corpiño y lo hace moviéndose frenéticamente; otra, más recatada, se lo saca suavemente por la manga de la remera.
Michelle Dell es la propietaria del bar, que abrió sus puertas hace 9 años, con una sucursal en la Avenida 1. No hay comida, sólo bebida. A la pregunta sobre el origen de tantos corpiños, Michelle responde que pertenecieron a sus clientes y me dice que puedo dejarlo si quiero.
Cuenta que sólo pueden trabajar mujeres detrás de la barra por la rutina que realizan, llena de arengas al público, baile y servicio. "No podrían ser hombres. Es una tarea agresiva y tendríamos peleas cada quince minutos".
Christopher Lazicki, un vendedor de pescado habitué del lugar, afirma que para él es el mejor de la ciudad. A la noche, dice, es muy hip -canchero- y casi no se puede entrar: se llena de Harley-Davidson´s, o motoqueros y famosos. Entre otros, pasaron por allí Julia Roberts, Drew Barrymore, Elle MacPherson, Brad Pitt, Paul McCartney, Dennis Quaid y un largo etcétera, y muchos de ellos bailaron sobre la barra de madera.
Comer y beber
- Hogs & Heifers Saloon: 859 Washington Street; 212-929-0655. Bar americano de bebidas solamente. Pruebe la cerveza tirada o los wake-ups. Todos los días hasta las 4 a.m.
- Pastis: 9 Ninth Avenue, esquina Little 12 St.; 212-929-4844.
- Bistró francés. Es mejor reservar. Especialidad: los fritos y los cócteles de la casa. Abre todos los días, desde el desayuno hasta la cena.
- Markt: 46 Gansevoort Street y Greenwich Street; 212-727-3314. Restaurante belga-francés cuya vedette es el pescado. Extensa carta de cervezas con variedades belgas. Abierto de lunes a viernes; sábados y domingos, brunch.
- Lotus: 409 West, 14th Street, tel. 212-674-2105. Es tanto una disco como un comedor de moda. La disco abre de 22 a 4.
- Menu: 46 Gansevoort Street y Greenwich; 212-675-5224. Recientemente inaugurado, este restaurante americano ofrece menús temáticos a precio fijo. Abre de martes a domingos; brunch los domingos. Conviene llamar para reservar.
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