
El fin de semana nos fuimos a la casa de los padres de Fito en un barrio de chacras afuera, a la que piensan mudarse definitivamente cuando se jubilen. Una casa divina rodeada de árboles y campo, suficientes cuartos para todos los hermanos, novias, mujeres y nietos, una chimenea y los padres de Fito de viaje. Cocina, vino, aire libre, siesta, películas, música, más siesta, velitas, más vino. Todo como para un fin de semana perfecto. Salvo que no fue perfecto. Salvo que Fito no me tocó en todo el fin de semana. Me abrazó, me dio algunos besos, dormimos juntos pero más allá de eso, nada. Ya sé que ahora van a salir con que soy una complicada, una loca enroscada que no tiene paz, con que lo tendría que haber encarado y eso. Lo que sea, pero a tan poco tiempo de salir con alguien esto me parece insólito. Yo (al menos al principio) quiero sexo y mucho y espontáneo y del bueno. Para entibiarse queda toda una vida. Y si pasaba algo, se podría haber hablado. Pero el tendría que haberlo hecho, no yo. A mí no me dio y no era particularmente yo la que no quería.
Sofía, de vuelta en Buenos Aires nubladísimo, cansada, con una fiaca tremenda y casi virgen.
Buen comienzo de semana para todos, a ver si repuntamos.
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