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 • HISTORICO

EME




Un poco me pasó.

Pero no de "polleruda" (a la inversa) sino de que el tiempo físico no te da.

A ver, la cosa es más o menos así.


Cuando conocí a Nico, venía, ya todos los sabemos, de una relación un pelín tormentosa (encima, larga).

La había pasado bastante mal y mis amigas (tres de ellas, sobretodo) fueron un gran pilar en mi vida, por aquellos días.

Dos de ellas, solteras. Una (bastante más grande que yo) casada y sin hijos.

Comían en casa, por lo menos, 3 noches por semana. Me llevaban al cine, a comprar ropa, me hacían las compras. Me obligaban a continuar con mi vida.

Se había formado una especie de fellowship así de esas adolescentes (por el tiempo compartido, más que nada) y con la excusa de consolarme y cuidarme, cada una había volcado un poco de su propia soledad, en esa amistad.


Cuando conocí a Nico, me lo tomé un poco con calma, otro poco con resentimiento (con el género más que nada. N fue el exponente del género que tuvo que pagar las maldades del anterior, creo), y un poco con felicidad, claro.


Mis camaradas se alegraron. Me escucharon contarles los cuentos de las primeras citas. Me alertaron, me cuidaron y me felicitaron.


Pasados los meses, las reuniones en casa se empezaron a espaciar, naturalmente, para dar paso a una nueva etapa en mi vida (y en nuestra amistad).

Mi relación con mi actual marido fue bastante vertiginosa, y en poco tiempo, pasábamos casi todas las noches juntos.

Las chicas y yo nos seguimos viendo en mil ámbitos distintos. Almuerzos, tés, cenas, cines, cursos, pero claro, como era de esperar, la cosa "matrimonial" que teníamos, se fue diluyendo.


Tanto Sofía, como T. (la otra soltera) sólo reafirmaron, luego de este período de "pegote" su amistad conmigo. Aún hoy somos íntimas amigas, de esas con las que hablás todos los días por tel, te prestás la ropa, sabés exactamente qué le está pasando en su vida, y podés anticipar casi cada una de sus respuestas.


El problema fue M., que nunca me perdonó el cambio.

Nunca superó la instancia adolescente del vínculo, y me echó en cara que la hubiera "usado"!(qué palabrota!).

Llegó a decirme "ahora que tenés un pibe no me das la misma bola"


Qué esperaba? Que siguiera sola el resto de mi vida para así continuar con las cenas de chicas la mitad de los días de semana?

Que siguiera sola para así ella sanar el aburrimiento en el que estaba sumergida en su matrimonio?

Que estuviera triste for ever, y así ella tener una actividad en su vida (consolarme)?


Traté por meses, hacerle entender que nuestra amistad era la misma, pero con otra rutina.

Hablamos mil veces y jamás logró desprenderse del odio que le provocó mi cambio civil.


No la vi más.

Y sin bien hay días que la extraño, hay otros que no.


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