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El día en que el Paricutín hizo temblar el sur de México

Entre 1943 y 1952, este volcán revolucionó el Estado de Michoacán y a sus habitantes


Créditos: Ohlalá



ANGAHUAN, México.- Bajo los pies se siente aún la tibieza de la superficie. Fumarolas de cierto vapor sulfuroso se escapan de las chimeneas con un silbido tan sugestivo como desafiante, con los que el volcán parece recordar su presencia eterna. Muestran también su dominio esos 25 kilómetros cuadrados de lava negra que taparon a lo largo de nueve años dos poblados enteros y obligaron al hombre a irse.
Pero el hombre indígena tarasco insiste y vuelve. Y aunque ya no vuelve para quedarse, lo hace trayendo turistas y vulcanólogos fascinados cuyos objetivos son el cráter del volcán y los restos de la catedral mexicana de San Juan Parangaricutiro, que sobresale victoriosa del campo de lava.
Allí, también, vuelven todos los años los antiguos pobladores de San Juan en peregrinación a la iglesia que se salvó milagrosamente, porque a pesar de haber cubierto la lava por completo a este pueblo y a otro cercano, dicen aquí que Dios pudo más que el diablo, y detuvo la piedra negra ahí nomás del altar principal.
¿De quién más que del diablo podía tratarse? Los pobladores de Angahuan -el pueblo más cercano que sobrevivió al desastre- afirman que sus antepasados creyeron que se trataba del demonio. Cuando las campanas de esa iglesia, que aún hoy se levanta para contarlo, comenzaron a sonar solas por el movimiento del suelo, muchos corrieron asustados gritando que se acercaba el fin del mundo.
Pero no fue así. El protagonista era en cambio el volcán Paricutín que revolucionó esta región del Estado mexicano de Michoacán durante nueve años, entre 1943 y 1952.

De un día para el otro

Montado en uno de los caballos que atraviesan el valle desde el cual el cono de 424 metros es bien visible, el guía local José María Bravo da su versión de la historia del Paricutín en un español perfecto que lo diferencia de otros habitantes de Angahuan que no hablan más que su idioma nativo, el purépeche: "Tionisio Pulido era un indio campesino purépecha que una tarde de febrero estaba labrando sus tierras cuando el suelo comenzó a temblar y a moverse. Los temblores no lo soprendieron mucho porque ya hacía alrededor de 15 días que esto ocurría, pero sí se asustó mucho cuando su arado chocó con una gran piedra que al desplazarse del lugar dejó a la vista un agujero de donde comenzó a salir ceniza caliente. El campesino trató de cubrir el hoyo nuevamente, pero sus intentos fueron en vano. Creyendo que se trataba del demonio, corrió horrorizado a ver al cura del pueblo, que en cambio aconsejó que los habitantes de los poblados más cercanos -San Salvador Paricutín y San Juan Parangaricutiro- evacuaran el lugar.
La gente dispuso de 6 meses para abandonar la zona en medio de una lluvia oscura de ceniza gris. Al cabo del primer año, la Tierra se había elevado 336 metros sobre su nivel anterior, formando un volcán que llamaron Paricutín. Luego de 9 años y 424 metros de altura, el volcán dejó de repente de escupir materia incandescente, y quedó como recuerdo de su presencia un campo de lava de 25 kilómetros cuadrados.
El volcán, que surgió de un campo de maíz en el centro de México -eso es sinónimo de Paricutín- forma parte de una franja en los Estados de Guanajuato y Michoacán que contiene cientos de volcanes.
A una buena distancia antes de llegar a la iglesia puede verse sobresalir en el horizonte del mar negro una de las torres campanario completa y la otra a medias. Si un rayo de sol se atreve a salir, la piedra volcánica brilla con una intensidad misteriosa.

Un ángulo poco habitual

El experto parece ser ahora el guía, que conduce a los turistas al borde de la lava -una pared gris y alta- e indica la mejor manera de trepar sin lastimarse. A la construcción rosada se entra por la parte superior de las arcadas, para verla desde un ángulo poco habitual. Las tres naves bien delimitadas se caminan no a la altura del piso, sino en cambio desde arriba, y las pocas esculturas se aprecian frente a frente.
"La lava se detuvo milagrosamente al pie del altar, es por eso que la gente deja ofrendas de flores y comida allí", explica el guía.
Se puede claramente ver cómo la temible lava abrazó los arcos y luego penetró en el interior del edificio derritiendo a su paso todo lo que fuera de madera o metal. Sin embargo, la campana y la cruz se salvaron, y hoy se encuentran muy cerca de aquí, en la catedral de San Juan Nuevo.
Una vez explorada la iglesia, queda continuar el ascenso para conocer más de cerca al causante de toda esta destrucción. Cinco kilómetros llevan muy cerca de la boca del volcán, con una vista del valle y desde donde se ve el recorrido que a una velocidad de 3 metros por hora y a lo largo de 9 años hizo la lava, ahora congelada para siempre.

Datos útiles

Cómo llegar: el pasaje, de ida y vuelta hasta Morelia, en el Estado de Michoacán, cuesta desde 1015 dólares, con tasas e impuestos.
Traslados: la autopista México- Morelia-Guadalajara permite un rápido acceso desde las principales ciudades del centro del país. La red carretera del Estado comunica, de forma segura, a sus principales ciudades y atractivos turísticos.
Alojamiento: cerca del volcán hay cabañas para hospedarse. En Morelia, un hotel cuatro estrellas cuesta alrededor de 60 dólares: en uno de cinco, 110.
Gastronomía: una comida económica cuesta entre 3 y 5 dólares; en un restaurante estándar, entre 5 y 15, y en uno de nivel, más de 15
Clima: templado, la temperatura promedio es de 22 grados.
Recomendaciones: usar zapatos cómodos y resistentes a las piedras cortantes ya porque atravesar la lava puede dañar el calzado o se puede sufrir una lesión en el tobillo.
Más información: Avda. Santa Fe 920 (4393-7070). Atención de lunes a viernes, de 10 a 13.
  • Aprovechamientos Forestales de la Comunidad Indígena: Avda. Cerro Prieto s/n Fracc. Félix Ireta. Nuevo Parangaricutiro, Michoacán. 00 (459) 40053/40054.
En Internet:

Constanza Gechter

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por Redacción OHLALÁ!

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