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 • HISTORICO

El ritmo caribeño llega hasta las atlánticas Bahamas

Un archipiélago donde el punto de partida suele ser su capital, Nassau, pero cualquiera de sus islas están al alcance para ser vistas y recorridas




NASSAU, Bahamas.- El bullicio es perturbador, casi molesto. Todos hablan al mismo tiempo, gritan, se ríen, se enojan y hasta a veces, sin quererlo, se empujan. Es sábado a la tarde y la feria de artesanías, a unas pocas cuadras del puerto de Nassau, la capital de las Bahamas, explota de gente. No siempre es así. Hay cuatro inmensos cruceros atracados en el muelle y desde temprano sus pasajeros se desparramaron por las cercanías de la costa.
Llegar a un puerto en un crucero produce la sensación, más que nunca, de estar de visita. No hay sellos en el pasaporte ni movimientos de equipaje. Sólo unas horas para mezclarse entre la gente y llevarse algún recuerdo del lugar.
La carrera contra el tiempo empieza ni bien se pone un pie en tierra firme.
Aquí la feria parece cautivar a los recién llegados. Todos se dirigen hacia ella atraídos por las remeras de colores, las carteras de hilo tejidas a mano, adornos y más adornos. Son cientos de puestos bajo el techo de un viejo mercado. La gran mayoría de las improvisadas tiendas venden exactamente los mismos productos y compiten por ofrecer un precio menor. El regateo es prácticamente una obligación.

Al compás del reggae

En el centro del recinto hay un cantero florido, mesas y sillas para tomar un refresco y algunos chicos correteando de un lado a otro. Nadie se resigna a abandonar el lugar, por más vueltas que se hayan dado. El ambiente es atrapante. Es como que resumiera, en un pequeño lugar, la vida en la isla.
La música ocupa un lugar importante. Hace mucho calor y no es difícil sentirse agobiado, pero nadie deja de moverse al ritmo del reggae, que se oye en cada negocio o se transforma en una ráfaga contagiosa cuando proviene de los parlantes de un inmenso y antiguo auto, que cruza, a toda velocidad, la gran avenida.
Bay Street es la arteria principal, que concentra la actividad económica y comercial de Nassau. También es el punto de partida para recorrer esta isla, Nueva Providencia, donde se asienta la capital. Se puede dar una vuelta por la ciudad, visitar la Casa de Gobierno y ascender por las montañas en busca de antiguos fuertes que se remiten a la época de la conquista.
Apenas se deja la zona céntrica el panorama cambia completamente. La tranquilidad se adueña de caminos arbolados y playas de arenas blancas.

Con el espíritu caribeño

De uno y otro lado de esta avenida se suceden negocios abarrotados de ropa y muchos que venden joyas, a precios accesibles. Nassau es puerto libre.
El tráfico es constante. Los autos van y vienen, con la música a cuestas, esquivando turistas que cruzan sin precaución.
Los conductores ceden el paso sin problema y aprovechan a murmurar algún comentario a las mujeres jóvenes que tienen cerca. Mejor no intentar saber qué dijeron, por las dudas.
La vida es despreocupada, con puro espíritu caribeño, aunque el archipiélago de Bahamas está en el océano Atlántico, al sudeste de Florida. Son 700 islas de variadas formas y tamaños -solamente 22 están habitadas- y cerca de 2000 arrecifes de diferentes colores.
Por su posición geográfica, Bahamas no pertenece al mar Caribe, pero con sólo pasar unas pocas horas en su capital ya se percibe la manera de ser de sus habitantes.
Entonces, ya no quedan más dudas, la identificación con el Caribe es total.

Española y británica

Al igual que la mayoría de las islas de la región, el archipiélago perteneció, en un primer momento, a España.
En el siglo XVII pasó a ser colonia británica hasta que obtuvo el derecho de autogobierno en 1973.
Se dice que la primera porción de tierra que encontró Cristóbal Colón en el nuevo continente fue la isla de San Salvador -actualmente Watlings, que forma parte de Bahamas-, el tan recordado 12 de octubre de 1492.
Como el idioma oficial es el inglés uno cree que no va a tener mayores problemas para comunicarse con los nativos. Error. Ellos lo hablan de una manera bastante cerrada y en ocasiones utilizan un dialecto no fácil de comprender.
Pero con buena voluntad en las comunicaciones cotidianas no hay inconvenientes.
La tarde se pasó más rápido de lo imaginado. La noche, que poco a poco se adueña del centro de Nassau, marca el fin del paseo.
La feria guarda su abundancia para el día siguiente. La gente despeja la zona. Casi todos van en una misma dirección: el muelle y en busca de esas enormes moles que surcan los mares. En Bay Street el bullicio no se prolonga durante la noche. No hay restaurantes ni pubs, todos comen en el barco. Si se quiere movida nocturna hay que ir a Paradise Island, cruzando el puente. Suena tentador. No hay tiempo.

Medianoche tranquila

Es más de medianoche y los barcos hacen sonar sus sirenas. Es la hora de buscar nuevos rumbos. La mayoría de los pasajeros tiene como tope para el regreso a bordo la 1 de la mañana. A la ciudad volvió la tranquilidad. Los miles de negocios de Bay Street también bajaron sus persianas. El único bar de la avenida, reservado implícitamente para los tripulantes de los cruceros, quedó vacío.
Sin embargo, en un pequeño bote, muy poco iluminado, que se mece lejos del muelle, se escuchan ecos de una vieja canción de Bob Marley.
A pesar de que es una noche sin luna, las siluetas de sus moradores se pueden ver en la oscuridad, reflejadas en el agua, moviéndose al ritmo de la canción.
Es inevitable, la música palpita en los corazones bahamenses. Los barcos ya no están, el barullo tampoco. El espíritu caribeño sigue intacto, esperando nuevos visitantes.

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por Redacción OHLALÁ!
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