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 • HISTORICO

El viajar es un placer... que no siempre suele suceder

A veces las vacaciones comienzan sólo cuando se llega a destino, porque durante el vuelo es preciso hacer tantas maniobras para estar cómodo que más de uno podría recibirse de contorsionista; cómo sobrevivir a la clase turista




Viajar no siempre es un placer. Es decir, lo bueno comienza sólo cuando se llega a destino, mucho después de empacar la ropa, de estar atento a los olvidos, de dejar quien se ocupe del riego de las plantas, del perro, de estar dos horas antes en el aeropuerto y luego del largo viaje en avión.
Si se viaja en clase ejecutiva, claro está, llegará fresco, hasta casi perfumado. Pero si se trata de la clase turista, y con escalas de por medio, hay que saber cómo sobrevivir a todo eso.

Cazadores de asientos vacíos

En el momento de elegir ubicación son pocos los pasajeros que no dan su preferencia: están aquellos que para evitar el llanto de los niños se ubican al fondo, atrás de todo, perdidos en la oscuridad. Es sabido que las familias con bebes normalmente se sientan adelante, frente a las pantallas de video porque tienen espacio para los biberones y canastos.
El fondo del avión, que es más sensible a las turbulencias -a veces tiembla tanto como el último coche de un tren-, fue durante mucho tiempo el área exclusiva de los fumadores, que muchos hoy añoran. A nadie le importaban las sacudidas, si los baños estaban cerca, mientras el humo circulara. De todos modos, el fondo sigue conservando su valor agregado.
Allí van los cazadores de asientos vacíos, los que se improvisan una cama de cuatro asientos. Y que nadie se acerque a arruinar el campamento. Apenas el avión cierra sus puertas, estos pasajeros con mucho millaje salen a la caza con disimulo, antes de que alguien les gane en el intento.

Cerca del pasillo

Otra constante es la elección del asiento que da al pasillo, no sea cuestión de quedar atrapado y tener que saltar al compañero de turno, que bien puede estar con un antifaz, con tapones en los oídos y las piernas clavadas contra el asiento delantero.
Peor es cuando el numerito de la tarjeta de embarque corresponde al asiento que está en lafila del centro, y entre cuatro desconocidos. ¡Ay!, eso ya desencadena un mal humor anticipado.
Hay que compartir el apoyabrazos, pedir permiso cada vez que decida ir al baño, tratar de no pisar pies, bolsos, frazadas, etcétera, erguir la espalda y acomomodarse como pueda.

Poco espacio, más estrategias

Sin embargo, así como están los que huyen de la ventanilla, también están los que prefieren pasar el tiempo disfrutando de las vistas panorámicas tras el despegue, descubriendo islas por la noche o bien mirando las nubes. Pero ojo, la ventana puede servir de apoya-almohada. Tampoco hay que descartarla.
La ubicación puede ser determinante para que el viaje sea más llevadero, pero de todos modos el cansancio llega antes de lo previsto. El cuello, los hombros y las piernas se entumecen, los pies se hinchan y el asiento no se reclina más. Pero uno vuelve a intentar en vano. Siempre se cae en lo mismo.
Para remediar esta situación algunos optan por tomar alcohol antes, durante y después de las comidas para que los despierten en el aeropuerto final.
Hubo un caso en Aerolíneas Argentinas que tuvieron que forzar la puerta de un baño porque un pasajero estaba alcoholizado y no podía salir, no por falta de voluntad. Otros recurren a los somníferos y como en el caso anterior suelen olvidarse a dónde iban.
En una compañía norteamericana, una joven que partió desde Nueva York no dejó de acurrucarse en el piso para dormir, allí en el hueco donde se ubican las piernas. Por más que las azafatas intentaran reeubicarla, volvía al piso, o en medio del pasillo. Estas situaciones finalmente hacen que el viaje sea desagradable para todos. Así, nadie puede dormir.

Para llegar en forma

En Avianca, por ejemplo, enseñan a los pasajeros a hacer ejercicios musculares para que se recuperen minutos antes de llegar a destino.
Proyectan un video con dos modelos, un hombre y una mujer, con ropa casual, que estiran las piernas, se masajean el cuello, tuercen los tobillos, todo, sin moverse de la butaca.
Nadie los sigue, pero no se puede negar que capten la atención de la vencida audiencia.
En cuanto a films, Lan Chile opta por el humor. Se dice que la risa mejora el estado de la salud. Se exhiben cámaras ocultas, cortos de las series de Mr. Bean que hacen que todos se olviden de que están a 10 mil metros de altura. Pero para quien descarte todas las alternativas, malas o buenas, nada mejor que sacar un pasaje en business o bien contratar un personal trainer o masajista como acompañante.

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