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 • HISTORICO

En cada rincón, Londres hace agua la boca

El menú alcanza variadas y sabrosas propuestas muy próximas a museos y lugares de atracción; las cadenas norteamericanas también ponen sus mesas




Siempre se ha dicho que la cocina inglesa no es buena. Sin embargo, las cosas han cambiado mucho en los últimos tiempos. No sólo hay buena comida en los restaurantes étnicos o en los italianos, también la hay en establecimientos tradicionales, ya se trate de los de alta categoría o de los más sencillos, sin olvidarse de los que están en los museos.
Estos últimos permiten ahorrar tiempo, dinero y esfuerzo, ya que después de contemplar las obras preferidas, el viajero da descanso a los pies y recobra fuerzas sin necesidad de trasladarse. Por ejemplo, si uno se encuentra a mediodía en los alrededores de Trafalgar Square, después de haber visitado la National Gallery o la National Portrait Gallery, puede recobrar fuerzas en el Café-in the-Crypt, en los sótanos de la iglesia de St. Martin-in-the-Fields.

Con fondo musical

En un encantador ambiente, entre los arcos medievales de la cripta del famoso templo (en el que se ofrecen excelentes conciertos y recitales), funciona un restaurante de autoservicio, frecuentado más por británicos que por turistas. Habitualmente tiene mucho público, pero la renovación de los parroquianos en las numerosas mesas es bastante rápida.
Muy pocas veces hay que hacer cola para lograr un lugar. En los almuerzos se puede elegir entre dos entradas y dos platos principales. Se trata de una cocina de tipo casero, pero muy bien hecha. La atmósfera es cálida y animada. A un costado del amplio salón hay un sector en donde los chicos, guiados por profesores, se entregan al aprendizaje de actividades artísticas (grabado, dibujos, pintura).

Romántico

La iluminación con velas, la música, los muebles de madera y, en Navidad, la decoración alusiva invitan a quedarse un buen rato degustando algunos postres, después del pastel de riñón o de pollo.
Otra buena dirección para el almuerzo es el restaurante del Victoria and Albert Museum. También es de autoservicio. Pero la variedad de los platos es mayor que en St. Martin-in-the-Fields. La calidad de la repostería es excelente. Hay una mesa de ensaladas (exquisitas) y de fiambres, así como dos o tres platos calientes que cambian diariamente.
Si se está en el Museo, o en las cercanías, no hay que dudar: diríjase allí. Una advertencia: a menudo se debe esperar mesa. Los sábados suele haber algún número musical, como una cantante de jazz acompañada por un pianista.
Son numerosos los londinenses que pasan por allí para degustar un brunch (la clásica combinación de breakfast y lunch de los fines de semana). Por cierto, hay muchos extranjeros que van a ver las exposiciones temporarias o la colección permanente y terminan el recorrido en esa sala. También es muy bueno el restaurante y cafetería de autoservicio de la Royal Academy of Arts, frente a Fortnum and Mason. El salón de oscura boiserie es espléndido. En realidad, muy pocos restaurantes de lujo pueden tener espacios de esa belleza. La calidez de la madera produce una confortable sensación de intimidad. Los contornos de verdura, arroz preparado de distintas maneras y papas son muy recomendables.
Cruzando la calle está uno de los almacenes más famosos de toda Europa, Fortnum and Mason. La originalidad de las vidrieras, el interior suntuoso, la variedad de productos que están a la venta, provocan casi de inmediato el deseo de tomar y de comer algo. Al fondo del salón hay, precisamente, un sector reservado para la restauración de los clientes.
A la hora del té se sirve una fórmula compuesta por exquisitos sándwiches y p‰tisserie , acompañados por una generosa tetera. En el último piso de Fortnum hay un salón de gran refinamiento que ofrece toda clase de exquisiteces. Naturalmente los precios son otros.
Tras haber recomendado los autoservicios de St. Martin-in-the-Fields, del Victoria and Albert Museum y de la Royal Academy, se puede pensar que en todos los museos hay buenos restaurantes y cafeterías. No es así. Por ejemplo, hasta comienzos de año, el autoservicio de la Tate Gallery no era recomendable. Es una pena porque la Tate tiene una de las colecciones de arte más interesantes de Londres y sus exhibiciones temporarias son tan buenas que muchos viajeros europeos van regularmente a la capital de Inglaterra para visitar las muestras de esa galería.

Con vista al río

En cambio es muy conveniente la serie de restaurantes y cafés que funcionan en el South Bank, alrededor de sus distintas salas de exhibición y de concierto. Los fines de semana hay recitales a los que concurre mucho público. Por si fuera poco, desde los amplios ventanales se ve el Támesis. Eso hace que no siempre sea fácil conseguir mesa. La calidad de la comida es bastante aceptable. Por supuesto, los que gustan de las cadenas de comida norteamericana pueden elegir entre Planet Hollywood, McDonald´s and so on. El restaurante del Teatro del Globo, el célebre teatro de Shakespeare, recientemente reconstruido, permite gozar de una maravillosa vista del Támesis. No es económico, pero tampoco muy caro, la atmósfera es muy agradable y acogedora. No hay muchas mesas, de modo que es indispensable hacer reservas. En cuanto a los salones de té y a los pubs, son tantos y tan interesantes que merecen una próxima columna.
Hugo Beccacece

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