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Entre copas de Oporto y viñedos por el valle del Duero

En el norte del país, un circuito con sabor intenso




OPORTO.- Como muchas otras regiones del mundo, Portugal también tiene su ruta del vino, tal vez menos transitada y promocionada, pero cargada de historia.
El valle del río Duero, en el norte del país es el escenario y los vinos de Oporto, dulces, espesos, licorosos protagonistas. Es una ruta con sabor intenso, con paisajes fotogénicos y tradiciones bien conservadas.
Se puede recorrer desde Oporto, remontado el Duero hacia el Este o para los que vienen de España, cruzar la frontera y seguir viaje hasta el mar, con Oporto como broche de oro. Los viñedos están en el Alto Duero, a más de 100 kilómetros de Oporto.
El valle de este río dorado (Douro, en portugués), que fue declarado Patrimonio de la Humanidad, es la región con denominación de origen más antigua del mundo, que data de 1756. Los vinos tienen dos denominaciones, los famosos Oporto, y los del Duero, que son los clásicos de mesa (hay más de 50 cepas).
La región vive del vino, se fabrican más de 10 millones de hectolitros por año, y de los turistas que atrae. Y son muchos, cada vez más.
Porque el vino también está de moda en Europa. Y la montaña es un imán para andar entre copas, conocer esta tierra de navegantes, probar los platos típicos y descansar.

Como un anfiteatro de uvas

Los viñedos están en las laderas de las montañas, a uno y otro lado del río. Se ubican como en un anfiteatro, con escalones que ascienden los cerros. Una geografía muy original, como tallada por un carpintero.
Algunas horas después de pasear por los viñedos, en el Museo del Duero en Regua se descubren los secretos de este paisaje perfecto. No fue un carpintero, sino las manos laboriosas de cientos de hombres del siglo XIV que cambiaron radicalmente el paisaje.
Susana Marques se encarga de relatar la historia: "Se cambió el paisaje por completo. Antes era todo roca, que se fue picando y formando como especies de gradas gigantes", comenta la guía entre toneles tan antiguos como los primeros vinos.
Ante la mirada sorprendida de los visitantes, que no pueden creer la magnitud de la obra, lo reitera: "En este caso, este hermoso paisaje no es sólo obra de la naturaleza, se dice que se hizo a fuerza de sangre y sudor".
Y mucha sangre y sudor, porque las tierras cultivadas se desparraman en 48.000 hectáreas y las viñas se extienden hasta los 600 metros de altura.
Con las rocas que picaron, las molieron para obtener tierra, una tierra distinta, más gruesa, que también se puede palpar en el museo.
Las buenas condiciones climáticas, de veranos cálidos e inviernos fríos hicieron que la producción creciera.
El Oporto tiene varias diferencias con el vino de mesa. Para elaborarlo se interrumpe el proceso de fermentación natural del mosto. Se le agrega aguardiente vínica lo que provoca que el azúcar de las uvas se queda en el vino y no se transforme en alcohol.
Los vinos tienen más graduación que los de mesa, alrededor de un 22 por ciento. En Portugal, los Oporto acompañan las grandes ocasiones, como una fiesta o un cumpleaños, para brindar en vez del habitual champagne, pero algunos toman una copita todos los días, junto con el postre, porque dicen que es digestivo.
Actualmente, una mitad de la producción es de vino de mesa y la otra de Oporto.
La ruta del vino lleva por caminos que serpentean entre las montañas cuidadosamente cultivadas. Son muchas las bodegas que pueden visitarse, como la Quinta da Pacheca, en Regua, donde recibe José Serpa Pimentel, el dueño.
En este establecimiento centenario, si se tiene la suerte de llegar en la época de la vendimia (septiembre, octubre), se puede ver cómo se pisan la uvas en grandes piletones, a la vieja usanza. Después el recorrido sigue por la cava, donde hay toneles de más de 15.000 litros y para finalizar, la cata.
Entre degustación y degustación se descubre que los vintage son los mejores Oporto, la mejor producción, los que nunca hay que dejar de degustar.
El vintage es el único que envejece en botella. El resto sólo en roble. La tradición, que aquí se respeta, indica que cuando nace un hijo se suele comprar un vintage del año como recuerdo, que se guarda y se valoriza año tras año. Se pueden vender de hasta 40 años, pero en casa se los puede dejar más tiempo.
A los Oporto, según los años de añejamiento, se los clasifica en rubí (entre 3 y 5); tawny (5 y 10), y colleta (10, 20 y 30).
Existen 23 bodegas y cada una puede fabricar hasta 60.000 litros de Oporto. Es para mantener el precio y la calidad.
Desde los puertos de estos pueblos parten hacia Oporto las rabelas, los barcos típicos cargados con botellas listas para comercializar. De aquí se exportan a todo el mundo.
Esta misma navegación también se ofrece a los turistas para hacer la ruta del vino en confortables cruceros. Los Oporto más económicos cuestan alrededor de 7 euros y los más costosos promedian los 150.
Para comprarse una botella y traer de regalo o brindar por el viaje a orillas del Duero.

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por Redacción OHLALÁ!

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